Revenge (Venganza)
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Esta película, sin ser una obra magna dentro de la filmografía de ninguno de sus protagonistas, merece más fama de la que tiene. Es una rara avis en el curriculum de Tony Scott, que aquí optó más por el género de romance que por la acción (su punto fuerte). Protagonizaron la función, el mayor sex-symbol de los 80 Kevin Costner junto a una Madeleine Stowe de belleza arrebatadora. El rol de villano fue a parar a toda una leyenda del séptimo arte, Anthony Quinn. Es hora de que descubramos una pasión más fuerte que el amor. Es hora de… ‘Revenge’.

“Es la clase de mujer por la que un hombre haría cualquier cosa por conservarla” (Tiburón Mendez)

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La trama: El verano que vivimos peligrosamente.
La mujer de “Tiburón” es Mireya Mendez (Madeleine Stowe), que vive desencantada con la monotonía en la que ha caído su matrimonio. Ansía tener un hijo pero Tibey se niega a ello. Esto, y los continuos engaños de su esposo, han hecho que el amor que un día sintió por él haya desaparecido irremediablemente. No sólo porque Tibey tenga sus ligues extra-matrimoniales, consentidos por ella, sino porque sus negocios son mucho más sucios de lo que aparentan. “Tiburón” es un despiadado capo mafioso y declarado extorsionador, que busca colocar en el gobierno de México una marioneta política a la que controlar a su antojo, pero esconde esto a su cónyuge, haciéndola creer que es un hombre con buenas intenciones y de bien. Algo que ella no se traga a pesar de que este se lo desmienta cara a cara.

La llegada de Cochran (Kevin Costner), un joven indudablemente apuesto, hace despertar en ella el corazón ardiente que yacía dormido en su pecho. Entre ambos surge un feeling instantáneo que deviene en una pasión descontrolada y peligrosa. Al mismo tiempo, Cochran comienza a ganarse la enemistad de César (Tomas Milian), que sospecha de las intenciones del americano, más por pura homofobia hacia el invasor yanqui, que porque tenga alguna certeza del engaño entre este y la esposa de su jefe… Hartos de esconderse de Mendez y decididos a dar rienda suelta a todo su amor, Cochran & Mireya, organizan todo para pasar un fin de semana juntos en la cabaña que este tiene en mitad de la nada, en un lugar en donde hasta un mejicano se sentiría solo (Tiburón dixit). A pesar de lo calculado del intento, ambos son sorprendidos por “Tiburón” y sus esbirros.

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Crítica de Revenge (Venganza)

Bien trabajada mezcla de romance de novela (un género en el cual Costner debía de ser infalible en aquellos sus tiempos de Sex-Simbol internacional) y venganza sin paliativos, en el que además de un muy convincente Costner, nos encontramos con una actriz que rezumaba belleza y sensualidad por los cuatros costados, Madeleine Stowe (hoy día una caricatura de lo que fue), un elenco de villanos capitaneado por un soberbio Anthony Quinn y una retahíla de durísimos mexicanos y actores texanos, como Tomas Milian, Miguel Ferrer, James Gammon o John Leguizamo.

Los paisajes desérticos, su visceral crescendo de violencia, su asfixiante fotografía, sus excelentemente bien elegidas localizaciones (la descomunal hacienda de Tiburón que choca con la humilde chabola de Jay) y por encima de todos la monstruosa paliza que recibe el personaje de Cochran por parte de los sicarios de Tiburón… son algunas de sus mejores bazas. Y, luego, a la hora de la vendetta, el film no escatima en momentos de nivel (atención al cara a cara en los lavabos entre Jay & “Elefante”, el bestia que casi lo mata), incluido un plano final definitivamente amargo, que uno no espera, no, tras los numerosos cadáveres que se van quedando en el camino de Cochran y, sobre todo, no, porque es una cinta de Kevin Costner de su época de estrellato mundial, en la que uno aguarda con la guadaña preparada para ver el típico happy end Hollywoodiense.

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Luego tenemos una labor tras la cámara de lo mejor de Tony Scott, un director que no destacaba precisamente por su buen tino para el drama (a excepción de la descomunal El fuego de la venganza, su obra maestra), y que las relaciones entre hombre & mujer en sus films no pasaban del maniqueo cliché: héroe macho-men y chica florero. No obstante, hay que admitir que, lejos de su hábitat natural (el cine de acción más mainstream), Scott nos entregó una película admirable (a pesar de sus defectos), muy por encima de las expectativas que uno tendría en ella. Una cinta con una aventura amorosa muy conseguida y en la que podemos entender los motivos de sus tres protagonistas para hacer lo que hacen. Eso en su primera hora, la que se basa enteramente en el idílico affaire entre Cochran & Mireya, una locura de amor condenada a acabar mal… que es lo que narra su segunda hora. En la que el castigo inevitable de Cochran va tomando forma.

Quizás una de las pocas pegas que se le pueda poner al film es que busca claramente el contentar a las mujeres (el público potencial de Costner en aquellos años) olvidando que el cine de acción para el sector femenino es un género que no existe. Los productores y su director volcaron el peso del relato en retratar a Costner como el galán que acude a rescatar a la princesa del castillo (Stowe) pero en tono de cuento moderno… mientras que Quinn es el rey odioso, un bellaco que no está dispuesto a perder su bien más preciado.

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Para ello, al trasladar esta novela de Jim Harrison a la gran pantalla aumentaron la edad del personaje de Tibey, que fue escrito por Harrison con Jack Nicholson en mente (Harrison era un amigo muy cercano de Nicholson en la época de los 70 cuando se publicó la novela). Pero lo que representa Nicholson (un icono de rebeldía, vividor y eterno mujeriego) está en la otra punta de lo que era en aquellos tiempos Anthony Quinn, un señor mayor con pinta de rico pero avaro, de esos que no han regalado nada pero que a los que tampoco le han dado nada y con un pasado de seductor ya venido a menos. Esta pequeña modificación vino para que la concurrencia se identificara más fácilmente con las intenciones de Cochran, las motivaciones de Mireya, y viera con buenos ojos el amor que surge entre ambos. Al final, el film fue un descalabro de taquilla, algo bastante incomprensible pues era un thriller de acción-romántico, muy cuidado en todos sus detalles, basado en una novela conocida, con un reparto de actores con talento y un director en ascenso… parecía una apuesta segura, pero contra todo pronóstico no lo fue. Si bien en el mercado domestico funcionó muy bien.

Hablando de los actores, todos y cada uno de ellos están a gran nivel. Kevin Costner aporta su porte y, aún sin tener que emplearse a fondo en la parte interpretativa, hace que creamos su dolor y entandamos su sed de vendetta. Además de mostrarse como un chuleta-playa en el primer acto. Madeleine Stowe tiene en su belleza clásica mucho ganado, del resto, sin ser una gran actriz, logra sacar adelante un rol de mujer desengañada con su vida. Y Anthony Quinn ya son palabras mayores, sin duda ninguna Quinn fue uno de los mejores actores de la historia del cine, el primer mexicano en ganar un OSCAR al mejor actor. Poner en duda su capacidad artística sería de ignorantes. Aquí, ya muy lejos de su plenitud como actor, y con una edad avanzada (tenía 75 años cuando filmó la cinta, aunque seguiría trabajando asiduamente en el cine hasta el fin de sus días, dejando como obra póstuma, ‘El Protector’, junto a Sylvester Stallone y la propia Stowe) logra resultar temible y entrañable de una escena a otra. Además, por mucho que sea presentado claramente como el villano de la función, cualquier esposo se sentiría minimamente identificado con su pérdida, aunque luego las medidas que toma son tremendamente censurables. Verse traicionado por la mujer que ama y el amigo al que tenía el aprecio de un hijo, le llevan a perder la razón y a entrar en un estado catatónico del que su personaje ya no se recupera el resto del metraje… lo que humaniza su rol y engrandece la interpretación del propio Quinn.

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En el apartado de secundarios, encontramos a un buen puñado de actores latinos que se intentaban labrar una reputación en Hollywood por aquellos años, y que con el tiempo se han convertidos en caras conocidas. Miguel Ferrer es Amador. Ferrer fue un eterno secundario habitual de cualquier serie policíaca de nivel en los 80 y 90. En el film es el enlace de Cochran en el pueblucho mexicano dejado de la mano de Dios al que el americano ha ido a buscar justicia. John Leguizamo es Ignacio, un montés, primo de Amador, que no ha articulado palabra en años y que está dispuesto a ayudar al americano a encontrar con vida a su amada. Leguizamo es un intérprete bastante limitado si se le saca de la comedia  o si no se le controla. En films como ‘Atrapado por su pasado’, ‘Romeo & Julieta’ o ‘Moulin Rouge’ llevó a cabo sus mejores trabajos. Actualmente compagina su carrera artística de un lado a otro del charco, entre protagonista en films independientes de factura latina/europea, o en roles cliché en cintas Hollywood. Por último, tenemos a James Gammon, también ya fallecido y que en su último film se reencontró con Kevin Costner enLa otra hija(debut USA del español Luis Berdejo). Gammon es uno de esos intérpretes americanos con un rostro marca de fábrica USA, un auténtico actor de reparto licenciado que basó casi enteramente su carrera en el western y en personajes durísimos. Aquí da vida al Texano, un criador de caballos que ve en Cochran a un buen chico por la senda equivocada. Gammon lleva a cabo una actuación digna de recordar con un personaje realmente hecho a su medida. Tejano de pura cepa, con botas y sombrero, borracho y putero. Todo en uno, un rol que Gammon degusta como nadie.

En el apartado de la banda sonora no vamos a encontrar sorpresa, y es que estando ambientada casi enteramente en México está plagada de rancheras y guitarreo. Incluso el propio personaje de Tibey se atreve a bromear con esto cuando en determinado momento avisa de que odia las rancheras y de que si suenan es porque su mujer está enfadada con él. En cuanto a la fotografía obra de Jeffrey Kimball esta es de un marcado tono ajado, muy del estilo de la que Scott volvería a utilizar en ‘Amor a quemarropa’, no en vano también con Kimball en la misma labor, y que hace especial incidencia entre las diferencias de la opulencia de Puerto Vallarta y sus paisajes con los puebluchos de malamuerte que la rodean. Se va tornando cada vez más degradante, coincidiendo con la bajada al infierno del protagonista.

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En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Revenge (Venganza), una película que ha envejecido dignamente, mucho mejor que otras cintas de Scott como ‘Top Gun’ o ‘Días de trueno’. Se agradece su pequeña vuelta de tuerca al sub-género de cine de venganzas, introduciendo un marcado tono emocional del que suelen carecer este tipo de cintas. Estamos ante, sin duda ninguna, la cinta más desconocida y olvidada de la trayectoria de Tony Scott algo que me imagino se deberá al tremendo golpe que se dio en la taquilla americana en el momento de su estreno (recaudando unos míseros 15 millones de $, siendo el segundo film con los peores números de Scott, tras su ópera prima, ‘El ansia’) porque si miramos su contenido, ‘Revenge’ es un muy entretenido y por momentos el más logrado en la parte dramática de todos los largometrajes del hermano pequeño de Ridley.

El plano: Dos. Ese en que vemos a Cochran literalmente destrozado, abandonado y dado por muerto en el desierto. Y la cara de Tiburón, cuando se despide de Mireya en el aeropuerto, momento en que para él ya está muerta en vida.
La escena: Su desgarrador desenlace. El mayor logro dramático en toda la carrera de Tony Scott de largo.
La secuencia: Dos. Tiburón visitando a Cochran en su cabaña cuando este preparaba el equipaje para el fin de semana con Mireya (momento en el cual Tiburón acaba descubriendo por su negativa a ir con él en un viaje de negocios, la traición de su amigo). Y el mismo Tiburón, sorprendiendo a su mujer y amigo juntos unos minutos después.