El sonido del trueno
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Basada en el potente relato corto de Ray Bradbury, ‘El sonido del trueno’ prometía un espectáculo de ciencia-ficción con ciertos elementos interesantes. Hablamos de un film que tenía intenciones de ser una buena propuesta dentro del género. Sin embargo, diversos problemas y errores provocaron que esta potente idea naufragara. Ahora es el momento de repasar lo que, finalmente, nos ofreció…

“Alguien se ha salido del camino” (Travis)

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Crítica de El sonido del trueno

En el pasado, Peter Hyams fue cuanto menos un director interesante. En su filmografía podemos encontrarnos con algunas cintas de género destacables e interesantes. Películas como: The Relic’ (1997), Muerte súbita(1995), Atmósfera cero(1981) o Capricornio Uno’ (1977). Estas que acabo de citar son sólo algunos ejemplos de un director que era capaz de meterse en cualquier género y solventar la papeleta de manera loable. Entonces, ¿Qué diablos pasó para que ‘El sonido del trueno’ no fuera satisfactoria?

Empecemos con los primeros atisbos de la producción. Ray Bradbury vendió los derechos a Franchise Pictures con el pretexto de convertir su relato corto (relato que, por cierto, la cinta obvia de manera total) en una película. La ya extinta productora contrató a los guionistas Thomas Dean Donnelly y Joshua Oppenheimer para escribir el guión. Posteriormente ficharon a un buen cineasta para llevarlo a cabo: Renny Harlin. El director finlandés llevaba algunos años de capa caída y el proyecto le atrajo de manera total. Inclusive se tentó a Pierce Brosnan para el personaje de Travis Ryer.

Como acabamos de ver… todo parecía ir viento en popa. Sin embargo, Harlin y Bradbury chocaron constantemente durante la escritura del guión. Finalmente, Bradbury terminó por argumentar a la productora que no estaba nada contento con Harlin para dirigir la cinta. En consecuencia, Renny Harlin fue despedido y la negociación con Brosnan y el rodaje de Montreal se cancelaron hasta nuevo aviso.

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Tiempo después, Franchise Pictures contactó con Peter Hyams y este firmó para dirigirla. Además, se fichó a Edward Burns para protagonizarla. Por si fuera poco, también consiguieron a un titán como Ben Kingsley para dar fuste al casting. La película ya estaba en marcha pero, de manera repentina, Franchise Pictures se declaró en bancarrota y la post-producción se alargó durante casi dos años para lograr terminar los efectos visuales. Además, solicitaron la ayuda de Warner Bros para distribuirla. Al final el coste subió hasta los 52 millones de dólares. Después del estreno le llovieron, con razón, muchas críticas negativas. Finalmente, ‘El sonido del trueno’ fue gran fracaso en taquilla que terminó por sepultar la carrera de Peter Hyams durante bastante tiempo.

Ahondando ya en la película, decir que se partía de una idea sugerente: los viajes en el tiempo. Esta temática siempre suele ser interesante ante las infinitas posibilidades de su resolución. Ahora bien, que una idea sea interesante no puede evitar que una película sea mala… y este es el caso de la cinta que nos atañe… Como he comentado en párrafos anteriores, el film tiene poco que ver con el relato de Bradbury (salvo en el detonante de la alteración temporal). En la cinta de Hyams cambia la evolución y en vez de dinosaurios y animales corrientes, salen criaturas como los Babuino-lagartos, murciélagos gigantes y otros seres. Al final todo termina convertido en una monster-movie barata con unos efectos especiales muy pobres y cantosos.

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Por otro lado, el guión de Oppenheimer y Dean Donnelly es tremendamente flojo. Ambos entregan un script intrascendente y convierten a los personajes en meros patos de feria para que el monstruo de turno se los cargue en pocos minutos sin que les importen en nada al propio espectador. También el escaso suspense y la oscurísima fotografía (qué casualidad que se vaya la luz en los lugares donde aparecen las criaturas) no hacen sino acrecentar los errores del film. Respecto a Peter Hyams decir que su labor como director es muy discreta e incapaz de provocar interés. Eso sí, como aspectos positivos destacar cierta imaginación en las criaturas y la banda sonora de Nick Glennie-Smith. Una score algo en la línea del legendario Jerry Goldsmith.

Por su parte, tampoco es que los actores sean el copón… Ben Kingsley luce un tupé extraño y extravagante como pocos. Edwards Burns está durante toda la cinta con cara de “¿qué diablos hago yo aquí?”. Finalmente, Catherine McCormack va correteando por ahí con falda larga simplemente haciendo el ridículo. Entre todos terminan por matar de aburrimiento al público en una película a la que le cuesta entretener y enganchar a sus posibles espectadores.

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En conclusión.
Termino esta crítica de El sonido del trueno,  una cinta cuyos escasos valores positivos no la salvan de ser fallida y horripilante. Decir que es decepcionante sería quedarse muy corto. Hagan el favor de no perder el tiempo con esta película… hay cosas mejores con las que pasar el rato.

Tráiler de El sonido del trueno