Curso de 1999
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La película reseñada en esta review la descubrí en ‘Acción DF’. Hablo de un extinto programa de Telemadrid que emitía films de acción después de los partidos de los sábados. Muchas fueron las míticas cintas que descubrí cada fin de semana después del fútbol. Una de ellas fue… ‘Curso de 1999’.

“Será el primer día que aprendan la lección” (Doctor Forrest)

Crítica de Curso de 1999

El hoy olvidadísimo Mark L. Lester fue el gran artífice de ‘Curso de 1999’, una película que bien podemos considerar ya de culto. Lester escribió la historia y también la dirigió para estrenarla un 11 de mayo de 1990 en USA. Anteriormente, este gran artesano de la acción había dejado muestras de su capacidad en inolvidables films como ‘Curso del 84’ (1982), ‘Ojos de fuego’ (1984) o ese manjar de la acción tituladoCommando (1985). Lo cierto es que tras ‘Curso de 1999’ tan sólo cabría destacar de su filmografía la estupenda Little Tokyo: Ataque frontal (1991). Posteriormente cayó en el VOD y en las TV Movies.

De todas las películas citadas en el párrafo anterior hay que traer a colación a ‘Curso del 84’. Y hay que traerla porque, en alguna ocasión, Lester ha citado ‘Curso de 1999’ como su “secuela”. La premisa es ciertamente parecida con el caos en las aulas y los profesores poniendo orden (uno en el 84 y tres en el 99). No obstante, ahí pueden acabar las coincidencias porque en ‘Curso de 1999’ se deja paso a la robótica y Lester bebe descaradamente de otras fuentes y/o películas.

Entre las otras cintas de las que el realizador y guionista toma elementos prestados cabría citar aMad Max 2 (George Miller, 1981) con sus salvajes punkies y coches blindados,… y la más clara: Terminator (James Cameron, 1984). De hecho, de esta última toma todo el concepto del T-800 para representarlo en los tres súper-profesores de la sinopsis. Tan es así que la visión y toma de decisiones de estos es un plagio total de la del T-800 sólo que cambiando el color rojo de su display por el blanco.

Parecidos, “plagios” y secuelas al margen… lo cierto es que ‘Curso de 1999’ es un disfrute bárbaro. Un gran entretenimiento para amantes del cine de acción y sci-fi con descarados toques de humor negro, intencionados o no. Tanto la acción como la ciencia ficción se dejan sentir por la empresa Mega-Tec y sus súper-profesores robóticos con aspecto humano. Las escenas que estos protagonizan son las que desencadenan la mayor parte de las set-pieces y… ¡las risas! Y digo bien lo de “las risas” porque es inevitable no reírse con según qué escenas. Por ejemplo, esa mítica secuencia en la que Míster Hardin abrasa el culo de dos gallitos a base de durísimos y rapidísimos azotes.

Respecto a la acción decir que lo más llamativo son las explosiones que tanto le gustaban a Mark L. Lester. Tanto la segunda mitad como la parte final del metraje están plagadas de explosiones con fuego a punta pala. Aquí también hay que hablar de los efectos especiales y prácticos que, para ser una producción de serie B con 30 años encima, lucen bastante guapos. Si bien es cierto que el acoso final del robot ya canta lo suyo.

En cuanto a la trama todo es muy básico y típico pero tremendamente efectivo. Al margen de las influencias anteriormente citadas nos encontramos con dos bandas enfrentadas y un amor imposible. Las dos bandas en permanente colisión son las de “Las cabezas rapadas” y “Los corazones negros”. Por otro lado, tenemos el amor que surge entre el líder de “Los corazones” y la hija del director del Instituto Kennedy. En este aspecto al menos Lester se tomó la molestia de desviarse un tanto de ‘Romeo y Julieta’. Por supuesto todo esto con un ambiente plenamente ochentero con vestidos chillones, hombreras, chupas de cuero y todo lo demás.

También es digno resaltar cómo la película se adelantó al futuro con toda la violencia que se muestra en el Instituto con cacheos electrónicos incluidos. Esto último ya es una triste realidad en varios colegios norteamericanos. Finalmente, de la banda sonora compuesta por Michael Hoenig es muy rescatable el tema principal del film. Me refiero a la canción “Come the day” de Midge Ure que suena en los créditos finales.

“Respetar. Obedecer. Aprender…”. Tres súper tres.

El principal atractivo del reparto son los intérpretes que encarnan a los súper-profesores. Aquí tenemos a un trío sensacionalmente elegido y que disfrutan enormemente con tan suculentos personajes. Como he comentado antes, sus escenas son parte de lo mejor del film y nos hacen escapar más de una carcajada culpable ante lo atroz de sus castigos. En primer lugar tenemos a John P. Ryan dando vida a Míster Hardin, el profesor de Historia, estratega del trío y un sádico adicto a los azotes.

Por su parte, Patrick Kilpatrick presenta un envidiable físico musculado como Míster Bryles, el profesor de gimnasia y el forzudo del grupo (atención a las caras de salido que pone al golpear a Cody Culp). Finalmente, una espectacular Pam Grier encarna a Miss Connors, la profesora de química. Una experta en pisotones y en pechos explosivos, literalmente. Atención a los vestidos de llamativos colores que se pone para las clases.

Haciendo frente a los súper-profesores tenemos a Bradley Gregg en uno de sus pocos roles protagonistas. Y lo cierto es que no lo hace nada mal… por lo que no se entiende su posterior olvido. Gregg encarna con un cierto aire a lo Patrick Swayze a Cody Culp, el carismático adolescente y exjefe de la banda motorizada de “Los corazones negros”. Culp tiene dos hermanos, Sonny y Angel, interpretados por Darren E. Burrows y Joshua John Miller que serán pasto de los súper-profesores. También tiene a su respectivo ligue representada por Traci Lind como Christie, la hija del director del Instituto a la que el propio Cody califica como “una burguesa”. Resaltar que Lind era un fiel reflejo de la belleza de principios de los 90 que tuvo bastante predicamento en esos años para luego desaparecer totalmente.

Dejo para el final a dos nombres importantes. El primero es Malcolm McDowell como el director Miles Langford y el segundo es Stacy Keach como el doctor Forrest. De los dos el que más destaca es Keach con un personaje que es un caramelo para él. Tan es así que se permite el lujo de comerse un plátano y todo… El doctor Forrest es el responsable de todo el tinglado científico de los súper-profesores. Destaca por su aspecto “albino” y su enorme carácter analítico y controlador. Finalmente, también es justo destacar la labor de James Medina como Héctor, el jefe de “Los cabezas rapadas”. Lo cierto es que su personaje es el típico villano adolescente que no hace más que recibir trompadas por todas partes.

“Creo que me han suspendido…” (Cody Culp)

En conclusión.
Termino esta crítica de Curso de 1999, una pequeña joya de culto. Si os gustó ‘Terminator’, y disfrutáis con las películas de bandas y adolescentes asalvajados, entonces, no debéis dejarla pasar porque os aseguro que la disfrutaréis en grande. Míster Hardin, Míster Bryles y Miss Connors os esperan para daros la lección de vuestra vida: “O estudias o mueres”.

Tráiler de Curso de 1999