El coloso en llamas
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Si hay un género en el cine que nunca va a desaparecer es el de catástrofes. El ser humano, violento y morboso por naturaleza, siempre ha sentido fascinación por los desastres sazonados con muerte y destrucción. Y la industria del cine hace tiempo que se dio cuenta del filón que esto representaba. Desde películas memorables hasta otras más actuales, si algo caracteriza a este tipo de cintas es la lucha incansable por sobrevivir a una muerte aparentemente inevitable. Concretamente hay una que, desde bien pequeño, me causó una honda impresión. Bienvenidos a ‘El coloso en llamas’, una superproducción incombustible y todo un icono del género.

“Un día de éstos van a morir 10.000 personas en esas ratoneras y yo seguiré tragando humo y sacando cadáveres hasta que alguien nos consulte para construirlos” (O’Hallorhan)

El coloso en llamas

Crítica de El coloso en llamas

Quizás el nombre de Irwin Allen no le suene a mucha gente, pero si digo que produjo La aventura del Poseidón’ (Ronald Neame, 1972), entonces, la cosa ya cambia. Dos años más tarde se encargó de producir ‘El coloso en llamas’, una superproducción convertida por méritos propios en el mayor clásico dentro del cine de catástrofes. No podemos olvidar que esta película consiguió aglutinar a algunos de los mayores astros del celuloide. Empezando por la díscola pareja rival formada por Steve McQueen y Paul Newman, los cuales aceptaron participar siempre y cuando sus nombres salieran en los créditos iniciales al mismo tiempo. Al lado de estas dos superestrellas se reunió un gran plantel de actores salidos tanto del cine como de la televisión. Todo esto en un esfuerzo por convertir esta producción en una glamourosa aventura.

La premisa es muy sencilla: un edificio en llamas que amenaza con achicharrar vivos a sus ocupantes y la incansable labor de los bomberos para tratar de rescatarlos del infierno. Sencillo y directo. Además de estar lo suficientemente bien llevado para que el invento pueda alargarse casi tres horas. ¿Cómo? con la receta perfecta en este tipo de películas: conseguir la empatía del público. En efecto, lo que fácilmente podría haber sido un metraje de hora y media se alarga hasta casi el doble mediante la inclusión en la trama de pequeñas historias paralelas. Historias que ayudan a despertar la simpatía o aversión del espectador hacia los personajes. Eso sí, sin caer en los excesos de otras cintas del género. Aquí lo vital es cómo muere la gente y, sobre todo, saber liquidar al personaje apropiado para lograr sacudir al público en sus asientos.

En ‘El coloso en llamas’ el propio Irwin Allen se encargó de rodar las escenas de acción. Por su parte, John Guillermin se centraba en el resto del metraje. En este aspecto, los directores juegan de forma inteligente con los sentimientos que despiertan los protagonistas: el vejete que se enamora de la ricachona, el chorizo que trata de escapar de las llamas, el mártir que consigue salvar a la chica a costa de dejarse el pellejo… Pequeños episodios que unidos consiguen convertir el incendio en un trágico escenario de corruptelas y cotilleos. Un drama donde el espectador se siente como pez en el agua.

También es interesante destacar cómo los personajes mueren en función del caché del actor. Es decir, cuanto mayor es el caché más tiempo vive el protagonista. A fin de cuentas no olvidemos que en los años setenta es lo que se llevaba. Eran otros tiempos y además el bueno ganaba y el malo perdía. Resulta evidente que la intención no era conseguir una película afianzada en soberbias interpretaciones y en un guión magistral. Simplemente se buscaba una cinta catastrofista de acción y suspense donde los momentos de angustia y sacrificio se suceden casi seguidos para deleite del público. Y creo que esto se consigue con creces. En lo relativo a los efectos decir que dan perfectamente el pego. Tan sólo se trataba de quemar decorados y achicharrar especialistas sin los excesos actuales.

Paul Newman

En cuanto al casting hablamos de profesionales de primer nivel. Ahora bien, el aportar el talento necesario para poder interpretar estos papeles no debió suponer demasiado esfuerzo para Steve McQueen y Paul Newman, dos actorazos ya consolidados que se subieron al tren con la única intención de hacer caja pero que desprendían una evidente química. Los demás también están a la altura, aportando su buen hacer en la medida de lo posible. En este sentido, y al margen de Newman y McQueen, los otros dos nombres importantes del póster son Faye Dunaway y William Holden. Este último como Jim Ducan, uno de los “ideólogos” de la torre.  Por cierto, caso curioso el de Fred Astaire consiguiendo aquí la única nominación al Oscar de toda su carrera.

El guión corrió a cargo de Stirling Silliphant, que ya había colaborado con Irwin Allen en ‘La aventura del Poseidón’. Su script está basado en dos novelas bastante parecidas. Los derechos de una de ellas, ‘The Tower’, fueron comprados por la Warner. La otra novela, The Glass Inferno’, era adquirido por el propio Irwin Allen. Al final se decidieron a hacer un mix entre las dos, tomando ideas de una y de otra para componer el guión. La verdad es que no es una maravilla y se resiente de ciertos fallos, pero consigue enlazar las diferentes escenas sin atropellos y manteniendo el interés en la mayor parte del tiempo.

Finalmente, la banda sonora es un apartado memorable. Destaca, sobre todo, el tema principal compuesto por John Williams. Además el compositor consigue un magnífico clímax hacia el final.

Steve McQueen

Conclusión.
Termino esta crítica de El coloso en llamas, una cinta donde lo realmente importante son las dos horas de lucha desenfrenada contra el fuego. Escaleras que se derrumban, personas envueltas en llamas, rescates imposibles, ascensores colgantes,… En definitiva, un compendio de situaciones trágicas que nos mantienen pegados a la pantalla. No seré yo quién diga si este tipo de cine es mejor o peor, pero no hay duda de que ofrece diversión asegurada para los que sean capaces de disfrutar de lo que ofrece. Ver este film significa viajar en el tiempo a una década donde el cine de catástrofes alcanzó su máximo exponente. Lo único que hay que hacer es sentarse con un buen bol de palomitas y disfrutar del espectáculo.

Tráiler de El coloso en llamas