Un hombre lobo americano en Londres
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John Landis, que venía de encadenar varios éxitos de forma consecutiva en el género de la comedia, se aventuró a trasladar a la gran pantalla su visión sobre el mito del hombre lobo en una terrorífica y al mismo tiempo divertida película que terminó convirtiéndose en un verdadero film de culto, entre otras cosas, por sus magistrales y pioneros efectos especiales y por su peculiar y atípico poder narrativo.

Romántica, dramática, terrorífica, violenta, cómica y genial. Y no lo olviden, no se salgan de la carretera y no se acerquen a los páramos, pero sobre todo…

“¡Cuidado con la luna!”

Un hombre lobo Americano en Londres

Crítica de Un hombre lobo americano en Londres

La mitología del hombre lobo o licántropo, ha dado mucho de sí a lo largo de la historia del cine, y normalmente con excelentes resultados. Echando la vista atrás podemos contemplar cómo el mito del hombre lobo forjó su leyenda a través del celuloide a lo largo de diferentes décadas: desde los primeros tiempos de la ‘Universal Pictures’ con su gran clásico ‘El Hombre Lobo’ (The Wolf Man. George Waggner, 1941) o de la mítica ‘Hammer’ y su icónica ‘La Maldición del Hombre Lobo’ (The Curse of the Werewolf. Terence Fisher, 1961), hasta el referente español protagonizado por Paul Naschy titulado ‘La Marca del Hombre Lobo’ (Enrique López Eguiluz, 1968). Pasando por propuestas más modernas y puramente ochenteras pero no menos interesantes, como las atípicas ‘Lobos Humanos’ (Wolfen. Michael Wadleigh, 1981) y ‘En Compañía de Lobos’ (The Company of Wolfes. Neil Jordan, 1984), así como por otras ya enmarcadas en la década de los 90 como lo fueron las peculiares ‘Lobo’ (Wolf. Mike Nichols, 1994) o ‘Licántropo. El asesino de la luna llena’ (Licántropo. Francisco Rodriguez Gordillo, 1996), llegando incluso a aterrizar el mito en el terreno puramente humorístico con una película que trataba el tema desde una perspectiva cómica y juvenil, como fue el caso de ‘Teen Wolf. De pelo en pecho’ (Teen Wolf. Rod Daniel, 1985), para finalizar con productos más modernos y curiosos, como las reivindicables ‘Ginger Snaps’ (Ginger Snaps. John Fawcett, 2001) y ‘Dog Soldiers’ (Dog Soldiers. Neil Marshall, 2002), o el más reciente y fallido remake dirigido por Joe Johnston titulado ‘El Hombre Lobo’ (The Wolf Man, 2010).

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Estos son sólo algunos ejemplos, pero si hay dos películas que realmente hayan quedado en la retina de todo espectador, independientemente de los primeros clásicos en blanco y negro que marcaron el inicio de todo un subgénero del cine de terror, fueron dos cintas rodadas en los 80 que causaron sensación por muchos motivos, pero especialmente, por la visceralidad de sus imágenes y por sus hiper realistas efectos especiales, nunca antes tan elaborados, conseguidos y escalofriantes. Por no hablar del tono sumamente terrorífico que se acentuaba al tratarse de dos films ambientados en la era moderna que trataban la leyenda del modo más realista posible. Como es natural, nos referimos a la inquietante ‘Aullidos’ (The Howling. Joe Dante, 1980) y a la espectacular y divertida ‘Un hombre lobo americano en Londres’ (An American Werewolf in London. John Landis, 1981), la primera de ellas un espectacular film enfocado hacía el terror más natural, mientras que la segunda se trataba de una propuesta mucho más juvenil que combinaba elementos procedentes de la comedia y el cine teen con el género de terror más clásico, siendo el conjunto final sustentado sobre una increíble ración de efectos especiales que marcaron un hito en la época.

Un hombre lobo Americano en Londres

De este modo, hablar de ‘Un hombre lobo americano en Londres’ es hablar de una película que supuso un antes y un después en el género de terror, y especialmente en aquel enfocado en la leyenda del hombre lobo al tratarse de una cinta que combinaba perfectamente elementos perturbadores con una potente historia de amor con claros tintes tragicómicos, principalmente humor negro. Y lo mejor de todo es que esta extraña combinación, bastante inusual para un film de terror de dicha temática ya que se salía totalmente de los cánones establecidos por el género, funcionó a la perfección hasta convertirse en una película que se puede considerar una verdadera joya de culto hasta el punto de que aún en nuestros días es tomada como referencia por sus muchas virtudes y logros, y no sólo en el campo de los efectos especiales (sobre los que hablaremos más adelante), sino por su eficiencia al mostrar tal miscelánea de géneros en un film cuya base principal es el horror y el suspense.

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Es bien cierto que John Landis se trata de un director evidentemente versado en el género cómico, algo que queda patente en el film gracias a sus casi continuos toques de humor negro (nunca absurdo o gratuito), pero por otra parte la película en absoluto se puede considerar como una estricta ‘comedia de terror’ como ha sido catalogada desde prácticamente su existencia (especialmente en países como Alemania o Japón). De hecho el propio realizador rechaza de sobremanera el etiquetado de ‘comedia’ a su film, y razón no le falta, ya que, independientemente de esas pinceladas de humor juvenil que merodean permanentemente en la atmósfera de la película (algo por otra parte lógico ya que los protagonistas son dos jóvenes amigos de carácter afable y divertido con intención de viajar y pasarlo bien, por lo que el humor es un factor tan inevitable como apropiado) realmente estamos ante una cinta de terror que funciona a la perfección como tal y que logra su cometido a lo largo de sus muchos instantes.

En cualquier caso, y como venimos diciendo en la presente crítica de Un hombre lobo americano en Londres, es indudable que Landis imprime a la cinta su genuino toque humorístico, por lo que a la película no le faltaron detractores que sostenían que su particular tono se encontraba a medio camino entre el terror y el humor, siendo incapaz de definirse entre uno y otro y confundiendo rápidamente al espectador (comentarios del tipo ‘es demasiado divertida para ser terrorífica y demasiado terrorífica para ser divertida’ se escucharon en las mismas oficinas de la Universal cuando Landis entregó el guión). Pero precisamente esta es la mayor virtud de la película: el ser narrada desde una perspectiva inusual que le daría un toque tremendamente original a una historia que, hasta el momento, había sido expuesta estrictamente bajo los pilares del cine de terror puro, convirtiendo la película en un producto tan peculiar como único y genial. Y por lo que respecta a un servidor, en una obra maestra aún a descubrir por muchos.

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No obstante, y como mencionamos unas líneas más arriba, la película es básicamente una historia de terror retratada de forma moderna y fresca, pero también muy clásica. Y es que nos encontramos ante un film plagado de momentos para el recuerdo, y algunos de ellos tremendamente atmosféricos y terroríficos, como por ejemplo, la sensacional secuencia nocturna con nuestros protagonistas acercándose a los páramos mientras bromean, charlan y ríen, para a continuación, y tras hacer caso omiso de las indicaciones de los extraños habitantes del pueblo que les advirtieron del peligro que residía en los páramos, escuchar el tenebroso aullido de una bestia sedienta de sangre. Sin duda, uno de los instantes estrella de la película y del cine de terror contemporáneo, principalmente por la inteligencia de Landis al rodar la escena con un plano abierto que mostraba cómo los dos jóvenes, desde una perspectiva frontal, se iban desviando poco a poco de la carretera para adentrarse en el campo, mientras el espectador, totalmente atónito y expectante, recordaba aquello de ‘No os acerquéis a los páramos. Y cuidado con la Luna’.

Lo que vendría a continuación sólo se puede definir como uno de los ataques más inquietantes del cine de género, creando una sensación de tensión que se agudizaba gracias a la espesa bruma y a la tremenda oscuridad que impregnaba la secuencia, proporcionando gran suspense al momento. Algo que también podemos decir del sangriento ataque a la pareja viandante en el parque, o de la tensa y genial secuencia que transcurre en el metro, a plena luz y rodada con amplios y lejanos planos que nos mostraban todas y cada una de las esquinas y pasillos por dónde podía aparecer la fabulosa bestia. Sensacional.

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Pero si existe un momento cumbre, y no sólo de la propia película, sino del cine de terror de todos los tiempos, ese es el instante de la transformación de David, nuestro protagonista, en licántropo. Sin lugar a dudas, y sin temor a afirmar lo siguiente, se trata de la transformación más espectacular, dolorosa, sobrecogedora, gráfica y realista de toda la historia del cine de género. Un momento inigualable que ha sido imitado en infinidad de ocasiones y con tecnología superior, aunque con resultados ni parecidos. En dicha secuencia los increíbles efectos especiales de Rick Baker alcanzan su cenit al mostrarnos cada parte del cuerpo de nuestro protagonista mutando paso a paso y en precisos primeros planos (con el tema musical de Bobby Vinton ‘Blue Moon’ de fondo), aunque no menos increíbles son los maquillajes a los que se sometió el actor Griffin Dunne (Jack) para transformarlo en el cada vez más putrefacto cadáver que se le aparece a su amigo David para advertirle de la situación (mención especial hacemos a la genial primera aparición de Jack en el hospital, o a la escena del cine porno, donde fue sustituido por un muñeco dada la imposibilidad de maquillarle como a un esqueleto). Cabe señalar que el film impresionó de tal forma a la ‘Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas’ que ésta decidió crear el Oscar al ‘Mejor Maquillaje’, el cual ganó la película por méritos propios.

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Sin embargo, algo menos creíble resulta algún momento en concreto que transcurre en el hospital donde David se está recuperando de sus heridas, en el cual nuestro protagonista comienza a experimentar extrañas visiones y pesadillas que sirven para preparar al espectador de cara a la secuencia de la transformación, y que funcionan a la perfección (el instante en que vemos a David correr por el bosque cazando un ciervo, o una pavorosa visión de sí mismo atacando a Alex, la enfermera que le cuida y de la que se enamora) salvo uno de ellos, quizás el más prescindible del relato y que lastra levemente toda la credibilidad del film hasta ese momento: el sueño en el que David presenciaba cómo su familia y él mismo estaban siendo atacados por un grupo de extrañas criaturas armadas con metralletas y disfrazadas de Nazis. A parte de este pequeño desliz, ‘Un hombre lobo americano en Londres’ es una cinta tan eficaz como perfecta que concluye con un soberbio cierre que tiene lugar en el Picadilly Circus Londinense, y donde la espectacularidad, el romance, la violencia y el caos confluyen con un conmovedor y dramático clímax final.

En 1997 se estrenó una tardía y muy fallida secuela titulada ‘Un hombre lobo americano en París’ (An American Werewolf in Paris. Anthony Waller), aunque ya sin la colaboración de un John Landis que nos regaló una auténtica pieza clave del género de terror de los 80 hasta tal punto de crear gran influencia en infinidad de directores y producciones posteriores. Y es que el mayor logro de Landis fue el trasladar a la actualidad una leyenda de tiempos pasados a un ambiente genuinamente rural de nuestro tiempo, dándonos para siempre una visión diferente del mito del hombre lobo que conocíamos hasta la fecha.

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Un hombre lobo americano en Londres: la inspiración de John Landis

Un joven John Landis, en el año 1969 y a la edad de 18 años, se encontraba en Yugoslavia trabajando como asistente de producción en el famoso film ‘Los violentos de Kelly’ (Brian G. Hutton, 1970), protagonizado por Clint Eastwood y Donald Sutherland. Se trataba de su primer empleo profesional relacionado con el mundo del celuloide. Durante uno de los días que tocaba filmar en exteriores, el joven presenció en compañía de un miembro yugoslavo del equipo de producción, y de mera casualidad, un ritual gitano durante el entierro de una persona. El ritual consistía en sepultar al cadáver totalmente de pie, a gran profundidad y recubierto de ajos y rosarios para evitar que éste se levantara de la tumba y viniera en busca de sus familiares para echarles una maldición.

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Este suceso hizo recordar a Landis dos de sus mayores mitos terroríficos: los zombies y el hombre lobo, concretamente el del clásico rodado por George Waggner en 1941, en cuyo argumento merodea cierto ambiente zíngaro, así que tras este acontecimiento, Landis decidió escribir el guión de una cinta de terror capaz de incluir a sus dos mayores mitos del cine de terror: los zombies y los licántropos. El joven estaría años perfilando la idea y escribiendo borradores sobre su película, pero fue en los años 80 cuando, con el guión ya totalmente finalizado, y tras convertirse en un director de éxito en el mundo de la comedia norteamericana gracias a las películas ‘Desmadre a la americana’ (Animal House, 1978) y ‘Granujas a todo ritmo’ (The Blues Brothers. 1980), logró el suficiente status y poder de convicción en la industria como para poder llevar a cabo su proyecto con la financiación de alguna compañía. No obstante encontró más trabas de las que se imaginaba, ya que en aquellos tiempos estaba plenamente encasillado como director de comedias y no le creían capaz de llevar a cabo un film de terror lo suficientemente impactante como para merecer la pena invertir en su guión. Su combinación de terror y humor no terminaba de ser comprendida por los estudios y productores, los cuales afirmaban que el libreto resultaba ‘demasiado terrorífico para ser divertido y demasiado divertido para ser terrorífico’.

Hasta que aparecieron los productores Peter Guber (‘Batman’, ‘El color púrpura’) y Jon Peters (‘Rain Man’, ‘Superman Returns’), que quedaron encantados con el tono tan original y peculiar del guión, así que le dieron a Landis los 10 millones de dólares que exigía su producción para, posteriormente, ser distribuida en cines USA por parte de la ‘Universal Pictures’. De este modo John Landis logró llevar a cabo el paso más importante: conseguir financiación para su película y que le dejaran total libertad creativa. Y así fue.

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Un reparto de actores, no de nombres

Uno de los puntos más característicos de ‘Un hombre lobo americano en Londres’ fue su reparto, y no precisamente por el renombre de sus actores, sino todo lo contrario, más bien por tratarse de intérpretes relativamente desconocidos, algo que a lo que Landis hizo especial hincapié. Y los elegidos serían David Naughton como David, nuestro protagonista principal que sobrevive al ataque de un hombre lobo y que, más tarde, sufrirá las terribles consecuencias de ello; Griffin Dunne como Jack, el amigo de David que muere totalmente destrozado por el hombre lobo y que, contra todo pronóstico, se le aparecerá en forma de putrefacto muerto viviente con la sana intención de advertirle de que debe de acabar con la maldición del hombre lobo terminando con su propia vida, o de lo contrario, todas las víctimas de David en su estado de Licántropo deberán de vagar eternamente sobre la Tierra. La guapa actriz Jenny Agutter dando vida a la enfermera Alex, la protagonista femenina del relato y de la que David se enamora mientras ésta le cuida en el hospital; y John Woodvine como el Doctor J.S. Hirsch, el médico que lleva el caso de David y que tratará de investigar los hechos.

Sin duda un reparto más que acertado, sobre todo a tenor de la gran labor interpretativa de todos y cada uno de ellos en la película. No obstante los productores habían propuesto a Landis contratar a los actores protagonistas de ‘Granujas a todo ritmo’ (Dan Aykroyd y John Belushi) como la pareja de amigos que sería atacada por el licántropo, pero Landis se negó afirmando que ambos actores no encajarían en una producción de terror debido a su perfil excesivamente cómico, lo que acabaría afectando a la película.

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Efectos especiales de Rick Baker: Creando a la bestia

Los efectos especiales de la película son sin duda su punto fuerte, de hecho, y debido a la complejidad de los mismos, los actores debían de estar confirmados diez meses antes de la filmación con el fin de preparar con antelación los moldes de sus cuerpos y los trucos visuales con los que nos deleitarían en la gran pantalla. Dichos efectos corrieron a cargo del maestro Rick Baker, que extrajo moldes de la cabeza y extremidades de Naughton para transformarlo posteriormente en el hombre lobo más espectacular, bello e hiper realista de la historia del cine. Una bestia que se desplazaría sobre cuatro patas en lugar de hacerlos sobre dos, ya que el realizador quería que su hombre lobo fuera como un gigantesco perro surgido del infierno y no la típica criatura bípeda.

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Pues bien, tanto Naughton como el equipo de Barker tardaron una semana completa en filmar la espeluznante secuencia de la transformación, siendo el mayor desafío de este proceso el hecho de que Landis quería filmar la metamorfosis a plena luz y de un modo totalmente nítido, real y visible al espectador. Todo lo contrario que sucedía en el resto de películas anteriores sobre el mito del licántropo, en las cuales las transformaciones o bien sólo se intuían debido a la oscuridad y los escasos medios, o las técnicas y efectos especiales no resultaban para nada creíbles. Este no fue el caso de ‘Un hombre lobo americano en Londres’, ya que dicha transformación, y en contra de lo que deseaban el propio Baker (que quería filmarla en un sólo plano-secuencia), fue mostrada al espectador paso a paso, haciendo especial hincapié en todas y cada una de las partes del cuerpo de David y mostrando al detalle, y en primeros planos, cómo sus extremidades se elongaban, su espalda crecía y su morro se estiraba. Una delicia propia de unos genios y de una época en la que la creatividad era el nexo común de este tipo de cine ochentero.

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De este modo Baker fabricó una mano, piernas, pies, una espalda, orejas y una cabeza retráctiles gracias a un mecanismo interno que iba recubierto de piel de plástico, prácticamente idéntica a la piel humana y mucho más flexible que el látex. Así podían estirar el material hasta el doble de lo que permitía el látex, algo que resultó ser un truco sensacional que le imprimió a la escena un realismo inaudito hasta la fecha. Por otra parte se construyó una enorme bestia que se usaría para filmar los ataques del hombre lobo. La criatura se trataba de un animatronix cuyas patas delanteras podían ser movidas por un técnico que se metía dentro del cuerpo del animal, mientras iba siendo empujado desde fuera por otro par de personas. De lo que no cabe la menor duda es de que el licántropo de esta cinta se trata de una de las creaciones más fabulosas e increíblemente reales de la historia del cine de terror.

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Datos y curiosidades

-El personaje de Jack se convertía progresivamente en un muerto viviente cada vez más putrefacto, y aunque en la mayor parte del metraje se recurrió al maquillaje y las prótesis de látex, la secuencia del cine porno fue rodada con un muñeco a escala real dada la imposibilidad de maquillar al actor Griffin Dunne para que pareciera un auténtico esqueleto.

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-La película se rodó en diferentes localizaciones de Gran Bretraña, como en Gales, Londres y Windsor, aunque inicialmente John Landis había considerado ambientar la película en París, algo que sí sucedería en la secuela de 1997.

-La escena en la que David se despierta en el Zoo, y más concretamente en el interior de la jaula de los lobos, fue filmada en el auténtico Zoo de Londres con lobos reales. Afortunadamente los animales habían sido cebados justo antes de rodar la escena, además el actor, con un miedo visible en pantalla, rodó la escena en una sola toma por el miedo que le producía verse entre lobos reales.

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Un hombre lobo americano en Londres fue estrenada en Alemania y Japón como una comedia de terror en toda regla, algo que no es para nada cierto.

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-John Landis escogió para montar la banda sonora de la película todas aquellas canciones que pudo conseguir que contuvieran en su título la palabra ‘Moon’. Las únicas que no pudo lograr fueron ‘Moonshadow’, de Cat Stevens; una versión de ‘Blue’ de Bob Dylan, y otra versión de ‘Blue Moon’ de Elvis Presley.

-Wes Craven reconoció que se inspiró en el guión auto-referencial de Landis para tratar su guión de ‘Scream’.

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