El precio del poder
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Mayo de 1980: Fidel Castro inaugura el puerto de Mariel-Cuba con la aparente intención de dejar que algunos compatriotas se reunieran con sus parientes en los EE.UU. En 72 horas, 3.000 barcos americanos se dirigían a Cuba. Pronto fue evidente que Castro obligaba a los dueños de los barcos a llevar con ellos no sólo a los parientes, sino a los presos de las cárceles cubanas. De los 125.000 refugiados que llegaron a Florida, se estima que 25.000 tenían antecedentes penales. Bienvenidos a la crítica de El precio del poder.

Scarface

The World is Yours.
Ante la avalancha de “refugiados políticos” que llegó a EE.UU. a principios de 1980, y debido a  la sospecha de que Castro había llenado los barcos que partían con rumbo a América no solo con los familiares de ciudadanos con la doble-nacionalidad sino también con un gran número de presos de sus cárceles, las autoridades de aduanas americanas pusieron en marcha un dispositivo especial de prevención alojando a los sin-papeles sospechosos de ser peligrosos en un centro de reclusión llamado Freedom Town, ubicado bajo la autopista de Florida. Allí es a donde iban a parar a falta de la tramitación de sus visados o la deportación a su país.

Y allí es enviado Tony Montana (Al Pacino) acompañado entre otros por su inseparable amigo Manolo “Manny” Ribera (Steven Bauer). Finalmente, un buen día se hace la luz. Una  “mano amiga” les propone un trato. A cambio de sus papeles de residencia en EE.UU. tendrán que borrar del mapa a un chivato ex-mano derecha de Castro. En medio de una revuelta, Montana y Ribera cumplen con su cometido.

Ya libres, empiezan a trabajar en un restaurante-móvil desde donde ven como mientras los demás se divierten, ellos pringan lavando platos y haciendo bocadillos. Ese no era el sueño americano que se habían prometido conseguir. Cuando parecía que las cosas no iban a cambiar, Omar Suarez (F. Murray Abraham), hace su aparición en escena. La cosa va así: si ellos van al “Hotel Sun Ray”, con un maletín lleno de pasta y vuelven con otra maleta llena de pura coca colombiana, entrarán a formar parte del organigrama de Frank Lopez (Robert Loggia), uno de los peces gordos del hampa en la ciudad. Cuba y Colombia no son buena mezcla, y el intercambio es de todo menos amistoso. Montana pierde a un amigo y ve a la muerte de cerca. Ribera es herido en un brazo. Pero tienen el yeyo y el dinero. Montana no se fia de Suarez. Él entregará la mercancía y la pasta personalmente a Lopez, lo toman o lo dejan.

Así es como empiezan a ser alguien en la ciudad. Trabajando para Lopez, Montana se va ganando un status en la “empresa”. Pero con el paso del tiempo a Montana se le va quedando pequeño eso de ser un sicario. A Lopez le falta ambición y Montana quiere ser el pez más grande del océano. Montana inicia contactos con Alejandro Sosa (Paul Shenar), uno de los mayores narcotraficantes del continente sudamericano. Sosa busca socios para exportar su material. Su objetivo es introducir ingentes cantidades de cocaína de gran pureza desde Bolivia hasta EE.UU. Montana se gana el respeto de Sosa por sus valores. Pero este le avisa: “Si me jodes eres hombre muerto”. Así es como da comienzo el imperio Montana. Cada día que pasa, el antiguo balsero se convierte en toda una institución. El mundo ya es suyo.

Scarface

Quemando el sueño americano (la gestación).
‘El precio del poder’ es ante todo una ópera desatada llevada hasta el límite. Y de eso fueron conscientes desde la pre-producción todos los implicados: Oliver Stone (guionista), Martin Bregman (productor), Brian De Palma (director) y Al Pacino (protagonista). Sobra decir que el resultado final fue el buscado. La vieja fórmula no falla. Gran guionista + Gran director + Gran actor protagonista = Gran película.

El proyecto de llevar “Scarface” a la gran pantalla fue acariciado durante años tanto por Al Pacino como por Robert De Niro. El primero con Sidney Lumet en la dirección. Y el inolvidable protagonista de ‘Toro Salvaje’ con Martin Scorsese. El tandem DeNiro & Scorsese busca ante todo ser fieles al original y ambientar el film en la misma época y con la ley seca de fondo. Manteniendo las raíces italianas del protagonista principal. Mientras que Pacino abogaba por un reboot actual y que sólo tomara al personaje central del film, Tony Camonte (Paul Muni), para llevarlo más lejos aún de lo que Muni había hecho. La insistencia de Pacino a su productor habitual, Marty Bregman, hizo que este encargara un borrador de guión que no gustó a nadie. Entonces Bregman tuvo la idea de llamar a filas a Oliver Stone, que intentaba levantar cabeza tras el fracaso de su debut como director con ‘La mano’ (interesante pero fallido thriller psicológico). Stone se encontraba sin un duro en los bolsillos (por aquella época era un cocainómano habitual y eso no ayuda a ser un tipo ahorrador), por lo que no tuvo otra alternativa que retomar su viejo trabajo de guionista. Rápidamente se puso manos a la obra, empezó a investigar a diferentes tipos de gangsters latinos y a indagar sobre los códigos por los que se regían. Viajó por gran parte de Sudamérica (Cuba, Bolivia, Ecuador). Se puso en contacto con detectives de narcóticos de Nueva York y Florida, incluso vio documentos reales en video e imágenes de asesinatos entre bandas. De todo eso, salió el guión definitivo de ‘El precio del poder’, libreto que horrorizó a Lumet y encantó a Bregman & Pacino.

Lumet fuera. Entra De Palma (amigo de Stone y otro habitual consumidor de cocaína por aquella época, como Scorsese, que tuvo un amago de infarto en 1982 por tal vicio). Toda vez que el tandém definitivo ya estaba decidido, comenzó la filmación en escenarios reales de Miami, Los Angeles y Nueva York.

Scarface

Honor, plomo y sangre (el reparto).
Tony Montana es una de esas extrañas criaturas a punto de explotar que tanto ama Al Pacino (sírvase de ejemplo sus numerosos trabajos en teatro o su recital maravillosamente delirante en ‘Dick Tracy’). Montana se engrandece bordeando la locura, siempre a punto de perder el control sobre sí mismo, capaz de querer (Elvira, Gina, Manny) y acabar destrozando todo lo que quiere. Y en ese tipo de personajes Pacino se mueve como pez en el agua, logrando una de las mayores creaciones de todos los tiempos que un actor haya ofrecido en pantalla. Un tour de force apoteósico por parte de un Al Pacino que por aquellos tiempos (principios de los 80s, tras el fracaso en todos los sentidos de ‘A la caza’) andaba como loco por hincarle el diente a un personaje de dimensiones estratosféricas y que en el gangsta cubano acabó encontrando.

DePalma ayudó en mucho a la creación de tal icono. Su presentación a las masas, primer plano de Montana y su cicatriz con la cámara girando 360 grados alrededor de él. El sensacional uso de la cámara grúa cuando toca. Las escenas en Freedom Town, el aplaudido y escalofriante plano desde el baño del Hotel Sun Ray hasta el coche de Manny y de vuelta a la ventana ensangrentada del baño. Los picados, como aquel que deja ver la muerte inminente de Rebenga (Roberto Contreras). El impresionante cara a cara de un Montana herido frente a Lopez y Mel en el concesionario del primero, donde Tony descubre la traición de Lopez. Montana mirando detrás del cristal al zepelin con el lema “El mundo es tuyo”. El “digan adiós al chico malo” con un Montana en pleno descenso a los infiernos, empujado por la mano boliviana de Alejandro Sosa y sus poderosos amigos de las altas esferas, escena que detalla con enorme precisión lo que es Montana, un hombre recto, con sus defectos (muchos) pero también con sus virtudes (inalterables). Un tipo que nunca mató a nadie que no lo mereciera y que ahora está a punto de cruzar la línea, el punto de no retorno, empujado por la ambición de Sosa y por los errores del descuidado Manny. Y es ahí donde sale a relucir toda su humanidad. En aquel fatídico viaje a Nueva York, donde acude a cometer un asesinato político, que es lo último que un señor de la droga cubano querría hacer. Montana es humano, no un ser sin sentimientos como Sosa y su mano derecha Alberto “La Sombra” (Mark Margolis). Montana  fue en busca de su libertad y volvió a casa con su carta de defunción en la mano. La última llamada de Sosa fue definitiva, tocaba ir a la guerra. A partir de ahí la mirada perdida de Montana, la montaña de coca en la mesa, los monitores de sus cámaras de vigilancia atrás de él sin que nadie les preste atención. Y el histórico tiroteo final.

Todo en “Scarface” es deslumbrante. Un lujo para los amantes del género que viene de la mano de un genio como Brian De Palma en busca de su magnum opus. Un director injustamente incomprendido. El Guti de Hollywood. Talento por los cuatro costados, al que solo le faltó un buen publicista. No hay otra explicación. No puede ser que el firmante de films como: ‘Hermanas’, ‘El Fantasma del Paraíso’, ‘Fascinación’, ‘Carrie‘, ‘Vestida para matar’, ‘Doble cuerpo’, ‘Los Intocables’, ‘Corazones de hierro‘, ‘Atrapado por su pasado’, ‘Misión Imposible‘, ‘Ojos de serpiente’… no cuente ni con una mísera nominación al Oscar, ni haya recibido ningún premio significativo con semejante carrera a sus espaldas. Vergonzoso es poco…

De Palma, además, en este film está apoyado en un elenco de actores perfectos cada uno en su rol. Steven Bauer como Manny Ribera, el protegido de Montana, su amigo y compañero tanto en el ejército (aún en Cuba) como en su ascensión al Olimpo en Miami. Bauer cumple y no desentona, aún teniendo la mayoría de sus escenas junto a un Pacino insuperable. Este actor que vivió en sus carnes el exilio cubano tuvo su momento de fama en los 80s, pero ya entrados en los 90s se fue perdiendo más y más en insignificantes producciones baratas con intento de reconversión en actioner de tres al cuarto incluido. Toda vez que se dio cuenta de que para ser un héroe de acción no solo basta un buen físico, Bauer tuvo que contentarse con apariciones especiales de forma esporádica en films de primera categoría como ‘Las dos caras de la verdad’ o ‘Traffic’.

Robert Loggia es Frank Lopez, un personaje hecho a la  medida de este gran actor. Lopez es demasiado blando para ser un señor de la droga y eso Montana lo huele enseguida, el alcohol le da la bravura que su falta de cojones (como bien le dice Montana) le niega. Su patético final, además de ser un momento para el recuerdo, lo retrata en cuerpo y alma.

F. Murray Abraham tiene a su cargo el (agradecido) papel de mano derecha de Lopez, Omar Suarez. Abraham disfruta plenamente de un papel que le da rienda suelta para divertirse y alejarse de las producciones serias que por aquellos años protagonizaba. Lástima que no explotara más ese don para la comedia que tiene (Omar Suarez y su papel en ‘El último gran héroe’ dan fe de ello).

Paul Shenar es el temible Alejandro Sosa. Y es justamente ese adjetivo el que clava Shenar. Su actuación es notable y mantiene el tipo en los cara a cara con Pacino. Shenar fue uno de tantos actores con cara de chulo-ricachon (a lo Armand Assante) que está que ni pintado en este tipo de producciones. Su carrera prácticamente se basó en TV y murió en 1989 en California.

Michelle Pfeiffer interpreta con las pocas tablas en la actuación que tenía a sus espaldas por aquellos tiempos a Elvira Hancock (la mujer de Montana, la cual se adjudica como trofeo tras quitar de delante a Lopez). Bastante floja la performance llevada a cabo por la actriz que luego nos dejaría para el recuerdo su Catwoman en Batman vuelve, su delicioso retrato de una mujer solitaria y dolida en ‘Frankie & Johnny’ (de nuevo junto a Pacino) o su notable demostración de talento en Yo soy Sam‘. En ‘El precio del poder’ es palpable que para la Pfeiffer los inicios fueron duros (llegó al rodaje recién salida del fiasco de ‘Grease 2’). En su caso se puede decir aquello de que su físico se anticipó a su talento. La mejor Catwoman cinematográfica consiguió el papel por su facciones felinas (y porque se pagó el avión que la tenía que llevar a la audición), Montana la llama “tigresa” en varios momentos del film. Pero ese lado salvaje suyo que intuye su rostro no aparece salvo en su última escena en el film. El resto del tiempo se lo pasa colocada y adornando la escena, mujer florero que se llama.

Y para completar el reparto de destacados, Mary Elizabeth Mastrantonio que convierte en puro fuego sus encontronazos con Montana (con un rostro que la ayuda en mucho) y a la misma vez es capaz de destilar esa dulzura y pureza que la hacen tan especial a los ojos de su hermano mayor. Va ganando protagonismo a medida que avanza el film y acabará desencadenando trágicos sucesos allá por donde pasa.

El film fue fotografiado de forma magistral por John A. Alonzo (fallecido en 2001 y a quien van dedicado los reportajes especiales de los extras del DVD con motivo del 25 aniversario del film). El trabajo llevado a cabo por Alonzo es insuperable, mostrando en pantalla imágenes de una belleza hipnotizante, que luego De Palma barniza de rojo sangre. Y como olvidar la imponente banda sonora de Giorgio Moroder (el rey del sintetizador). Una soundtrack que pone los pelos de punta, desde su opening hasta el cierre final.

Scarface

La creación de un mito: Tony Montana By Al Pacino.
“Me llamo Antonio Montana”. Esas son primeras palabras de Al Pacino en “Scarface”. El inicio de la exhibición de talento que el protagonista de ‘Insomnio’ brinda a la platea. Un icono, que sigue vigente hoy día (cuando ya hace más de 25 años desde su estreno). Tony Montana es un mito que ha traspasado hasta al propio Pacino. Los raperos lo han adoptado como su dios y guia. Villanos y gangsters posteriores de origen latino, están claramente basados en él. Con ” Scarface” llegó al mundo el gangster latino a gran escala y por la puerta grande. Capaz de rivalizar con los mafiosos italianos, el hampa británica o las temibles bandas del Este. Imitado y glorificado por muchos a lo largo del mundo, Tony Montana es todo un símbolo. El símbolo de que aún no teniendo nada, con esfuerzo, valentía, honor y pelotas puedes llegar a lo más alto. Ser el Rey, en este caso el Rey del Narcotrafico de Miami.

Pacino habla así de los motivos que le llevaron a hacer el film y de como afronto la creación de Tony Montana: “Durante mucho tiempo había oído hablar de “Scarface”. Era el modelo de todas las películas de gángsters. Por aquellos años yo estaba trabajando en ‘La Resistible tentación de Arturo Ui’ (en Teatro) y veíamos viejas películas de los años treinta entre ensayos. La única que no conseguimos fue ‘Scarface’. Un día paseando por Sunset Boulevard vi que en una pequeña sala de cine la proyectaban y entré con unos amigos a verla. Ví una película extraordinaria: tenía una emoción muy real, una emoción grandiosa, y contaba con una gran interpretación de Paul Muni. Hizo algo distinto. Me pareció que sería interesante volver a hacerla pero de otra manera. Así que llame a Marty Bregman, y el la vio y se emocionó mucho con el proyecto. Quería llevar al personaje más allá”.

“Al principio era casi un popurrí: usé todo lo que sabia. Al venir del Bronx, al ser de alguna manera latino, tengo ciertas conexiones con el sentimiento latino, aunque la cosa cubana es muy distinta. Podía imitar el acento puesto que desde pequeño había oído hablar español y sus diferentes entonaciones dependiendo de la procedencia. Imitar su forma de moverse. También trabajé con Bob Easton mi profesor de dialecto. Entrené con un preparador físico y con un experto en combate con cuchillos. Ellos me ayudaron a dar con esa mirada salvaje del personaje y conseguir el cuerpo que este debía tener”.

“Si tuviera que decir si me fijé en alguien real para el papel, tengo que decir que usé un poco de la personalidad del boxeador Roberto Durán. Un aspecto leoniano que le venia muy bien a mi personaje. También me fijé mucho en la interpretación de Meryl Streep en ‘La Decisión de Sophia’. John Alonzo, el director de fotografiá de Scarface, me habló en español durante todo el rodaje, yo se lo pedí, aunque muchas veces no entendía nada de lo que decía”.

“No creo que al salir de la proyección de ‘Scarface’ a la gente le dan ganas de meterse coca. No me parece ni mucho menos que el film esté a favor del consumo de droga. Como mucho dice que hay mucha coca por ahí, y que Tony Montana se la está metiendo toda. ‘Scarface’ versa sobre el exceso, la avaricia y la desproporción total. El trabajo de Oliver Stone con el libreto del film fue magnífico. A donde quiera que vaya oigo a gente recitar lineas de diálogo enteras de la cinta. ‘Scarface’ tiene fuego. Todo es exceso. Exacerbamos la violencia, exacerbamos el lenguaje. Tenía el espíritu de una ópera. Es un film underground. Y es posiblemente la película más popular que he hecho. Si tuviera que guardar cinco películas mías para que en el futuro se me pudiera recordar, ‘Scarface’ sería una de ellas, sin duda”.

Scarface

En resumidas cuentas. 
Junto a ‘Atrapado por su pasado’, ‘El precio del poder’ es el díptico definitivo sobre gangsters latinos, cada uno mostrando una cara de la moneda. ‘Scarface’ marcó a toda una generación, fue pieza de culto instantánea y todos los gangstas y traficantes que vinieron después quisieron ser como Tony Montana.

El plano: La cara de Montana en primer plano mientras los colombianos sierran por la mitad a su amigo fuera de plano.
La escena: Montana al volante hablando en español (V.O.) con Alberto “La Sombra”, dejándole claro que él no va a matar a un padre con sus hijos.
La secuencia: Su  clímax final. Inolvidable.

Frases memorables:
“¿Sabes que es un “chazer”? Un cerdo. Alguien que quiere más de lo que necesita” (Frank Lopez).

“Lección Número 1: Nunca subestimes la avaricia del otro”.
“Lección Número 2: Nunca te coloques con lo que vendas” (Frank Lopez).

“Esto es el paraíso. Esto es el paraíso, te lo digo yo. Esta ciudad es como un gran coño esperando a que le jodan. En este país primero hay que tener dinero. Cuando tienes el dinero, tienes el poder. Y cuando tienes el poder, entonces tienes las mujeres” (Tony Montana).

“Frank eres un mierda… Una puta cucaracha… ¿Sabes lo que es un “chazer”, Frank? ¡Un cerdo que no vuela recto! Tú tampoco Frank. Mantuve mi lealtad hacia ti. Gané todo lo que pude por mi cuenta, pero nunca te traicioné. ¡Nunca!  Pero tú, un hombre que no tiene palabra es una cucaracha” (Tony Montana).

“A todos los cerdos les llega su San Martín” (Tony Montana).

“¿Qué miráis vosotros? No sois más que una pandilla de cretinos. ¿Y sabéis por qué? Porque no tenéis huevos para ser lo que quisierais ser. Necesitáis personas como yo. Necesitáis personas como yo para poder señalarlas con el dedo, y decir, ése es el malo. Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos? No sois buenos… Simplemente sabéis esconderos… sabéis mentir. Yo no tengo ese problema, yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento. Así que darle las buenas noches al malo, vamos, es la última vez que vais a ver a un tipo malo como yo, vamos, apartaos que va a pasar el malo, el malo quiere pasar, será mejor que os apartéis” (Tony Montana).