Midsommar
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Llega el momento de abrirse al sol, a la naturaleza y, sobre todo, a la influencia. Déjate atrapar por el ambiente pagano y folclórico que Ari Aster nos presenta en su segunda película. ¿Estás preparado para participar en un festival que sólo se celebra cada 90 años? ¿Estás preparado para ‘Midsommar’?

“Es otro mundo”

Crítica de Midsommar

Conviene empezar esta reseña dejando muy claro que aquí no estamos ante un film de terror al uso. Esta segunda película de Ari Aster está totalmente ligada a su ópera prima, Hereditary (2018). En consecuencia, si no les gustó lo visto allí, entonces, ya les advierto y anticipo que no les gustará nada de lo que ofrece ‘Midsommar’. En pantalla, y según la propia idea de Aster, tenemos un film desarrollado en un mundo extraño y hermético. Y eso es exactamente lo que se nos ofrece, ni más ni menos.

Para empezar, las temáticas de ‘Midsommar’ siguen estrechamente ligadas a las de ‘Hereditary’. Así pues, en esta película también partimos de un gran dolor por la pérdida. A esto se le suma el sentido de la convivencia y el significado de la familia. Las novedades son introducidas por la inclusión del tratamiento de la relación de pareja y el folklore del horror. La primera queda reflejada en el noviazgo entre Christian y Dani que se va deteriorando poco a poco. Incluso los propios amigos de Christian ayudan a ello presionándolo para que la deje advirtiéndole que ella abusa de su atención. Por su parte, el “folklore del horror” queda reflejado en la extrañísima comunidad sueca de Hårga.

Por otro lado, el ritmo es el mismo que en la ya citada ‘Hereditary’. Esto supone que el cineasta y guionista se toma su largo tiempo en la exposición de ambientes. Especialmente puede resultar algo excesivo toda la parsimonia con la que se desarrollan los hechos en la comunidad sueca. Ya anticipo que muchos espectadores terminarán realmente saturados, especialmente los más nerviosos y/o ansiosos. Hårga se convierte así en el escenario, foco y atractivo principal de la película.

Hablamos de un luminoso ambiente natural que se contrapone totalmente a la oscuridad urbanita del comienzo. El contraste es apabullante. De hecho, todo en Hårga resulta excesivo. Delante de nosotros tenemos a un grupo de gente que vive según sus propias normas y cultos siendo muy cuidadosos con su respeto. Básicamente hablamos de una comunidad cerrada y amante de la vida al aire libre. Una vida reflejada en sus extrañas runas, murales y forma de vestir. Precisamente, si uno se fija bien en los murales puede ir adivinando algunos sucesos del film… Por otro lado, toda esta comunidad viste por entero de un blanco inmaculado que se contrapone a las vestimentas de los invitados. Me remito a la frase introductoria expresada por uno de los invitados: “Es otro mundo”. Y, efectivamente, así es como te sientes viendo el film. Te sientes como un invitado más a “otro mundo”.

La recreación de Hårga fue llevada a cabo en Budapest, concretamente a unos pocos kilómetros de la ciudad. Allí, y en un plazo de dos meses, se levantaron todos los edificios de los cultistas suecos. Además, Aster también creó todo el alfabeto rúnico de esta comunidad pagana. Un alfabeto que se puede ver en sus murales, trajes, libros,…

Respecto al supuesto terror del film hay que dejarlo muy “en cuarentena”. Ya advertí al principio que esta no es una cinta típica de horror. De hecho, a nivel personal la considero más de intriga y misterio que otra cosa. Intriga y misterio que devienen de los extraños rituales, cultos y comportamientos de esta peculiar comunidad escandinava. Por otro lado, las imágenes de horror se dan con cuentagotas en los casi 150 minutos de duración. Eso sí, son secuencias explícitas (se incluyen desnudos integrales masculinos y femeninos) y desagradables (especialmente hacia el final).

Por otro lado, la música la pone el artista británico conocido como The Haxan Cloak. Las partituras que nos entrega son tremendamente ominosas y dolorosas. En este sentido, van en la línea de los primeros minutos y de las imágenes más desagradables de la cinta.

“Lo único que quiero es no estar aquí”. El infierno blanco.

Entrando con el reparto nos encontramos con Florence Pugh que es la que destaca claramente por encima del resto. La actriz inglesa nos ofrece una interpretación en la que da rienda suelta al dolor y a la depresión. No llega a los sobresalientes niveles de Toni Collette en ‘Hereditary’ pero en algunas escenas desgarradoras queda muy cerca. En la película interpreta a Dani, una joven estudiante que se une al viaje a Suecia de su novio y amigos como distracción.

Respecto al novio y los amigos estos son interpretados por Jack Reynor, William Jackson Harper, Will Poulter y Vilhelm Blomgren. Este cuarteto recrea a unos estudiantes de Antropología que están preparando el doctorado. A decir verdad ninguno de ellos llega a la altura y despliegue interpretativo de Florence. Además, en el caso de Will Poulter resulta lastimosamente desaprovechado en un rol que dice poco o nada.

Finalmente, el resto del elenco es completado por artistas suecos cuya función es la de recrear la extraña comunidad. Entre ellos cabría destacar a Gunnel Fred como Siv, una de las lideresas. También resaltar a Isabelle Grill encarnando a Maja, una joven pelirroja que no pasa desapercibida…

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Midsommar, una película que no va a dejar a nadie indiferente: se amará o se odiará. Tan válido puede ser darle una puntuación de 9 como de 3. Eso sí, mucho cuidado con hacer caso de los que la venden como algo tremendamente terrorífico porque luego la decepción será brutal. ‘Midsommar’ es, ante todo, un film doloroso en el que el horror más que mostrarse se intuye. No esperan encontrar aquí “sustos fáciles” (no hay ni uno) ni tampoco la parafernalia habitual del cine de género. Avisados están, luego no vale quejarse…

Tráiler de Midsommar