Noche de paz, noche de muerte
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Su buena ambientación, la divertida degradación de un verdadero icono de la bondad y una historia más propensa al drama psicológico que al terror son algunas de las virtudes de esta película. Un film que, pese a sus limitaciones y carencias, ofrece cierta frescura y una coherencia impropia del género. Llega el momento de que Santa Claus castigue sin compasión a niños y adultos. No permitan que acceda a su bonito hogar a través de la chimenea sino quieren pasar una ‘Noche de paz, noche de muerte’.

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Crítica de Noche de paz, noche de muerte

Varios fueron los cineastas que, en la década de los 60, comenzaron a esbozar los primeros rasgos del slasher. Hablo de ese subgénero perteneciente al cine de terror que gira en torno a un asesino en serie. Un psicópata habitualmente atormentado por un turbio pasado que acaba con la vida de todo aquel que se cruza en su camino del modo más brutal y despiadado posible. Con la llegada de Tobe Hooper y John Carpenter, con sus obras La matanza de Texas (1974) y La noche de Halloween (1978), se cimentaron las bases principales sobre las que se sostendría el género a lo largo de la siguiente década: los 80. Sin duda, la década dorada del slasher alcanzando su punto más álgido y popular gracias a Sean S. Cunningham y su ‘Viernes 13’ (1980).

A partir de las películas citadas llegarían infinidad de secuelas, productos ciertamente oportunistas influenciados por las cintas de Carpenter y Cunningham, e innumerables variantes de todo tipo. Algunas de ellas elevadas a los altares de la cultura pop norteamericana por méritos propios. Otras pasando por la cartelera y los videoclubes de un modo mucho más discreto. Aunque ello no las hacía menos interesantes, sobre todo para aquellos amantes del género y la casquería que sabían bien lo que demandaban. Hablamos de productos algo más impersonales que repetían constantemente la misma fórmula, pero no por ello exentos de interés. Me refiero a películas como: ‘Prom Night’ (Paul Lynch, 1980), ‘San Valentín sangriento’ (George Mihalka, 1981), ‘Cumpleaños sangriento’ (Ed Hunt, 1981) o ‘Inocentada sangrienta’ (Fred Walton, 1986).

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La gran mayoría de las películas mencionadas anteriormente tendrían como nexo común no sólo el hecho de contener numerosas escenas de desnudos y adolescentes empalados, algo que sería la tónica habitual del género, sino también una curiosa peculiaridad estrictamente ligada al slasher: los acontecimientos de la mayoría de ellas tenían lugar, o bien en una zona determinada (como una barriada, un camping, una mansión…), o bien durante una fecha señalada, como es el caso de un cumpleaños, el día de San Valentín, una fiesta de graduación y, por supuesto, la navidad. Y es precisamente aquí donde entran en escena varias películas. De estas sólo una de ellas lograría obtener una repercusión mediática que ni sus responsables esperaban. Hablamos de ‘Noche de paz, noche de muerte’.

‘Noche de paz, noche de muerte’ es todo un pequeño clásico de culto ochentero de Serie B. Un film que daría lugar a cuatro secuelas y a un remake en 2012. No obstante, no es la primera película que trasladaría el subgénero a un entorno netamente navideño con un desequilibrado Santa Claus. Anteriormente ya lo habían hecho, aunque de un modo mucho más discreto, cintas como ‘Feliz nochebuena’ (David Hess, 1980) o ‘Navidades infernales’ (Lewis Jackson, 1980). Aunque estas últimas se estrenaron con más pena que gloria… Entonces, ¿qué fue lo que convirtió el film de Charles E. Sellier Jr. en una propuesta tan especial? La respuesta es sencilla: la potente campaña publicitaria que había desplegado su entonces propietaria, la TriStar Pictures, con las expectativas puestas en un estreno a lo grande en plena Navidad.

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Impactantes spots televisivos mostraban un violento Santa Claus que se alejaba drásticamente de la imagen que la sociedad tenía de él. Además, una serie de carteles publicitarios en las calles de Nueva York con el bueno de Santa portando un hacha mientras descendía por una chimenea, provocaron la protesta de diversas asociaciones de padres, así como de algunos de los críticos más reputados del momento. Todos ellos se opusieron al estreno de una película que degradaba y envilecía al amado icono. En primera instancia no se logró cancelar el estreno de manera definitiva. Aunque se consiguió prohibir a la distribuidora estrenar el film en plena Navidad, como era su intención. Finalmente su estreno en USA tuvo lugar el 9 de Noviembre de 1984.

Pese al cambio de fecha no fueron pocas las protestas de los padres en las puertas de los cines donde se proyectaba la película para que ésta fuera retirada de la cartelera. Finalmente, y varias semanas después, se retiraría. Quedaría fuera de la circulación hasta que otra compañía distribuidora, Aquarius Releasing, se hizo con sus derechos reestrenándola unos meses después bajo la tutela de la TriStar. No hace falta decir que todo este revuelo mediático terminó beneficiando al film. Un film que fue más promocionado, de forma torpemente inconsciente, por los sectores que estaban en contra de su estreno. Esto llamó poderosamente la atención de un público tan aturdido por lo que estaba sucediendo que decidió asistir en masa al cine para comprobar si realmente la película era para tanto o no.

‘Noche de paz, noche de muerte’ contaba con un presupuesto estimado de 1 millón de dólares. En su primer fin de semana se hizo con casi 1,5 millones de la misma moneda. Cifra que continuaría aumentando hasta los 2,5 millones tras poco más de diez días de proyección en cines antes de que TriStar se viera obligada a retirarla. Sin duda, un éxito rotundo que terminó convirtiendo este subproducto en una pequeña joya de culto.

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Buena parte del éxito de la cinta fue consecuencia de su honestidad y de ese delicioso aliciente de poder contemplar a un Santa Claus totalmente desatado y sumido en la locura. En este sentido, la cinta de Charles E. Sellier Jr. no engaña absolutamente a nadie. Se ofrece justo lo que el espectador demanda: entretenimiento, sangre, muertes y mala baba. Mucha mala baba en una premisa argumental que resulta tan delirante como divertida. Aquí tenemos a nuestro querido Santa Claus empalando jóvenes (y no tan jóvenes) calenturientos al grito de “¡Serás castigado!”. Nuestro personaje de barba blanca y atuendo rojo, a tenor de su traumático pasado, tiene motivos para ello.

Otra de las virtudes del film es su historia. La película ofrece una trama que, en contra de lo que solía ocurrir en un gran número de slashers, se toma su tiempo en construir al personaje principal. En tratar de encontrar unos motivos sólidos que justifiquen la demencia que desata su poder destructivo. Así pues, el espectador puede ser capaz de sentir cierta empatía por el psicópata, pese a la brutalidad de los crímenes que comente. Todo el primer tercio de metraje, más que centrarse en la casquería o en la sangre, opta acertadamente por incidir en el factor psicológico del protagonista dibujando sólidamente su trauma infantil.

Pasado el primer acto nos adentramos en la adolescencia de nuestro particular “Santa”. Aparentemente recuperado de los atroces sucesos de su pasado comienza a vivir experiencias propias de un muchacho de su edad. Me refiero a la búsqueda de trabajo, la atracción por el sexo opuesto, o las relaciones interprofesionales. Es en este momento cuando el film se torna en un slasher que toma todos los ingredientes básicos de la fórmula establecida años antes por Sean S. Cunningham. Y estos no son otros que el sexo, los desnudos, las muertes sangrientas y la brutalidad. Como mandan los cánones del género.

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Como slasher la película funciona bien, entre otras cosas porque en ningún momento pretende aparentar lo que no es. Amén del añadido que supone el hecho de transcurrir en Navidad. Esto último da mucho juego, propiciando ligeros toques de un humor muy oscuro y un morbo un tanto distintivo. Todo ello motivado por el simple hecho de poder contemplar a Santa Claus portando un hacha en lugar de un saco de regalos. Ojo, no se pierdan el inolvidable trinchamiento al que es sometido la sexy Linnea Quigley, la scream queen de los 80, en una de las secuencias estrella de la película.

No obstante lo anterior, también es cierto que el film carece de algo importante que se le puede reprochar. Y esto  no es otra cosa que su falta de tensión durante demasiados instantes. Sin duda, un factor imprescindible para cualquier cinta del género. Esta carencia, sumada a un exceso de previsibilidad que merodea a lo largo y ancho del metraje, impiden a la película ganar más puntos. Irremediablemente esto también hace que pierda algunos enteros. Pero también es cierto que para el año 1984 ya se habían estrenado dos secuelas del film de John Carpenter, otras dos de la obra de Sean S. Cunningham, y una retahíla de subproductos menores que se exhibieron antes que ‘Silent Night, Deadly Night’, por lo que la capacidad para sorprender a un espectador cada vez más curtido en este tipo de productos era inevitablemente menor..

Finalmente, un párrafo al margen para comentar algunas de las actuaciones dignas de mención. Este es el caso de Lilyan Chauvin interpretando a la rígida madre superiora del orfanato donde va a parar Billy. También destaca Will Hare como el abuelo del pequeño con una contundente (aunque breve) intervención. Y, por supuesto, nuestro querido Billy adulto interpretado mejor de lo que cabría esperar por el debutante Robert Brian Wilson. 

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En resumidas cuentas.
En cualquier caso, y para concluir con esta crítica de Noche de paz, noche de muerte, nos encontramos posiblemente ante el exploit más correcto y aceptable de aquellos años. Un film que, probablemente, destaca por encima del resto de subproductos de la época y la competencia. Un asesino brutal que no se frenará ante nada y varias escenas de desnudos y sexo serán agradecidas por todos los fanáticos del cine de psicokillers más ochentero.

Tráiler de Noche de paz, noche de muerte