Libertad para morir
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En ‘Contacto sangriento’ (Newt Arnold, 1988) y ‘Kickboxer’ (David Worth y Mark DiSalle, 1989) ganó la partida en un ring. Pero ahora le toca enfrentarse a un enemigo que no puede morir. No hay reglas. No hay salida. Y no se trata de ningún juego. Es hora de sangrar… ¡y vivir para contarlo! Jean-Claude Van Damme sólo tiene ‘Libertad para morir’.

“Tráeme un sueño, Burke. Tráeme un sueño” (Sandman)

Crítica de Libertad para morir

En el verano de 1989 Van Damme dio un pase adelante en su carrera y rodó la que podemos llamar, sin miedo a equivocarnos, su primera producción de estudio. Aunque pueda parecer lo contrario, ‘Libertad para morir’ se rodó antes y se estrenó después que ‘Lionheart’ (Sheldon Lettich, 1990). La explicación radica en los problemas internos de distribución y producción del film entre Mark Di Salle, Cannon Group y una tercera en discordia: Metro Goldwyn Mayer. La Cannon acabó los años ochenta en una clara cuesta abajo. Todo después de una serie de producciones que se descalabraron en taquilla. Así pues, y para evitar la bancarrota, tuvo que vender parte de su catálogo de films por estrenar a MGM. Esta última compañía estrenó la cinta que nos ocupa en Estados Unidos el 14 de septiembre de 1990.

Deran Sarafian fue el director del asunto. Apuntar que antes de esta película venía de foguearse en subproductos de tercera. No en vano, llegó a EEUU después de filmar ‘Interzone’ (1989), una italian-exploitation deMad Max (George Miller, 1979). Posteriormente a ‘Libertad para morir’ dirigió algunas cintas más de serie B protagonizadas por Christopher Lambert. En 1994 firmó una de las pocas películas salvables de acción de Charlie Sheen en su carrera: ‘Velocidad terminal’. De ahí ya acabó dirigiendo episodios para series de televisión hasta el día de hoy.

El libreto fue obra de David S. Goyer, luego célebre guionista de DC Comics y Warner Bros. Su script nos entrega dos historias por el precio de una. Por un lado tenemos la que tiene que ver con la investigación dentro de la cárcel (y su aproximación al subgénero carcelario). Y, por otro lado, nos encontramos con la acción pura y dura. Esta última enfrenta a Burke con Sandman, su mortal enemigo, un tipo capaz de parar con el pecho cuatro balas y vivir para contarlo…

En lo relativo al ambiente carcelario, y a la intriga de cómo y porqué están muriendo los presos, es difícil ponerle un “pero” por lo bien rodado y ágil que está filmado y contado. Por otra banda, la acción entrega un tono épico cuando Burke ve comprometida su tapadera y sus contactos de fuera no puedan hacer nada para sacarle del chiquero, convertido ya en un auténtico hervidero. Imposible olvidar la inenarrable segunda aparición de Sandman en escena. Personalmente, siempre recuerdo este film por su villano, el citado Sandman. Y lo recuerdo incluso por encima de lo bien que luce Van Damme o de su demostración física/marcial. Aquí el rey del asunto es Sandman y casi que Van Damme, si no fuera por el carisma que ya se le intuía y su épico afán de supervivencia, quedaría como un “convidado de piedra”.

El director de fotografía no fue otro que Russell Carpenter, un habitual de James Cameron. Es más, Carpenter llegaría a ganar un Oscar por la fotografía de ‘Titanic’ (James Cameron, 1997). Gary Chang fue quien manejó la batuta en la banda sonora. Recordemos que también tuvo este cargo enDouble Team (Hark Tsui, 1997). En esta última incluso se permitió la sobrada de auto-plagiarse entregando la misma score principal que usó enAlerta máxima (Andrew Davis, 1992).

Como ya he ido anticipando, el principal referente del reparto es Van Damme encarnando al policía canadiense Louis Burke. Para darle la réplica se consideró seriamente a dos intérpretes: Peter Greene y Patrick Kilpatrick. La implicación total de Patrick Kilpatrick con el proyecto, y su experiencia en deportes de contacto y musculación, fue la que decantó la balanza a su favor. Una vez vista la película se hace impensable ponerle a Christian Naylor alias “Sandman” otro rostro que no sea el de Kilpatrick. El actor lleva a cabo una terrorífica y sobrenatural encarnación del mal absoluto. De largo este es su papel más recordado junto al superprofesor de Curso de 1999 (Mark L. Lester, 1990).

Además de Van Damme y Kilpatrick hay que destacar a Robert Guillaume como Hawkins, el típico preso veterano ya institucionalizado. La durísima recreación de Art LaFleur encarnando De Graff, el corrupto jefe de guardas. El inquietante rol de Abdul Salaam como el mitiquísimo Reverendo, el preso que tiene a su cargo toda una sección de la prisión y que puede conseguirte todo lo que le pidas, si tienes dinero para pagarle el favor… Para Cynthia Gibb queda el rol, algo metido con calzador, de Amanda, el interés amoroso del protagonista. Finalmente, apariciones de dos habituales de anteriores films de Van Damme. Me refiero a Kamel Krifa como el asesino Keel y Paulo Tocha dando vida al pandillero Pérez. Y, como colega de jaleos de Tocha, encontraremos al ineludible secundario de las películas de artes marciales hechas en los ochenta y noventa: Al Leong.

“Sabía que me necesitarías, hermano. Cuando haces un trato con el Reverendo es para siempre” (Reverendo)

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Libertad para morir, una de las cintas míticas del coloso belga. En la misma se acerca al subgénero de cárceles que da mucho juego cuando se hace bien. El film presenta una buena ración de momentos realmente legendarios por su “flipación” extrema y su aire macho-man. Y, sobre todo, presenta a uno de los enemigos más poderosos de la filmografía de Van Damme: Sandman.

Tráiler de Libertad para morir