Ghost Rider: El motorista fantasma
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En 2005 el director Mark Steven Johnson se embarcó en el rodaje de ‘Ghost Rider: El motorista fantasma’. Esta cinta supuso la adaptación del personaje de Marvel con Nicolas Cage a bordo y un presupuesto de 110 millones. Casi dos años después, la película se estrenó en cines de todo el mundo, logrando una recaudación total de 238 millones. A pesar de que el film obtuvo decentes ganancias defraudó a los fans del personaje. Por si fuera poco, artísticamente no funcionó como se esperaba, siendo calificada como una de las peores películas de superhéroes de los últimos tiempos.

Ghost Rider

Crítica de Ghost Rider: El motorista fantasma

Cuando un film cae simpático no resulta sencillo encontrar argumentos sólidos para defenderlo aunque sea ligeramente. Más si cabe cuando, desde el día de su estreno, ha cosechado terribles y contundentes críticas. Voces airadas procedentes del público y del sector crítico más especializado. Y lo peor es que seguramente sea con razón. Tampoco resulta nada fácil no dejarse envolver por la tremenda ola de rechazo generalizado y de repercusión negativa de la cinta. Y, vuelvo a insistir, seguramente sea con razón…

En cualquier caso, y a pesar de que ‘Ghost Rider: El motorista fantasma’ sea uno de los productos menos potentes (que no el peor) de la factoría Marvel, a un servidor le agrada la cinta y no le parece tan mala ni terrorífica como se vino diciendo desde el día de su estreno. De hecho, comienzo a contemplar la posibilidad de que criticar todo lo protagonizado por Nicolas Cage (así como esa absurda ridiculización popular a la que es sometido) se ha convertido en un mero vicio. En un divertimiento casi obligado, independientemente de la calidad de sus películas y del nivel de entretenimiento que ofrecen. Es más, da la sensación de que hoy en día quién no lo critique no es “cool” y no tiene ni idea de cine.

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Por ello, es posible que ‘Ghost Rider’, independientemente de su escasa calidad como película y como adaptación, fuera todavía más vapuleada por el hecho de estar protagonizada por el sobrino de Francis Ford Coppola. Un actor con cierta tendencia ‘friki’ que ha desarrollado diversos tics que no lucen nada bien en pantalla. Además, Cage ha pasado de rodar grandes cintas, tanto dramáticas como de acción en la década de los 90 y primeros del 2000, a filmar multitud de films por año. Películas de menor repercusión y calidad, pero para nada desechables. Ejemplos de esto hay varios: su reivindicable intento de cine catastrófico y ciencia ficción que fueSeñales del futuro (Alex Proyas, 2009), la divertidísima y ultra-gamberra Furia ciega 3D (Patrick Lussier, 2011) o la muy amena propuesta de cine de espada y brujería que fue En tiempo de brujas (Dominic Sena, 2011).

Las películas anteriores demuestran que Cage es un verdadero apasionado del cine. Un tipo que sólo busca convertirse en el actor más versátil de su generación. Amén de hacer que el público se lo pase bien con sus películas. Por no hablar ya de productos mucho más solventes y notables como fueron ‘El ladrón de orquídeas’ (Spike Jonze, 2002), ‘Los impostores’ (Ridley Scott, 2003) o Teniente corrupto (Werner Herzog, 2009).

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Y tras este capote que le he echado a Nicolas Cage hablemos de ‘Ghost Rider: El motorista fantasma’. Esta es una película que no es precisamente una joya a reivindicar. Sin embargo, tampoco es un bodrio de proporciones bíblicas. Por lo tanto, no vamos por las ramas y vamos directos al grano, comentando lo peor y lo mejor. Y comenzamos por lo puntos negativos que, por desgracia, son demasiados.

Los principales problemas de ‘Ghost Rider’ son, sin duda el tono, el guión y el planteamiento general. Además de una innegable falta de fidelidad con respecto al personaje del cómic. Muchos aún nos estamos preguntando cómo Columbia decidió darle las riendas del proyecto a Mark Steven Johnson. Recordemos su experiencia pasada con ‘Daredevil’ (2003) con la que no logró cubrir las expectativas. En esta ocasión, Johnson vuelve a caer en el imperdonable error de tomarse demasiadas licencias. Así las cosas, el tenebroso y tétrico personaje de los cómics se convierte en una especie de caricatura. La película está salpicada de pequeños gags impropios de un individuo de estas características. Ejemplo: un Johnny Blaze adicto a beber… ¡caramelos! Estos gags, sumados a los tics de Cage, convierten el film en una especie de semi-parodia impropia del personaje y su universo.

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El propio Cage definió la película como “una versión Disney de la leyenda del Fausto”. Razón no le faltaba, ya que en ningún momento se toma en serio a sí misma (siendo ésta también una de sus mayores virtudes). La cinta está claramente enfocada hacía la captación del gran público, en detrimento de la agresividad y oscuridad propia del personaje. El resultado es una evidente versión light, sin garra y sumamente descafeinada del cómic. Y esto es algo que también se deja notar en el diseño de la motocicleta del motorista. Una motocicleta más propia de un espectáculo circense que una moto de aspecto infernal.

A todo lo anterior le añadimos unos primeros 40 minutos bastante flojos y plagados de bobadas. Además del romanticismo barato entre los dos protagonistas. Desde su etapa de adolescencia hasta su primer reencuentro en la madurez, y siendo el mejor aporte de Eva Mendes sus vestidos… Para colmo, apenas se profundiza en la verdadera esencia y misticismo de Blaze y su trato con el diablo. Un diablo interpretado por un curioso Peter Fonda. A Fonda lo acompaña Wes Bentley como Blackheart y sus “esbirros” particulares. Sin embargo, no hay que hacerse ilusiones ya que el aspecto de “el hijo Mephisto” no es el espectacular de los cómics. En su lugar adopta la forma humana del citado Bentley.

Centrándonos en los puntos positivos del asunto, no cabe la menor duda de que la cinta es muy espectacular. Por supuesto, el motorista de calavera ardiente luce en pantalla por momentos de un modo sensacional. A pesar de que en ciertos primeros planos de la calavera se note en exceso la digitalización de la misma.

Por otra parte, tras los primeros 40 minutos de metraje la película goza de mejor ritmo. Aunque es cierto que las secuencias de acción se antojan algo breves. Además, el motorista termina con sus poderosos enemigos de un modo excesivamente sencillo. No obstante, la acción es espectacular y se encuentra bien filmada. En este sentido, atención a las sensacionales secuencias iniciales de saltos mortales de Johnny Blaze. Las set pieces están arropadas por unos contundentes efectos digitales. Los FX alcanzan su punto álgido en algunas de las mejores secuencias de la película. Es el caso de la primera transformación del motorista y el momento en que asciende y desciende de un edificio. Sin olvidar la genial secuencia en la que es acompañado por Caretaker (Sam Elliott) hacía San Venganza.

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En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de Ghost Rider: El motorista fantasma. Este film termina siendo un producto muy normalito. Una película que podría haber dado mucho más de sí con un guión más serio y un director capaz de otorgarle a la trama ese énfasis sobrenatural, tenebroso y adulto que se echa en falta a lo largo de todo el metraje. No es de lo más destacable del catálogo de adaptaciones procedentes del mundo del cómic. Sin embargo, queda por encima de otras propuestas de Marvel o DC Cómics que no fueron tan castigadas. Su rendimiento en taquilla posibilitó una “secuela” Ghost Rider: Espíritu de Venganza’.

Tráiler de Ghost Rider: El motorista fantasma