Un pequeño favor
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Tras ‘Espías’ (2015) y ‘Cazafantasmas’ (2016), Paul Feig sigue apostando por la comedia, pero ahora añade unas gotas de misterio y un humor para adultos. Además, presenta para la ocasión a Blake Lively pidiéndole ‘Un pequeño favor’ a Anna Kendrick. ¿Qué podría salir mal?…

“No te conviene ser mi amiga, en serio”.-Emily Nelson.

Crítica de Un pequeño favor

Para dar forma a esta nueva comedia el director Paul Feig se ha basado en ‘A Simple Favor’, la primera novela de Darcey Bell, una joven escritora norteamericana nacida en Iowa y profesora en Chicago. De su adaptación al guión se ha ocupado Jessica Sharzer, guionista especializada en cortos y series de TV (la más destacada, ‘American Horror Story’).

En su argumento, ‘Un pequeño favor’ sigue la estela de misterio presentada en otras adaptaciones recientes como Perdida (David Fincher, 2014) y La chica del tren (Tate Taylor, 2016). Ahora bien, se cambia el tono áspero y duro de estas por la comedia más que menos desenfadada y traviesa… lo que no quita para que también encontremos algún momento duro y un humor sólo apto para mayores de edad.

Tras las oportunas presentaciones y acercamientos a los personajes, la trama de verdad arranca, al igual que en las películas anteriormente citadas, con la desaparición de una de las protagonistas: Emily Nelson. A partir de ese momento vamos asistiendo a las diferentes reacciones de los personajes y, sobre todo, a las diferentes pesquisas que su nueva amiga, Stephanie, va llevando a cabo debido a su curioso e inquieto carácter que despliega en su videoblog de “cocina para mamás”.

Tanto la desaparición de Emily como las investigaciones de Stephanie van provocando diferentes momentos divertidos, la mayor parte ellos sustentados por la impagable labor de Anna Kendrick. Además, Paul Feig también va trufando el metraje de breves flashbacks e insertando secuencias al pasado de los personajes. Esto lo hace con la “tramposa” intención de levantar sospechas entre el respetable y manipularlo a su gusto.

Dejando de lado esas “trampas” del montaje (y de Feig), la mayor pega que se le puede poner al film es la aparición de algunos personajes que entran y salen sin mucho que aportar. En este sentido, los dos más desaprovechados son el Detective Summervile y el modisto Dennis Nylon. Queda la sensación de que ambos podían haber dado más de sí, especialmente el segundo.

Es imposible comentar esta película y no detenerse en su vestuario y en la banda sonora. Respecto al “guardarropa” del film, decir que este ha sido elaborado a la mayor gloria de Blake Lively por la diseñadora Renee Ehrlich Kalfus. La famosa actriz es la que más variedad de trajes exhibe a lo largo de toda la película (no recuerdo ahora que repita ni un solo modelo). Además, el hecho de que su personaje sea una alta directiva de la moda es otro aliciente para verla desfilar con los más sofisticados (y “masculinos”) atuendos. Ni que decir tiene que los mismos son un claro reflejo de la marcada personalidad de Emily Nelson, una mujer dominante.

Al respecto de la banda sonora, esta ha sido compuesta por Theodore Shapiro. Ahora bien, lo que de verdad brilla aquí es su gran gramola con muy variadas canciones como: “Ca S’Est Arrange” (Jean Paul Keller), “Une histoire de plage” (Brigitte Bardot”), “Mambo No. 5” (Lou Vega), “Fuerza” (Mala Rodríguez) y en los créditos finales “Laisse tomber les filles” (France Gall). Una selección musical que Paul Feig combina perfectamente con las imágenes elevando claramente el resultado. Además, vista la película te queda un innegable impulso de salir a comprar su “Soundtrack”.

“Mi mujer es un enigma”. Perdida.

Entrando en el elenco hay que decir que las interpretaciones de Anna Kendrick y Blake Lively son una gozada. Diferentes y cada una en su estilo resultan lo mejor de la película. El resto del casting queda totalmente tapado por la gran labor y compenetración de ambas actrices.

Anna Kendrick destaca por el carácter amigable, social y totalmente abierto con que logra dotar a Stephanie Smothers, una joven viuda (y madre) deseosa de colaborar en todo lo que puede, especialmente en el colegio de su pequeño. Stephanie es la típica persona que a los cinco minutos de conocerte ya te considera su amiga de toda la vida. Ella es la comedia aunque también tiene algún momento que te deja no sabiendo bien qué pensar. La comunicación gestual y verbal de Kendrick provoca más de una risa.

En el otro extremo encontramos a Blake Lively. La californiana se aleja en este film de papeles amables y consigue triunfar con su encarnación de Emily Nelson. Lively la convierte en una mujer elegante y sofisticada. Una mujer que llama la atención y cuyo status le permite decir lo que piensa sin remilgos, siendo a veces cortante como un cuchillo (atención a cuando Stephanie le saca una foto). Emily es la típica mujer que sabe que ella es la que manda y así se comporta. Si Stephanie se minusvalora, Emily se autovalora en exceso.

Del resto de intérpretes cabría citar los esfuerzos de Henry Golding por intentar ser convincente como Sean, el marido de Emily, un escritor y profesor cuya popularidad va cuesta abajo. Por otro lado, desaprovechadas resultan las buenas apariciones de Bashir Salahuddin como el afable Detective Summervile, y la de Rupert Friend como el altivo modisto Dennis Nylon.

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Un pequeño favor, una divertida y adulta propuesta que se ve con mucho agrado gracias al gran trabajo de sus dos protagonistas femeninas. Dos mujeres envueltas en una misteriosa trama desencadenada a partir de la petición del favor del título. Todo esto adornado con una acertadísima selección de canciones no originales del film.

Tráiler de Un pequeño favor