Barry Seal: El traficante
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Traficante. Confidente. Patriota. Oportunista… Hoy toca conocer a un hombre que llevó una doble vida engañando a todo aquel que se le pusiera por delante. Le daba igual que fuera la mismísima CIA o el temido Pablo Escobar. Él los engañó a todos. Sepamos ya quién era… ‘Barry Seal: El traficante’.

“Yo soy el gringo que siempre cumple” (Barry Seal)

Crítica de Barry Seal: El traficante

Barry Seal, el hombre que inspiró esta película, fue una controvertida figura que hizo fortuna a finales de los 70 y principios de los 80. Un tipo que sirvió a los propósitos de la CIA, y a los suyos propios, desde su “base de operaciones” en Mena (Arkansas, EEUU). Barry no se limitó a realizar fotografías aéreas de los “enemigos de la democracia”, sino que también traficó con drogas, armas y aprovechó cualquier oportunidad que le saliera al paso, por muy ilegal que fuera, para ganar dinero y aumentar su adrenalina. Depende de a quién se consulte, este personaje puede ser considerado como un oportunista, un canalla, un camello o incluso un buen vecino.

Expuesto lo anterior, hay que decir que ‘Barry Seal: El traficante’ vendría a ser una mezcla deEl lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013) yEl precio del poder (Brian De Palma, 1983), por citar algunas películas en las que el protagonista empieza de la nada y va ascendiendo hasta bañarse literalmente en dólares. De hecho, del film de Scorsese también toma prestada la técnica humorística de “romper la cuarta pared”, algo que aquí hace el protagonista, interpretado por Tom Cruise, a través de una serie de videos grabados en el futuro en los que va explicando sus avatares a lo largo de los años anteriores. Incluso se acompañan estos videos de unos amenos mapas explicativos.

Como acabo de exponer, el guión de Gary Spinelli básicamente es la historia de un tipo que empieza desde abajo y que llega a acumular tantísimo dinero negro que ya lo usa como paja para los caballos. Ahora bien, Barry Seal no se nos muestra como el típico Tony Montana o Jordan Belfort. No es el caso. Barry no disfruta acumulando maletas de dinero, para él esto es un elemento importante pero secundario. Lo que motiva sus acciones es la huida de una vida monótona y la búsqueda de la adrenalina. Un chute que le da el volar esquivando las balas de las ametralladoras, los radares o a los propios aviones de la DEA. En definitiva, se nos muestra al personaje como un pícaro y un oportunista en busca de aventuras. Aventuras que no le ofrece su aburrida profesión de piloto de la TWA.

Lo importante de sus andanzas es la implicación que el personaje llega a tener en “la historia oculta” de su país, en la “lucha” contra las drogas o el comunismo en América Central. Para empezar, está el hecho de ser contratado “extraoficialmente” por la CIA con todo lo que ello significa. A posteriori, el propio Barry actuará por su cuenta y riesgo llegando a conocer y codearse con tipos como Manuel Noriega, Jorge Ochoa o Pablo Escobar. Todo contado y retratado en pantalla con un acertado tono cómico, sarcástico e irónico. Se incluyen intervenciones grabadas de los diferentes expresidentes como Jimmy Carter o Ronald Reagan. Ahora bien, cuando entablas este tipo de negocios y/o relaciones, no puedes esperar que todo salga a pedir de boca y hay que llevar cuidado con el entorno interno y externo.

Por otro lado, de la película también hay que valorar, y mucho, su lograda ambientación de finales de los 70 y principios de los 80. A ello contribuye tanto la filmación de Doug Liman como la fotografía César Charlone. Esta última con un colorido especialmente buscado para la ocasión. Amén de la convenientemente envejecida ambientación (cabinas de teléfono, coches, decorados…) y del vestuario obra de Jenny Gering.

También muy conseguidas están todas las escenas aéreas en las que el director filma a Tom Cruise a bordo de su avioneta de “intercambios”. No se buscan las exageraciones y sí que resulten creíbles. Esto se consigue de manera sobrada y más con el propio Cruise manejando de verdad los controles del aparato. No olvidemos que además de actor también es piloto. Así pues, y durante el rodaje, Cruise pilotó un Aerostar 600 y un Cessna 414 con el propio Liman de co-piloto. En el film también se puede ver un C-123 de 1954 llamado «The Fat Lady», traído para la ocasión del Museo Air Heritage del condado Beaver (Pensilvania, EEUU).

“Este es el mejor país del mundo”… Air America.

Muy claramente Tom Cruise lo es todo aquí. No recuerdo ahora mismo un plano de la cinta en que la megaestrella no salga. Y la verdad es que está francamente bien en su rol de Barry Seal, muy bien. Se puede apreciar a un Cruise entregadísimo a su labor, disfrutándola al máximo y siendo consciente de la ironía del film para ponerla de su lado y convertirlo en un producto destacado.

Aclarar que es importante ver esta película en VO porque el uso del español es casi una constante debido a los tratos que Seal hace en Panamá, Guatemala, Colombia o Nicaragua. Muchas veces gente como Escobar le hablará en español y el intérprete de turno le “traducirá” sus palabras y viceversa. También el propio Cruise se lanzará con algunas palabras en español. Entiendo que ver esta cinta doblada sería hacerle perder mucha de su gracia, sobre todo la de las secuencias que transcurren en América Central.

Al lado de Cruise/Seal no puede faltar la guapa rubia de turno tan habitual de este tipo de producciones. En esta ocasión ese rol es asumido por Sarah Wright, que se convierte en la sufrida y querida esposa a la que su marido prefiere mantener al margen de sus “negocios”. Hacia la mitad del film aparece Caleb Landry Jones en un destacado, desaliñado y currado papel como Bubba, el típico cuñado que no vale para nada más que para causar problemas. También conviene citar la muy buena labor de Domhnall Gleeson como Schafer, el operativo de la CIA que “contrata” a Barry Seal para “luchar por la libertad” en las zonas de Centroamérica. A los “amigos” colombianos de Seal los interpretan Alejandro Edda como Jorge Ochoa y Mauricio Mejía como Pablo Escobar.

A bordo de la cinta también tenemos a Jayson Warner Smith como uno de los extravagantes pilotos contratados por Seal para su peculiar flota de “Consultores Aeronáuticos Independientes” (CAI). Finalmente, menciones para E. Roger Mitchell y Jayma Mays como el típico agente del FBI y la típica fiscal que rastrean los pasos del “malo” que diría Tony Montana.

En conclusión.
Finalizo ya esta crítica de Barry Seal: El traficante, una nueva y destacada colaboración entre Doug Liman y Tom Cruise tras ‘Al filo del mañana‘ (2014). En esta ocasión ambos abandonan la ciencia-ficción para contarnos la increíble historia de un gringo que pasó por la vida sin dejar a nadie indiferente. La vida de Barry Seal no fue de ciencia-ficción pero casi. Un último apunte para los cinéfilos interesados en el personaje: si se quedan con ganas de más pueden consultar la TV Movie ‘Doublecrossed’ (Roger Young, 1991) protagonizada por Dennis Hopper.

Tráiler de Barry Seal: El traficante

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