Amor a quemarropa
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Tras el fulgurante éxito en festivales de ‘Reservoir Dogs’ (Quentin Tarantino, 1992), una pequeña película de cine negro dirigida por un ex-dependiente de Videoclub sin formación cinematográfica, los productores de Hollywood más avispados buscaron en sus cajones más guiones que tuvieran el sello de su autor. Así fue como se dio luz verde de inmediato a dos libretos previamente vendidos por aquel joven de labia infinita. Uno de ellos es la cinta que hoy nos ocupa. Sólo hay una pasión más fuerte que la venganza y es el ‘Amor a quemarropa’.

“Sé que usted sabe dónde están, así que dígamelo antes de que lo haga sufrir, porque de morir no se libra” (Coccoti)

Crítica de Amor a quemarropa

‘True Romance’ fue el primer guión escrito por Quentin Tarantino que le fue producido. A pesar de su autoría, Tarantino se desentendió del film y de su promoción en la fecha de estreno. La razón: los cambios en el devenir de la historia añadidos por Tony Scott (director) y Roger Avary (guionista contratado y no acreditado) para perfilar los nuevos derroteros que Scott quería añadir al libreto escrito años atrás.

Entre los cambios, los principales fueron el tono y el final. En cuanto al tono, mientras que en el script original la historia tenía un estilo hard boiled, claramente influenciado por el cine de John Woo, Scott prefirió ir por el camino de la historia romántica con una pátina de ensoñación, de irrealidad. En lo que concierne a los personajes, algunos como Coccoti (Christopher Walken) fueron recortados. Scott lo argumentó porque no ideaba una forma de mejorar su presencia tras la secuencia de la tortura a Clifford (Dennis Hopper), el padre de Clarence. Así las cosas, ‘Amor a quemarropa’ quedaba (y queda) coja de un villano a la altura, y se presenta como un descarnado y nebuloso cuento de hadas macabro, una historia de amor a quemarropa.

A pesar de lo que algunos quieran vender, no existe una versión más cercana al guión de Tarantino que la filmada por Scott. Lo único que se rodó (y no vio la luz) fue el final original del libreto vendido por el joven aspirante a cineasta. Con esta venta, Tarantino logró un dinero que luego invertiría en comprarse el coche que conduce Vincent Vega en ‘Pulp Fiction’ (1994). Además de adquirir algo de tiempo extra para seguir escribiendo un guión que pudiera financiarse con poco dinero.

En cuanto a la dirección, aún a día de hoy, y esto va sobre todo por la fotografía nebulosa y desenfocada (en muchas ocasiones), no he podido encontrar una copia que esté a la altura del culto al film. Esto debe ir en lo negativo de la película. El resto de la película contiene ese estilo (aún poco depurado) deudor del videoclip que tanto usaba Tony Scott en los 80 y 90. Alabar, eso sí, el descarnado uso de la violencia, y el tono de homenajes sin vergüenzas a Sonny Chiba, Charles Bronson, John Woo y el cine de acción urbano más macarra.

Por otro lado, y a pesar de la calidad del film, de venir avalado por la firma de Tony Scott, de su reparto y del éxito reciente de la obra prima de Tarantino tras las cámaras, ‘Amor a quemarropa’ fue un severo revés en taquilla para Warner Bros. El estudio creía tener una mina de oro en ciernes… pero la cinta no dio lo que esperaba y fue en el mercado del video donde se recuperaría con el paso de los años y, sobre todo, por el éxito posterior de la ya citada ‘Pulp Fiction’.

El elenco de ‘Amor a quemarropa’ lo encabezan Christian Slater y Patricia Arquette como Clarence y Alabama, la pareja de enamorados que desencadena todas las hostilidades y que viajan desde Detroit hasta Hollywood en busca de dar el gran golpe.

Christian Slater tenía un importante bagaje desde su debut en cines en los años ochenta. Su madre era directora de casting, y se puede decir que lo tuvo un poco más fácil que el resto de actores para llegar a salir en series y luego en películas. Aquí entrega uno de sus papeles más míticos por su aire rebelde de justiciero urbano post-adolescente. Bien interpretado, casi todo el personaje estaba ya en el guión de Tarantino. Así y todo, con recitar sus diálogos casi siempre con una media sonrisa (o un cigarrillo en la boca) y lucir una horrible colección de camisas de botones, situándose en su marca cuando tocaba, a Slater le bastó para sacar adelante su papel.

Quién sí destaca sobre manera es la excelente Patricia Arquette, con un vestuario recargado y un look de Marilyn Monroe de baratillo. Su Alabama se tendrá que ir endureciendo conforme avanzan los minutos… hasta llegar a ser quien tome las riendas de la acción, especialmente en una secuencia junto al gigante y odioso matón de Cocotti, Virgil (James Gandolfini), que es de lo mejor y más violento del film.

Dennis Hopper es otro que, con su veteranía y galones, roba la película con una aparición condensada en su primer acto. Para el recuerdo su inenarrable monólogo sobre los sicilianos y los bemoles que le echa al enfrentarse a Cocotti, al que da vida un insuperable Christopher Walken. La elección de ambos, y el duelo de miradas y gestos en su única secuencia conjunta, eleva el nivel de la cinta como mínimo dos escalones.

Gary Oldman, Brad Pitt, Samuel L. Jackson o Bronson Pinchot tienen a su cargo papeles que, si bien no se pueden considerar cameos, son roles de una sola escena. A destacar, sobre todo, el drug-dealer de cara cortada y rastas de un casi irreconocible Oldman, tan sobreactuado como solía estar en los noventa, pero aquí al servicio de su personaje y de la colección de indeseables que pueblan la cinta.

También aparecen Tom Sizemore y Chris Penn como dos agentes del FBI (Cody & Nicky) que obligan al personaje de Pinchot a trabajar para ellos si no quiere ser él quien pague el pato de la droga robada. Por último, destacar a Michael Rapaport como Dick Ritchie (uno de los amigos de Clarence) y a un desenfocado Val Kilmer como “El mentor”, una especie de espectro de Elvis Presley que sirve de guía espiritual para el joven Clarence.

“Es mejor tener un arma y no necesitarla, que necesitar un arma y no tenerla” (Clarence)

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Amor a quemarropa, una cinta mítica de los noventa con toda justicia. Mucho mejor que su psicopática hermana ‘Asesinos natos’ (Oliver Stone, 1994). ‘Amor’ traía lo mejor de los ochenta en cuanto al cine de acción, y las nuevas modas que Tarantino (como emblema) instalaría dentro del thriller negro macarra en los noventa con cintas posteriores. Sirvió también para que algunos productores se percataran de que el estilo de acción hard boiled de Hong Kong podía ser exportado con éxito a Hollywood, aunque fuera de manera recortada y fugaz durante el resto de la década.

Tráiler de Amor a quemarropa