Bullitt
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“Tengo un testigo que no puede hablar. Oiga, no intente evadir la responsabilidad. Usted sabía la importancia que tenía su testimonio. Y, a pesar de eso, no tomó las medidas necesarias para protegerle. Para usted era un trabajo más. Solo eso. Yo personalmente presidiré su crucifixión pública si Ross no se ha recuperado durante el trascurso del juicio, para que yo pueda por lo menos presentar su declaración”. Steve McQueen es ‘Bullitt’.

“Trabaje usted en su campo… y yo en el mío” (Bullitt)

Crítica de Bullitt

Después de despuntar, robando intencionadamente a Yul Brynner cada escena enLos siete magníficos (John Sturges, 1960), Steve McQueen fue gestándose una filmografía perfectamente medida. Una carrera en donde él mismo controlaba totalmente a sus personajes, incluso modificando los guiones para hacerlos suyos. Parte de ese poder lo obtuvo gracias a fundar su propia productora, Solar. Y ¡cómo no! gracias también a su alzamiento como estrella de cine e icono cool en los años sesenta. Hablamos de una década claramente huérfana de emblemas que vendieran una película con su sola presencia.

Gracias al amparo de Solar, McQueen logró sacar adelante ‘El rey del juego’ (Norman Jewinson, 1965) y produjo algunas de sus mejores obras. Entre ellas, el film que hoy nos ocupa: ‘Bullitt’. Bien podemos decir claramente que ‘Bullitt’ es, sin lugar a dudas, la madre universal de las películas de acción modernas. Al mismo tiempo que su protagonista, Frank Bullitt, es el padre de los agentes de la ley individualistas. Tipos que hacían prevalecer la ley a fuerza de su orgullo y agallas personales.

El artesano Peter Yates fue el elegido por McQueen para dirigir ‘Bullitt’. El guión sería adaptado desde la novela ‘Mute Witness’ de Robert L. Fish. Su escribano fue principalmente Harry Kleiner, quien incluso estuvo presente durante el rodaje por petición expresa de McQueen. Por su parte, Philip D’Antoni en asociación con la ya citada Solar, y bajo el amparo de Warner Bros, fueron los que pusieron encima de la mesa los más de 5 millones de dólares de presupuesto. La película se estrenó en Estados Unidos el 17 de octubre de 1968.

Peter Yates dirigió, entre cine y televisión, cerca de una treintena de films. Algunos muy buenos y otros puramente rutinarios. En los ochenta se instaló definitivamente en el thriller y ya, en su ocaso, se dedicó a seguir ocioso en la pequeña pantalla. De todas sus películas, ‘Bullitt’ fue la más recordada. Todo lo que se alineó en esta producción ayudó en mucho para el misticismo que fue apoderándose de este film. De un lado, su clara adhesión al thriller de acción. Y, de otro, su realismo y la búsqueda de una crudeza y de una visceralidad latentes.

Todo lo anterior apoyado en una dirección contemplativa y muy cercana al detalle. Y una fotografía atrapante en la siempre interesante y decadente ciudad de San Francisco, obra del maestro William A. Fraker. ‘Bullitt’ avanza minuciosa en su montaje, sin estridencias. Casi alejada de las modas de los films del mismo tipo de los sesenta. Y eso la hace adelantarse al cine de género que se pondría de moda en la década siguiente y llegaría, degenerando por el camino, a las explosiones y los tiros por encima del estilo en los ochenta…

El guión puede parecer extremadamente simple, pero esconde una buena serie de capas muy notables. A destacar entre ellas: el poder de los burócratas, el agente de la ley como peón de los poderosos, la etiqueta de “sindicato del crimen” para separar a buenos y malos aunque solo de cara a la galería. También tenemos la apariencia de venerabilidad ante la verdadera honradez de aquel que no quiere que se le señale por no cumplir como una marioneta de los poderosos. Hay mucho de McQueen en su Frank Bullitt. Del McQueen que se revelaba contra los estudios que lo querían para que protagonizara las películas que más dinero les podían suministrar. Y el McQueen que, verdaderamente, quería hacer un cine que le interesara a él.

Resulta imposible escribir sobre ‘Bullitt’ y no citar su car-chase. Hablamos de una set-piece nacida, y creada, por expresa petición de McQueen y su pasión por la velocidad. La persecución, para muchos, resulta icónica y pocas veces superada. En pantalla tenemos la gloriosa y ruidosa aparición del Ford Mustang de Bullitt contra el Dodge Charger de los sicarios de Chicago.

La citada persecución se rodó en carreteras reales, pero cerradas para la ocasión. A parte de McQueen y Bill Hickman, que iban a bordo cada uno de un coche, había otros ocho especialistas que se turnaban para formar parte de la secuencia. Si miran bien, verán hasta en cuatro ocasiones el mismo Volkswagen “Escarabajo” en diferentes tramos de la misma ser adelantado. Más allá de este “fallo”, la secuencia es realmente atronadora. Todavía actualmente se respira su enorme peligrosidad y sigue dando una plena sensación de adrenalina… Cierto es que, al margen de esta set-piece, poca acción más tiene el film. Si acaso el tremebundo clímax en el aeropuerto. Un final que luego sería homenajeado enHeat (Michael Mann, 1995).

En el resto del metraje asistimos a un seco y áspero film. Una película claramente inspiradora en la filmografía de Walter Hill y muy de la escuela de Sam Peckinpah, uno de los directores de cabecera de McQueen.

El reparto de Bullitt está muy bien elegido. Como ya hemos avanzado, Steve McQueen es su líder absoluto. A pesar de que no estamos ante una de sus mejores interpretaciones, o de las que más le pueda exigir, sí que puede sea una de las más mitificadas… y con toda justicia. Sus silencios hablan tanto como sus palabras. Y cuando habla es para no dejar replicar al otro. Ojo al último plano de su rostro en la cinta y a su largamente imitado vestuario.

Por otra parte, el televisivo rostro de Robert Vaughn encajaba realmente bien como el burócrata Walter Charmers, un tipo que vive bien y al que solo le vale ganar. El mundo para él es blanco o negro. Atentos a cuando le pide expresamente a Bullitt que escolte a Ross, o a su visita al hospital donde deja ver claramente su falsa amabilidad ante el Doctor negro. Buen papel de Vaughn con un actor delante como McQueen con quien se entendía muy bien. También tenemos a Jacqueline Bisset como Cathy, la novia de Frank Bullitt. Cathy cree conocerlo bien hasta que ve su trabajo demasiado de cerca… El de la actriz inglesa es un correcto rol de acompañamiento y poco más.

Entre los secundarios encontramos a Robert Duvall como un taxista que intenta ayudar a Bullitt. Además está Simon Oakland como el superior de Frank defendiendo a su protegido, a riesgo incluso de su propio empleo. Norman Fell es un mandamás de la policía que le pide a Bullitt ser más social y pensar en el colectivo. Ojo a Fell que luce sorprendentemente serio en comparación con sus papeles de comedia. Don Gordon da vida a Delgetti, el compañero y apoyo de Frank en su afán por resolver el caso. Y, por último, Felice Orlandi es el chivato y fugado Ross, un amante de la música e inquieto testigo protegido.

“Vives en una cloaca, Frank. Día a día. Para ti, la violencia es una forma de vida” (Cathy)

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de Bullitt, uno de los primeros films de acción frenéticos. Una interpretación atrapante de Steve McQueen, un guión ejemplar y Peter Yates en su cenit. Mucho más que la persecución más icónica de la historia del cine… ¡un clásico!

Tráiler de Bullitt

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