El último Boy Scout
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Tras la muy reivindicable ‘Revenge’ (1990), Tony Scott volvió al actioner chulesco puro y duro a lo grande. Y lo hizo con todos los ingredientes para llevar a cabo un trabajo de primera categoría: de un lado, un guión glorioso de Shane Black… y del otro, un Bruce Willis en el mejor momento de su carrera. Acompáñenme en esta inolvidable historia sobre la vida y obra del último de una estirpe, Joe Hallenbeck alias ‘El Último Boy Scout’. 

“Ayer me follé una ardilla hasta reventar y ni siquiera me acuerdo” (Hallenbeck)

Joe Hallenbeck

La trama: Peligro es mi apellido.
Joe Hallenbeck (Bruce Willis) es un ex-guardaespaldas que ahora se gana la vida como alcohólico y ludópata mientras intenta sacar adelante un matrimonio que se hunde y pasa sus horas muertas entre resaca y resaca jugando a ser detective privado. Después de que su mejor amigo, Mike Matthews (Bruce McGill), que además es el tipo que se beneficia a su mujer Sarah (Chelsea Field), acabe volando por los aires, el caso que este tenía entre manos caerá en las de Joe, que nunca hace ascos a un encargo bien pagado, venga de quien venga. Y más cuando ese caso, el de una stripper llamada Cory (Halle Berry) acosada por un hombre importante entre las sombras, le llevará de nuevo a la acción y le dará una oportunidad para redimir sus pecados cuando descubra que este seguimiento de rutina, sin aparente dificultad, está colateralmente relacionado con el tipo que hundió su carrera años atrás, un senador americano llamado Calvin Baynard (Chelcie Ross) con las manos muy sueltas cuando está a solas con prostitutas… Pronto las cosas empiezan a ponerse muy feas cuando, tras un brutal tiroteo, la joven bailarina exótica es asesinada a balazos y Hallenbeck tenga que hacer equipo con su novio, Jimmy Dix (Damon Wayans), un ex-jugador de fútbol americano que tiró su carrera al traste cuando se aficionó empedernidamente al demerol y a la cocaína.

-“Esto no es un juego Flash: Pistolas de verdad, balas de verdad. Es peligroso” (Hallenbeck)
-“¡Peligro es mi apellido!” (Dix)
-“El mío Cornelius, pero si lo cuentas te mato” (Hallenbeck)

Crítica de El Último Boy Scout

Tony Scott fue uno de los directores que llevó el cine de acción a otro nivel, un paso más allá. Su labor empezó a destacar en los 80, cuando comenzó a dar sus primeros pasos tras las cámaras con cintas del calibre de ‘Top Gun’ (1986), ‘Superdetective en Hollywood 2’ (1987) o Revenge (1990). Conocido (injustamente) como el menos válido de la familia Scott (era el hermano del muy irregular Ridley Scott) fue cimentándose una filmografía dentro del actioner realmente colosal, y una de las primeras y más impresionantes muestras de su talento para el género es la cinta que hoy nos ocupa. Una desenfrenada vuelta de tuerca al sub-género de las buddy movies (pelis de colegas), en donde dos héroes caídos en desgracia deben salvar la situación cuando nadie más está capacitado para hacerlo: uno de ellos es un detective sumido en el más profundo alcoholismo con un matrimonio que se hunde y una hija adolescente que le odia. Le da vida un sensacional Bruce Willis. Y el otro es una estrella consumida por su propia fama que entró en barrena cuando su mujer embarazada murió en un trágico accidente de coche, la misma noche que él hizo el partido de su vida. Rostro y voz de un muy entonado Damon Wayans.

‘El Último Boy Scout’ nació de la brillante mente de Shane Black, creador de Arma Letal(Richard Donner, 1987), que decidió dividir la personalidad del protagonista de aquella, Martin Riggs, en los dos personajes anteriormente citados y que llegado el momento harían equipo… aunque, a priori, pareciera imposible.

“Hay dos metros entre tú y yo. Puede que llegue, y puede que no. Pero si vuelves a llamarla puta saldré de dudas” (Jimmy Dix)

El último boy scout

Hablando del casting, hay que decir que roza la perfección. Aquí tenemos a un soberbio Bruce Willis, explotando de forma maestra su recién adquirida (por aquellos años) fama de perdedor con encanto. A su lado un acertado Damon Wayans, que es uno de los miembros de la familia Wayans (un clan de cómicos estadounidenses) que hizo casi siempre su carrera al margen de sus hermanos y que, al margen de esta cinta, no tuvo mucha más presencia en películas conocidas internacionalmente. Además, sumar al eterno actor de carácter; Bruce McGill que en los pocos minutos que aparece en pantalla clava a la perfección el personaje de aprovechado amigo del protagonista y se lleva unos cuantos chistes a costa de su enorme nariz.

Por otro lado, tenemos a los malos encabezados por “Shelley” Marcone, al que da vida Noble Willingham, un tipo que por su nombre posiblemente no les diga mucho, pero que si les digo que es el D.C. de la serie ‘Walker Texas Ranger’, entonces seguro que ya saben de quien les hablo. Marcone es la clase de viejo asqueroso podrido en dinero que se empeña en llamar “hijo” a todo aquel que sea más joven que él, y que se llena la boca diciendo que los agentes libres han hundido el fútbol americano, cuando es él quien lo está hundiendo con su insaciable avaricia por el dinero. Willingham lo clava dando vida este tiburón sediento de poder y es, junto a Chelcie Ross (Baynard), uno de los personajes que sujeta la trama unida entre escena de acción y escena de acción. Además, introduce entre medias de ambas una interesante sub-historia sobre apuestas deportivas dentro del fútbol americano, que sirve como hilo conductor de las set-pieces de acción y de los personajes principales. Por su parte, Taylor Negron interpreta a Milo, la mano derecha de Marcone, un auténtico cabronazo que está dispuesto a enseñar a la adolescente hija de Hallenbeck lo hombre que es si este no cesa en su empeño de estropear los planes de su jefe.

-“Eres un mal-educado, es una frase muy desagradable. ¿Que harías Joseph, si alguien te dijera: Que te follen? ¿Le arrancarías uno de sus ojos?… ¿Te crees más  chulo que nadie verdad? ¿Te crees el más chulo? Por una vez, me gustaría oírte gritar… ¡de dolor!” (Milo)
-“Pues pónme un rap” (Hallenbeck)

En el apartado femenino encontraremos a una joven y semi-debutante Halle Berry en un breve rol como Cory, la bailarina del bar de Striptease que acaba siendo cosida a balazos en plena calle. La adolescente Danielle Harris interpretó a la hija de Hallenbeck cimentando su filmografía en los 90 haciendo siempre de niñata mal-encarada… ella es, junto a una demasiado sobreactuada Chelsea Field (la esposa infiel), lo menos acertado del reparto. Un reparto en el que hacen una fugaz aparición tres intérpretes afroamericanos que más tarde lograrían cierta fama, cada uno por separado: Billy Blanks que es el futbolista Billy Cole que se vuela la cabeza en mitad de un partido al principio del film. Morris Chestnut que hace acto de presencia en un casi inapreciable rol de chico de los recados. Y por último el cómico de color Eddie Griffin como el dj enjaulado del garito donde trabaja Cory.

Aunque como ya dije, las grandes estrellas de la función son Willis y Wayans. Una doble V mágica que se conjunta de maravilla en el film. A semejante par de héroes se les acabarán uniendo una inenarrable colección de personajes secundarios, sobre todo del lado de los malos de la función, que alzarán aún más las cotas de diversión de la cinta y darán pie a un sinfín de momentos inolvidables. Y es que cuando uno nombra ‘El Último Boy Scout’ enseguida llegan a la mente una larga retahíla de escenas y frases memorables: como la del negro del sombrero que arrincona a Hallenbeck en un callejón para ser pasto de sus chistes malos. La de los dos esbirros que apalizan a Joe y Jimmy mientras se las dan de académicos de la lengua. La reunión de Gangster & cia. del bosque que culmina con un tremebundo tiroteo…Y, por supuesto, el mítico momento del “si me tocas te mato” que ha pasado a la posteridad como uno de los grandes instantes del actioner de los 90 y de la carrera de Bruce Willis, junto a su no menos emblemático “yippie kay jee”.

“¡Que te follen!” (Hallenbeck)

Joe Hallenbeck

En cuanto al estilo de la película, gran parte de ella tiene ese aire nebuloso que luego el mismo Scott daría a la fotografía de espacios cerrados de ‘Amor a quemarropa’ (1993), y mezcla la acción más tradicional de los 80 con un acercamiento al estilo videoclipero y lleno de filtros de colores que tanto gustaba a su director, y es que no por casualidad los títulos de crédito iniciales son los de un videoclip ficticio visto a través de una tele de tubo con la pegadiza canción “Fryday Night´s A Great Night for Football” de Bill Medley. Un personal estilo que el propio director iría perfeccionando con el paso de los años y que ya sería su seña de identidad en cintas posteriores como ‘Enemigo público’ (1998), ‘Spy Game’ (2001) oEl fuego de la venganza (2004) y que viviría su culmen definitivo en la excesiva y mareante ‘Domino’ (2005).

Las escenas de acción de ‘El último Boy Scout’ (coordinadas por Charles Picerni) son otro de los puntos fuertes del film: un tipo de acción de vocación artesanal con cuerpos siendo destrozados por las balas o explosiones varias, y una buena ración de persecuciones automovilísticas. Todo esto, junto a su descarnada violencia, hicieron que la cinta sufriera graves encontronazos con la censura en el momento de su estreno, sobre todo, debido a su incontable colección de lenguaje malsonante, su alto body-counter y la incorrección política de la que orgullosamente hace gala el film en una especie de ‘Las Aventuras de Ford Forlaine’ (Renny Harlin, 1990) con más muertos y fútbol.

-“¿Seiscientos cincuenta dólares? ¿unos pantalones? ¿Y te los pones? ¿Y no tienen una tele dentro o algo así?” (Hallenbeck)
-“No, que va” (Dix)

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de El Último Boy Scout, una de las mayores odas al cine macarra enorgulleciéndose de ello. Un film con unos diálogos que hacen lucirse a los actores que los pronuncian, todos y cada uno de ellos, siendo muy conscientes de en que tipo de película están y dispuestos a pasárselo en grande y hacérselo pasar igual de bien al espectador. Una auténtica pieza de coleccionista para todo aquel que disfrute con una cinta de acción de los 90. Un clásico decididamente  imprescindible. Junto a ‘Revenge’ y ‘El fuego de la Venganza’ son la santísima trinidad particular de Tony Scott.

Tráiler de El Último Boy Scout