Crudo
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Reconociendo la influencia del cine y de las crudas imágenes de David Cronenberg, comentamos la primera película de la directora parisina Julia Ducournau. Una ópera prima cargada de cierta “mitología” de desmayos, vómitos y demás. ¿Es este film en realidad tan ‘Crudo’?

“No estoy enferma” (Justine)

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Crítica de Crudo

A esta película le pasa lo mismo que a La bruja (Robert Eggers, 2015). Empiezo así esta reseña porque, nuevamente, parte de la publicidad empleada para presentarla/promocionarla le hace un flaquísimo favor de cara al público casual. Digo esto porque esta cinta se anunció como un film de terror que provocaba desmayos, vómitos y todo tipo de malestar por sus “crudas” imágenes. Sin embargo, la realidad es que ni mucho menos es para tanto.

Y la realidad es que ‘Crudo’, al igual que sucedía con ‘La bruja’, no es un film de terror al uso. Además, tampoco contiene tantísimas imágenes que provoquen “pérdida de la conciencia” y demás “historietas para no dormir”. En realidad estamos ante un drama psicológico con algún tinte de terror, esto por una parte. Por otro lado no se puede negar que la cinta que contiene imágenes desagradables, pero estas son muy pocas en relación a su metraje “standard” de 79 minutos… y tampoco son algo que no hayamos visto antes o algo que nos vaya a provocar vomitonas y demás.

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Hay que resaltar que esta es la primera película de Julia Ducournau, una directora parisina de menos de cuarenta años. La realizadora marca la cinta con un estilo personal. Lo mismo hace el inglés Jim Williams con la música. Su banda sonora resulta igual de “inquietante” y, por momentos, igual de “estridente” que la propia película. Sintonía total entre imágenes y música.

Ducournau también se ha ocupado del libreto del film. Un guión que nos habla de la familia, de la crueldad de las novatadas (algo ya totalmente anacrónico) y del daño que estas pueden producir en determinadas personas. Un daño que puede sacar al exterior perturbadoras personalidades soterradas. Y es aquí donde la película se muestra más interesante y, sobre todo, fuerte y/o perturbadora desde un punto de vista psicológico. En el film veremos a los estudiantes divididos claramente entre dominantes y dominados. Estas humillaciones y vejaciones provocarán que la protagonista pierda su inocencia y se despierte en ella un lado oscuro que, de otra forma, quizás no habría salido nunca a la superficie.

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De lo comentado en el párrafo anterior, de esa “transformación” de Justine, es donde la película se encuentra con el terror y con las imágenes desagradables o incómodas. No obstante, el libreto flaquea a la hora de que la vegana protagonista pase a ser toda una amante de la carne. Flaquea porque la “conversión” no es del todo creíble, es decir, no hay un cambio y/o transformación gradual, simplemente esto (por así decirlo) pasa de una escena a otra y ¡ya! Ahora bien, es cierto que, de algún modo, esta “ausencia” de transformación gradual se viene explicar en un final absolutamente revelador… aunque ciertamente discutible (pena no poder entrar en más detalle).

Antes también me referí a la familia. Ese es otro de los temas de ‘Crudo’. En este aspecto asistimos a la presión/control que los padres (especialmente la madre) ejercen sobre sus hijas y todo lo que tiene que ver con ellas: su alimentación, educación, estudios, salud,… Una familia que crees conocer pero que, de repente, se vuelve extraña (caso de Alexia, la hermana).

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“Sabes a curry”… La familia vegana.

Al igual que sucedía en ‘Ginger Snaps’ (John Fawcett, 2000), film con el que ‘Crudo’ guarda más de un parecido, las protagonistas principales son dos hermanas interpretadas por Garance Marillier (Justine) y Ella Rumpf (Alexia). Ambas actrices logran buenas interpretaciones y una gran compenetración natural. Especialmente destacado es el caso de Garance Marillier que dota de varios registros a su personaje. La actriz va pasando de la inocente y tímida jovencita del principio que no es capaz de levantar la vista… a la chica que vemos al final. Un buen “tour de force” para ella. Por su parte, el personaje de Ella Rumpf puedo decir que es “monocolor”, es decir, está claramente marcado por el descaro todo el tiempo.

Otro rol más o menos importante, y bien ejecutado, es el que desempeña Rabah Nait Oufella como Adrien, un joven gay que es el compañero de habitación de Justine y un punto de apoyo para ella. Finalmente, mención para Laurent Lucas y Joana Preiss como los padres de Justine y Alexia. Él pasa por ser un hombre sometido a la autoridad de su esposa. Y ella es la que manda en toda la familia, marcando unas reglas muy estrictas, sobre todo en la comida vegana.

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En conclusión.
Finalizo ya está crítica de Crudo, un film que funciona como liberadora y necesaria denuncia. En este aspecto se incide especialmente en el retrato psicológico de las personalidades soterradas y en las consecuencias que el abuso puede provocar en determinadas personas. No busquen aquí una cinta de terror al uso porque el error sería mayúsculo y llevaría a la decepción más total y absoluta.

Tráiler de Crudo