En compañía de lobos
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“Hay una moraleja: ahí de aquella que el sendero deja. No os fieis de ningún forastero si queréis elegir vuestro derrotero. Sed bellas pero también sagaces puesto que un lobo se esconde tras mil disfraces. Ahora como antes, es una verdad evidente: cuanto más dulce la lengua más afilado el diente”. Angela Lansbury está lista y dispuesta para darnos muy valiosos consejos que nos hagan sobrevivir mientras estamos ‘En compañía de lobos’.

“Nunca te fíes de un hombre cuyas cejas se junten” (Abuelita)

Crítica de En compañía de lobos

Ya cuando escribí la reseña de Aullidos (Joe Dante, 1981), advertí que los años 80 fueron una época muy prolífica para el subgénero de los hombres-lobo. Al margen del citado film de Dante, también se estrenaron películas auténticamente de lujo. Me refiero a cintas como Un hombre lobo americano en Londres (John Landis, 1981) y ‘Lobos humanos’ (Michael Wadleigh, 1981). Un poco más adelante nos llegarían otras propuestas como ‘Miedo azul’ (Daniel Attias, 1985) y la que hoy nos ocupa: ‘En compañía de lobos’ (Neil Jordan, 1984).

‘En compañía de lobos’ fue la segunda película como director de Neil Jordan. Gracias a ella se hizo un nombre triunfando en varios festivales importantes como, por ejemplo, Sitges 84. El casi primerizo realizador se apoya mucho en el libreto del film y en un nada disimulado diseño de cartón-piedra. Ahondemos ahora en el guión. Un script que fue obra del propio Jordan con la ayuda de Angela Carter. Esta última adaptando algunos de sus propios relatos sobre hombres y lobos. Por descontado, todo el tramo final es un homenaje adulto y terrorífico al inmortal cuento de ‘Caperucita roja’ difundido por Charles Perrault y los hermanos Grimm.

Lo que llama particularmente la atención del guión es la estructura que adopta en la narración de la película. Una estructura en la que tenemos el sueño de la protagonista principal y luego, dentro de ese mismo sueño, nos encontramos con unos cuentos que determinados personajes cuentan a otros. Es como si estuviéramos ante una “Matrioska”, las conocidas muñecas rusas que se esconden unas en el interior de otras. En la película estaríamos hablando de “historias dentro de historias”. Algo que Neil Jordan definió como “una caja china”.

Además, todo el guión está trufado de metáforas. Simbolismos sobre el daño que hace el hombre (caso del cuento de la mujer loba y las advertencias de la abuelita), la independencia de la mujer (representada por la propia abuelita), llevar una vida segura (el repetido consejo de no abandonar el sendero) y el más expuesto y también disimulado de todos: la sexualidad de la chiquilla protagonista y su paso a la edad adulta.

Ahondando ahora en el diseño de producción bien puedo calificarlo de “teatrero y acartonado”. Con esto quiero decir que se nota mucho el cartón-piedra y la sensación de escenario con los fondos pintados a mano. Pero esto, lejos de ser algo malo, le da un toque atmosférico a la propuesta, incluyendo animales reales como grotescos sapos, perros y amenazantes lobos. Es como si estuviéramos dentro de uno de los varios cuentos que se relatan en el film. Aquí casi no hay escenarios reales, siendo la producción filmada prácticamente por entero en los famosos estudios Shepperton en Surrey (Inglaterra). Al final nos queda una ambientación con elementos perturbadores, “infantiles” y desarrollada en siglos pasados, pero mezclando Ooparts como un coche de lujo o escopetas de gran potencia. El creador de todo esto fue Anton Furst, el hombre que posteriormente recrearía la oscura Gotham del Batman de Tim Burton.

Si entro a comentar ahora los efectos especiales lógicamente tengo que hablar de las transformaciones de hombre a lobo. En su momento ya me parecieron inferiores a las películas citadas al principio de esta review y, a día de hoy, me mantengo en esta afirmación. En esta cinta se nota muchísimo el uso de animatrónicos en determinadas transformaciones (la del marido errante, por ejemplo). No obstante, también hay algún cambio logrado como el del cazador que muta a lobo como el que se quita un vestido con cremallera. Lo que sí que resulta tremendamente efectivo son los brillantes tonos amarillos, verdes y rojos que se aplican en los ojos de los lobos… pasando a ser así una especie de animales demoníacos. Eso sí, aclarar que en la filmación tan sólo se usaron dos lobos reales, el resto eran perros “disfrazados” de lobos.

“Nunca abandones el sendero del bosque”. Red Ridding Hood.

Las dos grandes protagonistas de la función son la por entonces jovencita Sarah Patterson y la veterana Angela Lansbury. De haber sido rodada actualmente esta película, seguro que muchos hablarían de que ambas interpretan a sendas mujeres empoderadas. Esto lo comento para que se vea que el “empoderamiento” no ha sido descubierto actualmente cómo falsamente se intenta hacer ver, día tras día, de manera harto cansina…

En el caso de Sarah Patterson encarna con gran dulzura, ingenuidad y ciertos toques sensuales a Rosaleen, una chiquilla que está abriéndose a la maduración. Brevemente comentar que Sarah enamora por completo a la cámara, pero su carrera duró un suspiro. Esto provocó una especie de culto a su figura cuando la cinta ha ido siendo redescubierta con el paso del tiempo. Por su parte, a Angela Lansbury le basta con muy poco para recrear al genial personaje de la Abuelita. La actriz da vida a una “anciana irreverente” (en palabras del cura del pueblo) y a una mujer que vive y se vale sola, y que no para de dar consejos a Rosaleen.

Del resto del elenco poco que comentar puesto que son intervenciones más o menos breves. Los que más minutos tienen son David Warner y Tusse Silberg como los padres de Rosaleen. También tiene cierta presencia las correrías de Shane Johnstone como el joven del pueblo que persigue el amor de nuestra protagonista de manera bastante torpe. Finalmente, apariciones breves para Stephen Rea (el marido errante), Jim Carter (el nuevo marido) y Terence Stamp en un misterioso rol.

“No te fíes de los peludos por dentro” (Abuelita)

En conclusión.
Termino esta crítica de En compañía de lobos, una pequeña joya del subgénero de hombres-lobo que todo buen aficionado debe ver. Es cierto que algunos de sus efectos no han envejecido nada bien, pero la cantidad de “fábulas” y “simbolismos” que contiene la hacen incluso digna de un estudio mayor del que podría caber en una simple review como esta. Por no hablar del carácter de culto de su jovencita protagonista: Sarah Patterson.

Tráiler de En compañía de lobos