Atmósfera Cero
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La lucha del hombre contra la corrupción ha servido de inspiración en innumerables películas, y concretamente ha sido el eje principal en algunos de los mejores westerns de la historia. ¿Quién no recuerda a Gary Cooper enfrentándose a los forajidos con el coraje y su revolver como únicas armas? Pues bien, ¿Qué ocurriría si un western se ambientara en el espacio? La respuesta la encontramos en ‘Atmósfera Cero’, en una lejana luna de Júpiter.

«¿Mis hombres?… Mis hombres son una mierda”.-O’Neil.

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Crítica de Atmósfera Cero.
Antes de profundizar al máximo en esta crítica de Atmósfera Cero, es importante entender que, efectivamente, estamos ante un western espacial. No hay sheriff ni forajidos, y de hecho la acción no se sitúa en parajes remotos infestados de indios. Pero sí tenemos a un oficial de policía y una organización criminal, todo ello ambientado en una lejana colonia minera. En este caso no es dinero lo que manejan los villanos, sino una peligrosa droga que aumenta la resistencia física de los trabajadores y por tanto su productividad. Lamentablemente el potingue tiene efectos secundarios bastante nefastos para la salud del individuo, haciéndolo caer en una profunda paranoia que llega a provocar actitudes suicidas.

La dirección y el guión de la película recaen sobre los hombros de Peter Hyams, un total desconocido por aquel entonces que apenas había dirigido nada remarcable, quizás ‘Capricornio Uno’ y aún así es justo considerarla simpática más que otra cosa. Tras este proyecto su carrera gozaría de un merecido impulso aunque con ciertos altibajos, con películas nada despreciables como ‘2010: Odisea dos’ o Timecop… y con mediocridades como El sonido del trueno o ‘The relic’.

En lo que respecta a ‘Atmósfera Cero’, Hyams no se muestra nada pretencioso, y nos obsequia con una película entretenida y muy bien dirigida, con un tono oscuro y casi claustrofóbico que nos recuerda en muchos aspectos a una joya del cine que se había estrenado apenas un par de años antes. Me refiero, cómo no, a Alien, el octavo pasajero, una obra que había redefinido considerablemente el género espacial. Como detalle curioso diremos que los trajes espaciales de ambas películas son obra del mismo hombre, John Mollo, que ya había ganado un Oscar por el vestuario de ‘La guerra de las Galaxias’.

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Podemos pensar que el guión es flojo, y quizás sea así porque apenas profundiza en las personalidades de los personajes. De hecho, la mujer de O’Neil le abandona, harta de ser arrastrada de colonia en colonia. Y la a priori interesante Dra. Lazarus pasa de puntillas sin explicarnos apenas nada sobre su vida y circunstancias. Pero Hyams prefiere centrar el peso del argumento en la decisión de O’Neil de quedarse en la colonia minera para desmantelar el tráfico de drogas y devolver un poco la humanidad a ese olvidado lugar. Por una parte se trata de un viaje de autodescubrimiento y redención, donde el experimentado policía trata de averiguar quién es él en realidad. Y por otra es un sencillo alarde de valor, una lucha desigual contra un sistema corrupto alrededor de una población asustada y sumisa. Es en ese punto cuando las similitudes con un western como ‘Solo ante el peligro’ se hacen más que palpables. Como todo guión tiene fallos, qué duda cabe… e incluso incongruencias de carácter científico, como el hecho de que al personal le estalle la cabeza cuando se expone al vacío espacial. Pero creo que los pequeños fallos que pueda tener son lo de menos en esta película.

Es imprescindible destacar el impecable trabajo de los actores. Para el papel de O’Neil se contó con un popular Sean Connery que ya había dejado atrás su faceta de Bond y contaba con auténticos peliculones en su haber como El hombre que pudo reinar‘. Connery realiza un gran trabajo personalizando la rectitud y honestidad de O’Neil frente a la corrupción, además de ceder al personaje su particular humor escocés. Frente a él encontramos a un Peter Boyle muy convincente como villano, el típico responsable que cabría encontrar en una explotación minera, alguien sin escrúpulos acostumbrado a controlar a la policía y a todo aquel que pretenda meter las narices en sus asuntos. La única persona que se atreverá a ayudar a O’Neil arriesgando su vida será la doctora Lazarus, un personaje bastante desaprovechado del que no se deja demasiado claro por qué está en esa colonia. Aún así el trabajo realizado por Frances Sternhagen es bueno, y el resto de secundarios están a la altura de lo esperado.

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La película fue rodada en los londinenses estudios Pinewood, y en palabras de Hyams «se pensó en las Dodge City del pasado y las plataformas petrolíferas del presente. Son lugares que atraen a gente con un pasado sospechoso, que tienen poco que perder y que lo único que quieren es ganar el máximo dinero en el menor tiempo posible». Se contó con los decorados de Philip Harrison para reflejar el duro y desolado tema de la avaricia en medio de la nada. Y es importante notar que todos los vehículos y escenarios que vemos a lo largo de la película tienen como denominador común su estilo industrial, en tanto en cuanto no se busca asombrar al espectador con diseños bellos y espectaculares, sino en dar a cada elemento la utilidad que supuestamente tiene.
La película fue elaborada en interiores, con la intención de ser disfrutada en una sala oscura, donde la iluminación artificial le da un carácter propio. Añadamos que el sonido está perfectamente cuidado, ya que es otro de los elementos que nos ayudan a sumergirnos completamente en la historia.

Finalmente, no podemos acabar sin hacer referencia a la música, que corre a cargo del maestro Jerry Goldsmith y otorga a este título momentos extraordinarios mediante el estilo ya típico del compositor. Ya sea en las persecuciones a través del complejo minero o en las imágenes exteriores, se nos transmite un inequívoco sentimiento de aventura y espacio. Goldsmith ya había logrado el Oscar por su trabajo en La profecía unos años antes, y había estado ligado a algunos de los títulos más emblemáticos del género durante las últimas décadas, como por ejemplo ‘Star Trek’, ‘Alien, el octavo pasajeroo ‘La fuga de Logan’.

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Conclusión.
Puede que ‘Atmósfera Cero’ sea lo que a mucha gente le gusta definir como cine de evasión. Es decir, no te enriquece personalmente ni cambia tu significado de la vida pero tampoco te hace sentir como un idiota por disfrutar de la película. Es un título de acción bien dirigido, bien interpretado y que trata de trasladar el encanto y los arquetipos del viejo oeste a un entorno tan inhóspito y hostil como es el espacio. Cierto es que no estamos ante la mejor película del género, pero tampoco pretende serlo y termina siendo un film muy destacado y de culto… y ¡Qué demonios! ¡Sean Connery empuña su fusil. ¿Qué más se puede pedir?

Curiosidades.

  • La película iba a titularse originalmente ‘Io’, pero se cambió porque muchos lo confundían y leían «10».
  • El complejo minero está compuesto de 7 módulos: la mina, la refinería, la estación solar, dos invernaderos, los alojamientos y la pista de aterrizaje.
  • Se usaron más de 6,4 km. de fibra óptica para iluminar el plató.
  • El bar de la estación dispone de puertas abatibles como las de un típico saloon del oeste.
  • El director Peter Hyams se casó en 1964 con George-Ann Spota. Desde entonces, todas las películas del realizador incluyen en el reparto a un personaje secundario con el nombre de Spota. En esta película lo interpreta Marc Boyle.
  • Una adaptación al cómic, dibujado por Jim Steranko, apareció en la revista ‘Heavy Metal’ en los números de julio y octubre de 1981, así como en el de enero de 1982. La versión novelada corrió a cargo de Alan Dean Foster, publicada por Warner Books.

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