Cuenta pendiente
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Con los altibajos lógicos de una carrera seis décadas en Hollywood, Sylvester Stallone había mantenido un perfil en su cine medio-alto en cuanto a producciones y posibilidades comerciales. Sin embargo, y para lastimosa sorpresa, firmó un contrato con Emmett/Furla/Oasis Films para cuatro películas. Tan sólo una acabaría llegando a cines y dos de ellas serían secuelas de ‘Plan de escape’. De todas ellas ya hemos ido publicando las correspondientes reseñas. Hoy toca comentar la última de este nefasto trébol de cuatro hojas. Esta es la historia de un criminal que no recuerda nada y de un policía que no olvida. Entre ambos tienen una ‘Cuenta pendiente’.

“Aquí no entras, aquí te meten” (MacDonald)

Crítica de Cuenta pendiente

Rambo: Last Blood (Adrian Grunberg, 2019) fue vendida como la última gran oportunidad en solitario de Sylvester Stallone a cines, películas como Plan de escape 2: Hades (Steven C. Miller, 2018) y Plan de escape 3 (John Herzfeld, 2019) fueron el precio a pagar. Un precio al que se sumó ‘Cuenta pendiente’. Aquí estamos ante un absoluto telefilme de sobremesa. Una infamia a la que se le ha añadido una pequeña ración de tiros en sus primeros y últimos diez minutos para de resto introducir una architípica trama criminal. Una trama escrita en una servilleta con personajes que deambulan por el metraje intentando hacernos creer que hacen algo o avanzan hasta llegar del punto A al B donde debe terminar todo.

‘Cuenta pendiente’ es una nimia producción nacida desde la filial de VOD y DTV de Millenium Films que es EFO Films y Highland Film Group. Si hacemos caso a IMDb la cinta se rodó en tan solo ¡12 días! Realmente, el dato no me sorprende para nada viendo el lastimoso resultado final en pantalla. Para que se hagan una idea, un DTV de acción y calidad media normalmente se rueda durante aproximadamente 25-30 días.

El principal problema de la película es que todo en ella destila un tufo a producción barata. Tiene una innegable pinta de ser una cinta realizada con algunos cientos de dólares para usar unos decorados que estaban disponibles y un par de actores mínimamente conocidos junto a una estrella internacional del calibre de Stallone. Eso sí, este último bien podría ser Bruce Willis, John Travolta, Nicolas Cage o Cuba Gooding Jr.

Del guión ni rastro. Toda la trama es un sinsentido ya desde el comienzo. Atención al momento en que el eje de la historia, MacDonald, es herido superficialmente y no lo matan después de un tiroteo donde sus compañeros mueren acribillados sin piedad… Por no hablar de la falta de explicación a las subtramas que se van abriendo. Sí fugarse de la cárcel era tan fácil ¿por qué esperaron tanto tiempo? ¿De dónde sacan la droga experimental? ¿Nadie sabe nada del pasado de un criminal del que se supone tienen sus huellas y nombre real? ¿Cómo es posible que Sykes sólo se dedique a mirar un mural lleno de fotos y supuestas pistas una y otra vez y luego, de repente, acabe por descubrirlo todo sin más? Y ya para rematar está el supuesto giro final. Una revelación de auténtica vergüenza ajena careciendo totalmente de coherencia.

Otro grave error es darle la dirección a un tipo que ha dado claras muestras de ser un inútil total como es Brian A. Miller. Hablamos del director, a la fuerza, de Bruce Willis en muchos de sus infames y cómodos VOD. Vale que un material tan flojo como el que firma el desconocido Mike Maples en los lápices no lo salva ni Christopher Nolan… pero es que Miller, y su nula capacidad para siquiera atarse los zapatos, termina por rematar la faena. Ojo al ralentí donde se ve claramente al doble de Matthew Modine ser herido por una ráfaga de disparos. También presten atención a cómo, en cierta escena de Sykes al volante, no se molestan en disimular su rodaje en un circuito cerrado donde va tomando siempre la misma curva…

Pasando al elenco decir que si decidí ver el film fue por la presencia de Sylvester Stallone. El resto están para sumar y porque, salvo contadas excepciones, un solo actor no te hace una película. Stallone luce bastante bien en pantalla a nivel físico con un bronceado realmente envidiable para un policía currante de Georgia. A nivel interpretativo no sabe muy bien cómo afrontar un papel que, a todas luces, le da igual. Stallone no se esfuerza en sacar adelante su personaje y se le nota realmente incómodo. Lo único bueno que se puede decir sobre sus apariciones es que están bastante bien dispersadas por el metraje. Además, no es un papel a lo Bruce Willis de estar sentado o de pie recitando sus líneas, sino que en todo momento le vemos en movimiento. Incluso en los minutos decisivos se anima a pegar unos cuantos tiros.

De manera totalmente sorprendente el nombre de Sly no es el primero que aparece en los créditos, sino el de un tal Ryan Guzmán. Este actor no hace nada del otro mundo y, mirando su filmografía, apenas ha trabajado en series de televisión. Guzmán encarna a uno de los tres sujetos que ayudan a MacDonald a escapar de prisión. Y, llegado el momento, conoceremos sus motivaciones más allá del interés monetario. El personaje de MacDonald va a parar a las manos de un totalmente insulso Matthew Modine que no hace más que poner caras de estar absolutamente perdido. Por último, citar a Christopher McDonald luciendo bigote como un agente del FBI que quiere finiquitar el caso del criminal. El resto del elenco apenas son conocidos para el gran público, siendo habituales e intercambiables entre esta u otras producciones del mismo calado.

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Cuenta pendiente, una auténtica infamia. Como bien dijo una vez mi compañero David González: “Esto no es cine, esto es otra cosa”. No la vean ni siquiera siendo fans acérrimos de Stallone, no vale la pena. Créanme, sé de lo que les hablo.

Tráiler de Cuenta pendiente