Mad Max 2: El guerrero de la carretera
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Después del éxito de ‘Mad Max: Salvajes de autopista’, se decidió rodar ‘Mad Max 2: El guerrero de la carretera’, que a la postre me parece mejor incluso que su predecesora. Siguiendo la idea del western futurista, esta película popularizó el género trash/post-apocalíptico. Tan es así que creó toda una moda que trascendería la gran pantalla y se alargaría hasta el año 2000. ‘Mad Max 2’ claramente fue inspiradora de otras películas como ‘Waterworld’ y de videojuegos como ‘Fallout’. A diferencia de ‘Mad Max’, esta no es una historia de venganza, sino una oscura visión de un mundo dominado por bandas salvajes y sometido a la escasez de la gasolina.

«Estoy gravemente decepcionado. De nuevo habéis hecho que tenga que soltar a mis perros de la guerra» (Humungus)

Crítica de Mad Max 2: El guerrero de la carretera

En esta película se quiere dejar claro desde las primeras escenas que Max está completamente solo. También se pone de manifiesto que el mundo devastado y desértico que le rodea es un fiel reflejo de si mismo. Max es un superviviente y su humanidad viene dada por la necesidad de gasolina para su coche. Por eso no duda en ayudar a quien sea… si a cambio obtiene lo que quiere. El único acompañante que lleva consigo es un perro pulgoso, un animal que no le pide nada y que quizás le recuerda su pasado más humano.

George Miller deja de nuevo patente su talento al trasladar al personaje a un mundo desolado y salvaje. Porque es ese salvajismo el que nos cautiva, sin duda alguna. Miller imprime un ritmo secuencial correcto y adecuado, donde podemos contemplar algunas de las mejores escenas de coches y de especialistas jamás vistas en cine. No obstante, la persecución final es excesivamente larga. Aunque la intención de Miller es saturarnos con una acción trepidante, y escenas espectaculares que harán las delicias de los más carniceros, creo que rompe ese ritmo del que hablamos.

El brillante comienzo del film, cuando Max es perseguido por unos motoristas sedientos de gasolina, nos prepara para observar un mundo en el que lo más importante y preciado es el combustible, por encima de la vida y de cualquier principio. Una vez más los vehículos son protagonistas absolutos, imprimiendo ritmo y una acción frenética que nos acompañará a lo largo de todo el metraje. Desde el famoso V8 de Mad Max a los vehículos bizarros que conducen las hordas de Humungus. Con un presupuesto ajustado, Miller consigue unos resultados fabulosos. Se podría afirmar con total rotundidad que esta película debería hacer que muchas de las carísimas producciones rodadas posteriormente se sonrojaran.

De nuevo nos encontramos ante un claro homenaje al western clásico, pero ambientado en un futuro salvaje e incierto. Es sumamente fácil ver ciertos paralelismos con algunas películas como ‘El Álamo’ (John Wayne, 1960) o Beau Geste’ (William A. Wellman, 1939). Películas en las que también se sitúa la acción en una fortaleza sitiada y con escasas probabilidades de sobrevivir. En este caso, también hay una clara inspiración en cintas como ‘Raíces profundas’ (George Stevens, 1953), donde un desconocido aparece para salvar la vida de unos granjeros que viven acechados por la banda de pistoleros de turno.

Mel Gibson está francamente bien en el papel del «desconocido». Además le añade unos matices interesantes al personaje. No obstante, siempre he pensado que este papel hubiera sido perfecto para un actor un poco más mayor. También sería posible establecer una relación entre el papel de los pandilleros del páramo y los pieles rojas que asediaban a los carromatos y diligencias en el lejano oeste.

Si hablamos de los pandilleros es obligado resaltar el trabajo del sueco Kjell Nilsson en el papel de Humungus, un líder brutal hasta la saciedad que destila sadismo y fiereza aún sin mostrarnos su cara (supuestamente deforme y cubierta por una máscara metálica). Es evidente que su físico basta para transmitir la brutalidad y rudeza que se espera de él. De esta forma sus carencias interpretativas pasan desapercibidas (no en vano era atleta olímpico de halterofilia y no actor). Vernon Wells merece mención especial. Lo mejor que se me ocurre para definir su interpretación es que es alucinante y alucinado a la vez. El suyo es un estilo que me gusta y que también vimos en películas posteriores como Commando (Mark L. Lester, 1985), cuando interpretó al sádico Bennett. La verdad es que aquí provoca una sensación de inquietud y mal rollo constantes en el espectador.

Llegados a este punto es interesante señalar que la estética de los pandilleros ha sufrido una evolución respecto a Mad Max’. Es cierto que la estética Bondage-gay se conserva en cierta medida con unos motoristas vestidos de cuero y con cascos de policía, pero en general ya no son los violadores en potencia con tintes homosexuales de antes. Esta  vez Miller nos presenta a unos nómadas inmisericordes y crueles con crestas al más puro estilo Mohawk y una adoración por la gasolina que roza lo enfermizo. En mi parecer un cambio positivo que encaja mejor con el argumento y con el mundo que nos describe.

Frente a estos pistoleros futuristas nos encontramos a un grupo de civiles atrapados en una antigua refinería, sin opción de escapar y sitiados constantemente por las hordas de Humungus. Por cierto, a Virginia Hey la hemos podido ver como chica Bond y protagonizando la exitosa serie «Farscape». Pese a tener una subsistencia difícil, y estar bajo el punto de mira, todos visten con colores claros y túnicas blancas e impolutas. Su único objetivo es la huida hacia un lugar tranquilo donde vivir. Es una forma de decirnos que en medio de la violencia y la muerte hay sitio para la esperanza.

Finalmente, hay un secundario que haría de unión entre esta película y la siguiente, el capitán del «Gyro» (un pequeño ultraligero). En mi parecer, este peculiar personaje aporta una nota simpática. De alguna manera ayuda un poco a equilibrar un mundo loco y salvaje como el que nos presenta la película. Bruce Spence ya había trabajado en una buena cantidad de films cuando obtuvo el papel y posteriormente lo volveríamos a ver en Mad Max: Más allá de la cúpula del trueno’.

Conclusión.
Termino esta crítica de Mad Max 2: El guerrero de la carretera, un film que plantea un mensaje inequívoco: el ser humano es un peligro para sí mismo. Con esta premisa se nos plantea una visión post-apocalíptica en la que los seres humanos han sucumbido a sus más oscuros instintos. Todo debido a la gasolina que mueve los coches. No caigamos en el error de pensar que esto sólo es una cinta de acción. Hay que tener en cuenta que la idea para este argumento se cogió prestada de una época en la que Australia sufrió restricciones de gasolina y la gente se volvió loca por acumular bidones. En definitiva, una película de visión obligada para todos aquellos que les guste el género post-apocalíptico o quieran ver acción a raudales filmada más con la cabeza que con la cartera.

Tráiler de Mad Max 2: El guerrero de la carretera

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