La cosa (El enigma de otro mundo)
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Superior remake del film El enigma… de otro mundo (1951) y adaptación más cercana al relato original de John W. Campbell. Hoy os hablo de una de las incuestionables obras maestras del género de terror y ciencia ficción. Una de las películas más inquietantes y terroríficas del cine moderno. Un prodigio en efectos especiales y maquillajes. Una cinta que quedará para los anales de la historia del cine de género. Bienvenidos a la crítica de La cosa (El enigma de otro mundo).

La Cosa

Crítica de La cosa (El enigma de otro mundo)

A estas alturas muy poco queda por decir de una incuestionable obra maestra del cine de terror como lo es ‘La cosa’ (The Thing, 1982), de la que ya se ha dicho absolutamente de todo y acaparado infinidad de halagos, siendo un film justamente encumbrado en la cima del cine fantástico que con el paso del tiempo ha ido ganando más y más prestigio, y todo esto a pesar del fracaso comercial y de crítica que en su día supuso esta imprescindible obra de John Carpenter. Pero nunca estará de más recordar, tanto a las viejas como a las nuevas generaciones, lo que esta película significó para el cine de género y lo que aún es capaz de transmitir hoy en día. Y es que sin lugar a dudas, ‘La cosa’ es posiblemente una de esas pocas cintas que, pese al transcurso de los años, aún es capaz de provocar verdadero horror en el espectador, e incluso en aquel que ya se encuentra sobradamente curtido en el género. Así pues, comencemos hablando un poco sobre John Carpenter, considerado como uno de los ‘maestros del fantastique’, y adentrémonos en la que es sin lugar a dudas una de las películas más importantes de la historia del cine de terror.

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Si nos remitimos a la filmografía de Carpenter, podremos comprobar que en los últimos años no se ha mostrado como un realizador especialmente constante en lo referente a la regularidad de sus producciones. De hecho, echando un vistazo a su obra, comprobaremos que ésta no llega a las 35 películas, siendo su último film ‘Encerrada’ del año 2010. Y es que casi diez años sin rodar una película es demasiado tiempo para un realizador que eclipsó al mundo con cintas de incuestionable calidad como La noche de Halloween (Halloween, 1978), ‘La niebla’ (The Fog, 1980), ‘1997: Rescate en Nueva York’ (Escape from New York, 1981) o la presente ‘La cosa’ (The Thing, 1982). De este modo, cada vez que Carpenter decide embarcarse en producción alguna, supone poco menos que un acontecimiento para todos aquellos que disfrutamos y valoramos adecuadamente su trabajo.

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Por otra parte, Carpenter quizás no pueda considerarse como un autor capaz de dotar a su trabajo de cierta diversificación o afán por explorar otros géneros, pues es bien sabido que el realizador está claramente afincado, por no decir encasillado, en el cine fantástico. Quizás tampoco se le pueda atribuir un claro y definido estilo narrativo que caracterice sin excepción alguna a todas y cada una de sus películas como para que pueda ser considerado él mismo como un propio estilo cinematográfico, como sí sucede con otros realizadores como Alfred Hitchcock o George A. Romero. Pero sin embargo, sí que se puede considerar como un autor capaz de imprimir su sello de personalidad en aspectos tan importantes como el guión o la banda sonora de sus películas, siendo capaz de convertir cualquier proyecto en una obra de culto o, como mínimo, en un producto interesante, ya sea por encargo de las grandes compañías o instaurado a través de su propia imaginación.

Curiosamente, ‘La cosa’ fue el primer proyecto que el realizador aceptó dirigir por encargo de una de las majors más importantes, la Universal Pictures, siendo ésta su primera colaboración con una compañía de alto status dentro de su competencia.

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Basada en el relato corto ‘Who goes there?’, publicado por John W. Campbell en el ya lejano 1948, y a su vez remake del filmEl enigma… de otro mundo (The Thing from Another World, 1951), de Christian Nyby y Howard Hawks, la iniciativa de filmar una revisión actualizada del film de Nyby y Hawks fue del productor Stuart Cohen, amigo personal del propio Carpenter, que dicho sea de paso no fue la primera opción para que se sentara en la silla del director, aunque finalmente fue él quien se encargó de plasmar en pantalla el sobrecogedor guión de Bill Lancaster, dando lugar a un oscuro remake que poco o nada tendría que ver con el simpático film original de 1951.

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La temática central gira en torno a un grupo de científicos que se encuentran trabajando en una estación de investigación, localizada en la Antártida, y que se ven envueltos en un terrorífico escenario cuando descubren que un ser extraterrestre que llevaba sepultado en el hielo durante millones de años ha sido encontrado y descongelado por un grupo de investigadores noruegos, de los cuales ninguno queda con vida. Esta es la premisa principal que termina convirtiendo la película en una verdadera pesadilla para cada uno de los protagonistas (y para el espectador), cuando éstos se percatan de que la criatura se trata realmente de un ser multiforme capaz de copiar y robar la identidad de cualquier ser vivo, lo que pondría en serio peligro a toda la humanidad en caso de que el extraterrestre consiguiera emigrar a la civilización.

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A partir de este momento, John Carpenter hace uso de su habilidad para dotar a la película de un insufrible ambiente de desconfianza que se apodera de los protagonistas de la función, hasta el punto en que nadie logra saber con total nitidez quién es quién, ni tan si quiera un espectador que se ve envuelto desde el primer momento en esta atmósfera paranoide de terror y tensión provocada por “algo” que aún no sabemos cómo identificar ni que aspecto tiene. De este modo, los protagonistas sufren el continuo riesgo de perder su identidad espiritual, que no la identidad física, pues son sometidos por el ente extraterrestre a un terrible y gráfico proceso de clonación posterior a la destrucción del sujeto humano célula a célula por el propio ser. Lo que implica un inmoral y tétrico suceso aún más terrorífico que la propia muerte.

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El método mediante el cual el alienígena suplanta o replica la identidad de sus víctimas, no queda plasmado en pantalla precisamente de la manera más sutil y light posible, ya que las imágenes de tal proceso siguen resultando (aún hoy en día) tan perturbadoras, sangrientas y terroríficas como la primera vez que las contemplamos. De hecho, ‘La cosa’ es una de esas películas capaces de provocar la misma tensión e inquietud que en su primer visionado, algo de lo cual pocas películas de género pueden presumir.

Los apabullantes efectos especiales fueron obra del siempre eficiente Rob Bottín, que fue uno de los principales artífices, junto al propio Carpenter, del éxito de la película años después de su estreno. Unos increíbles efectos especiales que representan con sorprendente realismo, originalidad e impacto visual las distintas formas que puede adoptar el extraterrestre durante el proceso de clonación, o mejor dicho, de asimilación de otro ser vivo.

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Desafortunadamente, por el hecho de que la película contenga ciertas dosis de transformaciones tremendamente viscerales (que no son tantas como parece, aunque sí tan contundentes e impactantes que cuesta olvidarlas y quedan presentes durante todo el metraje), ha sido en ocasiones catalogada equivocadamente como “otro film de terror plagado de efectos especiales” por todos aquellos que no fueron capaces de captar y comprender la verdadera esencia de la historia: la paranoia de grupo y el hecho de tener que enfrentarse a algo imposible de identificar a simple vista, originando un ambiente de desconfianza entre los propios integrantes de la estación que llega incluso a rozar la locura, no quedando exento de la misma ni tan siquiera el supuesto héroe principal del relato, McReady,  interpretado por un siempre muy notable Kurt Russell, actor fetiche del propio Carpenter.

Pero sin duda, el plato fuerte del film, a parte de los efectos especiales, es la narrativa que Carpenter emplea para envolver al espectador en tan malsana atmósfera, haciendo que la cámara sea un comedido y silencioso personaje más que busca la complicidad del espectador mediante la búsqueda de planos oscuros, sombríos y plagados de pesimismo, logrando una puesta en escena tan sencilla como espeluznante que termina por recrear tal ambientación de la que es difícil desconectarse aún habiendo finalizado la película. Todo ello aderezado con una extraordinaria banda sonora de Ennio Morricone que ayuda a incrementar las sensaciones a lo largo de esta experiencia cinematográfica.

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En lo referente al factor humano de la trama, si hemos visionado la película El enigma… de otro mundo’, rápidamente notaremos que el ambiente de grupo y diálogos entre los personajes de una película y otra difieren un abismo. Si en el film de Christian Nyby y Howard Hawks imperaba un ambiente de camaradería, e incluso humor, donde las conversaciones (algunas de ellas incluso simultáneas entre varios miembros del grupo) entre unos personajes bastante afines unos con otros formaban el eje principal del guión, Carpenter decide dotar a su película de un complicado colectivo en el que cada persona difiere con notoriedad del resto tanto en rasgos físicos y condición racial como en rasgos intelectuales, lo que conlleva inevitablemente a cierta individualidad y aislamiento social de cada uno de ellos. Esto origina discrepancias y rencillas que se verán acentuadas cuando el extraterrestre entre en escena y origine un ambiente de extrema desconfianza en un grupo ya de por sí poco amistoso y parco en palabras.

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Como podrán comprobar, la diferencia entre el presente film de Carpenter y la versión precedente es obvia: mientras la cinta de 1951 más que un film de género es un thriller de ciencia ficción exento de elementos verdaderamente perturbadores o inquietantes, aquí sucede todo lo contrario, encontrándonos  ante una verdadera obra maestra del cine de terror de todos los tiempos que difícilmente será superada en futuro alguno. Y es que John Carpenter, pese a que su época dorada quedó atrás, quizás debido a la realización de demasiados proyectos poco personales, mostró con creces que fue, y sigue siendo, uno de los insustituibles maestros del fantástico moderno.

Cabe mencionar también en esta crítica de La Cosa, que el propio Carpenter estuvo sumamente interesado en la realización de la secuela del film… pero tras insistir durante años con su guión a Universal Pictures y pedirle financiación sin éxito, la compañía desechó de forma reiterada su idea, aunque sí que aprobó la realización de una precuela dirigida por Matthijs van Heijiningen, ‘La Cosa’ (2011). Una verdadera lástima.

Tráiler de La Cosa (El enigma de otro mundo)