30 días de oscuridad
Comparte con tus amigos










Enviar

Los vampiros han sido una fuente inagotable de malos para el cine. Ejemplos los hay a patadas como Bela Lugosi y su ‘Drácula’. La adaptación al cine de la novela de Anne Rice ‘Entrevista con el vampiro’ (Neil Jordan, 1994) encabezada por Tom Cruise y Brad Pitt. Por esa misma época Coppola volvería también a los inicios del personaje vampiro por excelencia con su obra maestra ‘Drácula de Bram Stoker’ (1992). Dejando referencias al margen, nos centramos ya en la película de hoy. Estamos ante una nueva propuesta de los no muertos con David Slade tras la cámara y Josh Hartnett como el osado héroe de la función. Todo ello basado en la novela gráfica ‘30 Days of  Night’, escrita a la par por Steve Niles y Ben Templesmith. Es tiempo de pasar… 30 días de oscuridad’.

“El frío no es del tiempo. Es la muerte que se aproxima”

Crítica de 30 días de oscuridad

De vez en cuando el cine nos ofrece gratas sorpresas. Cuanto menos esperes de un film y cuando te dispongas a verlo con cero pretensiones más posibilidades tendrás de sorprenderte y pasar dos horas de diversión cinéfila. 30 días de oscuridad’ es un ejemplo perfecto de esto que comento. El film está dirigido firmemente por David Slade y dotado de un halo inquietante de terror y asfixiante locura.

La película nos muestra a unos vampiros malosos como nunca se les había visto en la gran pantalla. Estos no-muertos están dotados de una crueldad y un sadismo que los acerca a bestias sin raciocinio que sólo atienden a su sed de sangre (que por otro lado es lo que debe ser un vampiro). Pero es que además la historia está a la altura de los magníficos efectos especiales. Respecto a estos últimos es brutal la caracterización de los señores de la noche. Además, la película presume de una calificación “R”. En palabras de Salde: “Es lógico que en ’30 días de oscuridad’ haya sangre y carne despedazada en abundancia. Se trata de una cinta de vampiros, ¿no? La violencia es mala cuando es gratuita, cuando no aporta nada a la historia… La violencia es necesaria en esta película porque me sirve para narrarla”.

Por otro lado, la trama nos pone pronto en situación. Tras una presentación de la situación de la ciudad de Barrow (mediante los títulos de crédito y de su peculiaridades durante el invierno) vemos la llegada de “El forastero” (interpretado por Ben Foster). Un tipo que viene dejando tras de sí sus pisadas en la nieve y un barco con pinta de siniestro (en la primera referencia a John Carpenter del relato). Su misión será crucial para la futura llegada de los vampiros. Sin embargo, y a pesar de su aspecto desaliñado e inquietante, los lugareños sólo verán en él a un extraño que se ha desviado por la nevada. Cuando descubran sus verdaderas intenciones será demasiado tarde…

En el pueblo nos encontraremos con todo tipo de personajes. Por encima de los tenderos y de las familias acomodadas del lugar, hay que destacar al matrimonio en crisis formado por el Sheriff Eben Oleson y su esposa/ayudante Stella Oleson, ambos interpretados por Josh Hartnett y Melissa George. Junto a ellos vive y convive el hermano pequeño de Eben, Jake, al que da vida Mark Rendall. También pulula por el barrio Beau Broker, el sociópata quitanieves en cuyo pellejo encontramos a Mark Boone Junior. Serán ellos, junto a un reducido número de lugareños, los que deban de hacer frente a la mayor amenaza imaginable: unos vampiros con sed de matar y 30 noches por delante para llevar a cabo su terrorífico propósito.

Una vez puestos ya en el meollo de la cuestión empieza la fiesta. Comienza la barra libre de carnaza humana para estos demoníacos seres con dientes de rata y pálidas pieles. Unos seres dotados de una inteligencia excepcional. No hay más que ver cómo utilizan a niños y mujeres como cebos para seguir cazando. Por si fuera poco tienen su propio idioma: una dicción chunga, una especie de alemán hablado al revés. Sólo el valor de unos pocos supervivientes capitaneados por el valiente Sheriff Eben impedirá (o no) la masacre absoluta.

La principal diferencia entre esta y la típica teen-terror movie radica en varios aspectos. En primer lugar su violencia resulta desmedida (no en vano se utilizaron 4.000 litros de sangre artificial) rozando el gore made in Raimi, que aquí firmó como productor. Destaca también su perfecta utilización de los recursos del pueblo (un diez en diseño y fotografía) y el talento tras la cámara de Slade (el magistral plano picado en donde se puede ver la masacre en todo su esplendor o ese primer plano de la decapitación de un vampiro) que a la vez son sus mejores virtudes. Por último atención a la nevada ambientación. Para conseguirla se utilizaron más de 280 toneladas de nieve con un rodaje en diversas localizaciones de Nueva Zelanda, trasladándose la segunda unidad a Alaska para los exteriores.

Respecto al elenco de actores (que no estrellas), es justa la mención especial para los dos protagonistas de la función: el héroe ya citado (Josh Hartnett) y el pérfido líder vampiro (Danny Huston). Todo junto forma un entretenimiento no apto para estómagos débiles y políticamente incorrecto. Además, decir que cuenta con algunas de las mejores escenas de terror y pesadilla en años. El postre lo pone un clímax final tremendo: el enfrentamiento humano vs vampiro que promete emociones fuertes.

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de 30 días de oscuridad, una propuesta interesante a la vez que imperfecta (¿a qué viene ese atropellado final?) por momentos genial y asfixiante. Además cuenta con referencias a grandes obras, ya sean del mismo género (‘La cosa’ y el cine de Carpenter en general) o a mitos legendarios (Drácula). Cumple como adaptación de la novela gráfica y aprueba con nota como film de entretenimiento masivo con pinta de pieza de culto. Finalmente, presenta unos cuantos sustos que contentarán a los incondicionales del grito y una reinvención del mito del vampiro nueva y acertada.

Tráiler de 30 días de oscuridad