El callejón de las almas perdidas
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Guillermo del Toro nos lleva, en esta ocasión, por los más oscuros lugares a los que puede acceder una persona para lograr fama y dinero, hasta el punto de ningunear su propia humanidad para conseguirlo. En este film conoceremos a Stanton Carlisle como prueba fehaciente de ello. Descubriremos su arrogancia y vanidad visitando ‘El callejón de las almas perdidas’.

“Tú y yo podemos dejar una gran huella en esta ciudad” (Stanton Carlisle)

Crítica de El callejón de las almas perdidas

Cuando uno analiza la filmografía más reciente de Guillermo del Toro observa, claramente, una tendencia en abandonar su periplo “blockbuster” hacia un cine más autoral y cercano. Ese tipo de cine que el realizador mexicano hacia antes de probar las mieles del éxito en los Estados Unidos. Uno puede entender que del Toro, tras haber ganado el Oscar con La forma del agua (2017), haya tirado por un camino más alejado de los gustos del público norteamericano. En ‘El callejón de las almas perdidas’ nos ofrece un film de monstruos con piel humana. Monstruos humanos trágicos y carentes de cualquier tipo de sentimiento con tal de llenar su propia vanidad y codicia. Individuos no faltos también de pasados horripilantes e inhumanos.

La película retrata la inmundicia de persona que es Stanton Carlisle. En el film veremos cómo es capaz de alcanzar una inmerecida gloria llegando para conseguirla hasta el extremo de cometer actos horribles… La capacidad narrativa de Guillermo del Toro retrata, a su forma y estilo, cómo sucede todo esto. Desde sus comienzos y hasta su final. Un final de esos que el espectador o lo toma como una lección de karma… o ya como el tipo de humor negro del realizador. Guillermo nos demuestra cómo es el mundo y, aún sin tocar el fantástico, nos adentra en un universo muy suyo caracterizado por freaks, gente con taras y pasados, en ocasiones, trágicos.

‘El callejón de las almas perdidas’ supone una nueva adaptación de la novela de William Lindsay Gresham. Así pues, no estamos ante un remake del film homónimo protagonizado en 1947 por Tyrone Power. Esta nueva revisitación de la obra de Gresham era un deseo y, si queremos, un capricho de del Toro… pero no por ello nos deja de mostrar su madurez. La cinta también podemos considerarla como una “rara avis” en su filmografía. Eso sí, es muy suya y tan interesante como atractiva, a pesar de que puede llegar a resultar reiterativa a lo largo del metraje. Precisamente, el mayor defecto del film es su excesiva duración (¡ojo! se rumorea que existe una versión todavía más larga).

Atención al diseño de producción del film. Un diseño “menor” en términos de escala, pero espectacular y muy en la línea de del Toro con sus habituales planificaciones de cámara y fotografía. En esta última repite con Dan Lausten, con quien ya trabajó enLa cumbre escarlata (2015) y en la anteriormente citada La forma del agua (2017). Con ambas cintas, ‘El callejón de las almas perdidas’ tiene parecidos no sólo visuales sino también temáticos. Quizás la música de Nathan Johnson no sea tan exuberante (Alexandre Desplat iba a haber sido el compositor) pero cumple bien el objetivo principal.

En un término ya más personal me sorprende que mucha gente se “queda en shock” por la violencia que el director mexicano tiene en sus películas. Esto no es otra cosa que la metáfora de contraponer la belleza de un escenario con lo grotesco de la violencia pura. Hablamos de un elemento de suma importancia dentro del relato del realizador. Que a estas alturas esto, todavía, sea objeto de crítica, es algo que no comparto ni entiendo. Y más cuando hay otros aspectos que si se podrían criticar (la duración y la reiteración, tal y como ya expuse antes).

En el casting, Bradley Cooper se hace odioso desde el principio, rompiendo su imagen “habitual” de tipo cachondo y buen rollista. Aquí nos entrega a un individuo dispuesto a cualquier cosa con tal de alcanzar la gloria aprovechándose de los demás. Bradley no quiere empatizar con Carlisle ni con el público. El actor logra que el espectador vea las etapas de un tipo que carece de todo tipo de escrúpulos y que es capaz de aprovechar las oportunidades que le ofrece la vida para lograr lo que realmente quiere, incluso el amor. El amor de Molly interpretada por Rooney Mara, que tiene en su haber uno de los personajes más ricos e interesantes de la cinta. Podría decirse que es la personificación de lo más dulce de la vida. Su Molly es esa oportunidad para Carlisle de tener una existencia alejada de la vanidad y la codicia.

Cate Blanchett es la frialdad personificada como la doctora Lilith Ritter. Su rol es un tópico en sí mismo, pero muy “guillermista”. La actriz marca a su personaje con su propia presencia de femme fatale en estado puro dejando huella en cuanto aparece. El resto de personajes que entran en el relato son muy del gusto del cineasta mexicano. Por la pantalla veremos desfilar a su habitual Ron Perlman (Bruno), y a los veteranos David Strathairn (Pete), Willem Dafoe (Clem) y Richard Jenkins (Grindle). Todos ellos forman un cierto denominador común en los temas del realizador mexicano. También hay que mencionar a Holt McCallany como el guardaespaldas de Grindle y, por supuesto, el pequeño papel de Toni Collette que tendrá una importancia narrativa en el devenir de Stanton Carlisle.

En conclusión.
Termino esta crítica de El callejón de las almas perdidas, una obra “diferente” y, a la vez, no tan diferente dentro de la carrera de Guillermo del Toro. Sin tocar en esta ocasión el cine fantástico, se mantiene dentro de su propio microcosmos e incluso con sus habituales temas. Y todo ello con un elenco capitaneado por un Bradley Cooper que se recrea en su horrible personaje siguiendo la línea trazada por el realizador sobre los monstruos con piel humana. En definitiva, un relato sobre la vanidad y la codicia.

Tráiler de El callejón de las almas perdidas

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