French Connection II
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“James R. Doyle. 42 años de edad, alias Popeye. Tenemos aquí a un auténtico héroe americano. ¿A cuántos hombres ha matado usted? Cinco. Cinco personas muertas. Dos de los muertos eran policías. Son muchas, ¿no?” Vuelve Popeye Doyle. Vuelve Gene Hackman. Es tiempo de volver a echar la vista atrás para recordar ‘French Connection II’.

“En New York había 83 policías interesados en hablar conmigo. Por suerte 52 prefirieron hablar con mi dinero” (Charnier)

Crítica de French Connection II

Tras el anticlimático final de French Connection (1971) tardaron cuatro años en montar una secuela. Una secuela que vendieron como el “clímax” de no lo narrado y no concluido en el film de William Friedkin. Este último se desatendió de la continuación porque, en aquellos años, rodar segundas partes era casi visto como algo indigno. Así pues, John Frankenheimer se puso tras las cámaras asegurando un alto nivel a la producción. Por su parte, Roy Schreider prefirió irse se a rodar Tiburón (Steven Spielberg, 1975), pero sí que regresaron Gene Hackman como Popeye Doyle y Fernando Rey como el escurridizo Charnier.

Todo estaba dispuesto y el resultado fue una tremebunda continuación. ‘French Connection II’ tiene muy poco que envidiar a la ya de por sí impresionante primera parte. El descomunal giro que proponen los guionistas, y que nos narra de una manera descomunal Frankenheimer, hacen de ‘French Connection II’ una de las mejores secuelas de la historia del cine, así de claro.

Tras el prólogo, con la llegada y aclimatación de Popeye a Marsella, el film se divide en dos partes diferenciadas. Aquella en la que Charnier ataca a Doyle y aquella en la que este regresa de entre los muertos para devolver el golpe. La primera resulta totalmente novedosa y rompe lo que uno pueda esperar. En la segunda volvemos a ubicar al policía y al estilo propuesto por Friedkin. Eso sí, aquí retomado desde el punto vista de la acción en manos de un director con mayor contacto con el actioner como es John Frankenheimer. Hablamos de uno de los primeros instauradores del género mucho antes de que los héroes musculados ochenteros hicieran su aparición.

La historia busca la regla del más grande todavía. Marsella, como punto de ebullición criminal, funciona a la perfección como el reverso mediterráneo de la sucia y gélida New York. Además, encontraremos en el film el símil perfecto de la búsqueda de igualar o superar al precedente. Esto lo ejemplifica el cebo que usa Charnier para mover su mercancía aquí contra el que usaba en el 71 y, por tanto, el alcance de su operación.

En cuanto al estilo policíaco decir que es maestro, asfixiante, magistral y la acción cuando aparece se torna claramente frenética. En ningún momento se recurre a la pirotecnia porque sí. Si la original, junto aHarry el sucio (Don Siegel, 1971) y ‘Punto límite cero’ (Richard C. Sarafian, 1971), era el padre del cine de acción, entonces, ‘French Connection II’ bien podría ser la madre. Un film mayúsculo y capaz de influir desde al cine de Michael Mann hasta laVenganza de Pierre Morel (2008).

En el cast, Gene Hackman volvió por todo lo grande regalando una interpretación digna de volver a ser nominada. No convendría entrar en muchos destripes si, por lo el motivo que sea, no han visto ‘French Connection’. Basta con dejar claro que aquí sabremos la clase de delincuente que se esconde tras las elegantes pintas de Charnier, nuevamente encarnado por Fernando Rey. Para la historia queda su plan de tortura a Doyle de una crudeza que traspasa la pantalla. Personalmente me impresionó muchísimo gran parte del segundo acto de la cinta. ¡Impresionante! Además, y al mismo tiempo que el villano demuestra hasta donde está dispuesto a llegar y cuanta es su deshumanización, el “bueno” deja bien claro que es la personificación del policía implacable. Alguien qué si estás del otro lado de la ley más te vale matarlo y enterrarlo, puesto que mientras respire no dejará de acecharte.

Además de los dos ejes de la historia, el agente de la ley contra el criminal, aquí también tenemos una buena serie de incorporaciones realmente soberbias. Se lleva la palma el gran rol que entrega el actor francés Bernard Fresson. Su personaje, Barthélémy, al principio choca de lleno con el americano, pero acaba por comprender a aquel hombre que se esconde tras su físico de gigante y su tozudez extrema. En el bando de las incorporaciones también tenemos a Ed Lauter como un americano con negocios sucios con Charnier. Por último, dos personajes que apenas hablan, por lo menos en inglés o en la versión doblada. Por un lado Philippe Léotard como Jacques, la mano derecha de Charnier. Y, por otro lado, André Penvern en un genial rol cómico de camarero francófono que se hace amigo de Doyle.

“Llevo catorce años en la policía y las drogas que salen de su ciudad han matado mucha más gente que yo. Yo preferiría ser una farola en New York que presidente en Francia. Pero he venido aquí para una sola cosa, para atrapar a Charnier. Le detendré y lo llevaré a donde debe estar, aunque usted no lo quiera” (Popeye)

En resumidas cuentas.
Culmino esta crítica de French Connection II, la confirmación de la entrada en la eternidad de Popeye Doyle como uno de los policías más implacables. Por supuesto también sube a los altares su intérprete, Gene Hackman, un actor irrepetible en roles tipo duro. John Frankenheimer se consagró con esta película y dejó el listón tan alto que tardó cerca de veinticinco años en reinventarse a sí mismo con la monumental ‘Ronin’ (1998). Ojalá los policiacos de hoy día fueran un tercio de lo que es ‘French Connection II’ (1975).

Tráiler de French Connection II