Drive
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¿Se puede hacer cine de acción de autor? Sí, o por lo menos eso es lo que intentó Nicolas Winding Refn en este film, en donde un silencioso Ryan Gosling jugó a ser un tipo duro de los de antes en medio de un falso cuento de hadas al estilo La prueba del crimen‘. Le secundan Albert Brooks, Oscar Isaac, Carey Mulligan y Ron Perlman. Esta es la historia del Conductor. Esto es… ‘Drive’.

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“Transporter”.
“El conductor” (personaje del cual nunca sabremos su verdadero nombre) se gana la vida como mecánico y stunt de cine mientras su jefe en el taller, Shannon (Bryan Cranston), intenta por todos los medios conseguir financiación para comprar un coche de carreras con el que “El conductor” pueda competir y así hacerse rico valiéndose del talento del chico. Aunque para ello se tenga que asociar con Bernie Rose (Albert Brooks), un mafioso local con el que le une un violento pasado. Paralelamente a todo esto, el chico hace trabajos delictivos que necesitan fugas rápidas. Su vida es solitaria, y pronto queda claro que padece un grave problema de desintegración social. Hasta que, un buen día, ayuda a su vecina Irene (Carey Mulligan), a la que el coche la acaba de dejar tirada. Pronto empieza a surgir entre ambos una atracción evidente, que queda suspendida, cuando ella avise al “conductor” de que su marido (y padre de su hijo pequeño) Standard (Oscar Isaac), saldrá de la cárcel próximamente.
A pesar de los intentos de éste último por reinsertarse en la sociedad, una deuda del pasado amenaza a su familia. “El conductor” se ofrecerá para ayudarle, a cambio de hablar con los mafiosos que lo atemorizan y dejarles las cosas claras. Juntos, llevarán a cabo un último golpe que promete liberar a Standard de su deuda mortal… pero todo saldrá mal y “El conductor” se verá con un maletín lleno de dinero en su poder, y la mafia local, con (¡oh sorpresa!) Bernie Rose a la cabeza, pisándole los talones.

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Crítica de Drive.
En noviembre de 2011 durante su proyección en cines de Estados Unidos, una espectadora decepcionada interpuso una demanda contra los productores y distribuidores de ‘Drive’ por publicidad engañosa, ya que en los tráilers de promoción del film, ‘Drive’ era vendida como una cinta al estilo de la franquicia ‘Fast & Furious’, cuando en realidad, las pocas escenas de persecuciones de coches del metraje están incluidas en el tráiler. Bien, pues dicha espectadora, debería de haberse tomado todo el tiempo que precisó para redactar su queja (donde también acusaba al film de ser antisemita porque los villanos de la función son unos gangsters judíos) para informarse un poco acerca del director del film, la novela en la que se basa y en la filmografía de su protagonista. Hechos, estos tres, que ya dejaban bien claro que ‘Drive’ no iba a ser un actioner ruidoso (y muy entretenido) del estilo de ‘A todo gas o de la saga Transporterprotagonizada por Jason Statham. Dicho esto, pasemos a la crítica de Drive.

Este fue el primer largometraje en Estados Unidos del danés Nicolas Winding Refn (‘Bronson’), que vino a sustituir tras las cámaras a Neil Marshall en un cambio realmente desconcertante de rumbo por parte de los productores. Un cambio que acabó interfiriendo no sólo en el resultado creativo final de la cinta, sino en su protagonista, que en primera instancia era Hugh Jackman.

Refn optó por caminar por un sendero de grandiosidad artística que chocaba de lleno con la historia que ‘Drive’ contaba (architípica a más no poder) y su afán por redefinir el género acaba lastrando los mejores momentos del film. Así las cosas, las reminiscencias al cine de Michael Mann (banda sonora, fotografía y personaje principal solitario) quedan en agua de borrajas… porque Refn quiso firmar una cinta de acción que fuera el culmen de la pretenciosidad, al mismo tiempo que pasa por alto momentos bochornosos, para ejemplos los siguientes: ver a Ryan Gosling con un cabeza postiza con cara de retarded, o aquel que lleva al “conductor” a pasearse de día por las calles de Los Ángeles con la chaqueta totalmente ensangrentada sin llamar la atención de nadie en absoluto (¡!), y qué decir de ese instante en que es acuchillado por la espalda de la forma más estúpida posible. Si bien hay decisiones artísticas conseguidas en ‘Drive’ (su pieza sonora principal, la descarnada violencia de la que hace gala o la transformación de Albert Brooks en un villano sin escrúpulos) estas quedan finalmente minimizadas por lo presuntuoso del envoltorio final.

El argumento principal desde donde avanza ‘Drive’, ya lo hemos visto cientos de veces, y mucho mejor llevado a cabo en largometrajes como ‘Ladrón’, ‘Heat‘, ‘Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto’, ‘El último golpe’, ‘Layer Cake’, ‘The Town‘… cintas algunas mejores que las otras, pero que superan en el computo global a ‘Drive’ porque no juegan a redefinir el género sino que añaden pequeñas gotas de originalidad a un camino ya transitado antes.

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Y es que hasta los actores parecen no saber muy bien lo que están haciendo. Caso de Ryan Gosling, del cual tenemos durante muchos instantes de la cinta su peor versión en escena: impertérrito, callado e impasible ante lo que sucede a su alrededor. Gosling juega a ser Steve McQueen y (por supuesto) pierde. Es en las situaciones de explotación emocional, cuando Gosling se crece y deja ver parte de su talento, su entrada imparable en el garito del gangster europeo que extorsiona a la familia de su vecina, o la secuencia en donde primero interroga a Blanche (Christina Hendricks) para luego despachar brutalmente a dos malosos en el Motel.

Carey Mulligan lo tiene más fácil, su personaje apenas sufre cambios durante el metraje, y su cara de sufridora madre solitaria lo dice todo. Todo lo contrario que un Ron Perlman que pasa sin pena ni gloria por el relato (demostrando que solo Guillermo del Toro es capaz de sacar provecho de su talento).

Los que si rinden a un alto nivel son dos actores, con quizás, los personajes más agradecidos del relato. Bryan Cranston como el jefe de “El conductor”, un viejo tullido que ha puesto sus últimas esperanzas de ganar algo de dinero en la vida en el talento de Driver. Y un sorprendente Albert Brooks que clava a la perfección su papel de mafioso despiadado.

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En resumidas cuentas.
Incomprensiblemente ‘Drive’ se llevó elogios a tutiplen allí donde se exhibió, incluso se le concedió la “Palma de Oro” al mejor Director en el Festival de Cannes. Me hubiese gustado ver a esos mismos críticos “gafapastas”, valorar esta cinta si hubiera venido firmada por el fallecido Tony Scott…

El plano: El ridículo instante en que el conductor con una cabeza postiza acude al bar de Nino para liquidarle.
La escena: El encuentro final entre Berney & Shannon y su fatídico desenlace.
La secuencia: El conductor deshaciéndose de dos indeseables en el Motel (instante realmente conseguido que muestra el camino correcto que debió tomar la cinta en el resto de su metraje).