Señalado por la muerte
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Estamos ante una “joya” dentro de la filmografía de Steven Seagal (1951). De entrada dejar claro que estamos hablando de una de esas películas que debería de estar en el Top 3 de las cintas de Seagal (junto a por ejemplo ‘Difícil de matar’ y ‘Alerta Máxima’). Y seas o no fan del aikidoka de la coleta este largometraje dirigido por el habitual serie B Dwight H. Little (‘Rapid Fire’, ‘Asesinato en la casa blanca’), lo tiene todo para que pases una hora y media de exaltación de la hombría delante del televisor. Bienvenidos a ‘Señalado por la muerte‘.

Señalado por la Muerte

Crítica de Señalado por la muerte.
Y… ¿cuáles son todos esos supuestos ingredientes infalibles que hacen de ‘Señalado por la muerte’ un peliculón del género que, por ejemplo, no encontraremos en ‘El extranjero’ (por nombrar una cualquiera de las que estrena Stewie cada mes)? pues son muy simples, pero tremendamente efectivos: Seagal de agente de la DEA infiltrado en Colombia hablando español y pasado de vueltas, las calles de Chicago como escenario de la acción, vudú, gangsters jamaicanos que molestan a la hermana y a la sobrinita de Seagal, espectaculares persecuciones de coches, decorados enteros dispuestos a ser destrozados por los cuerpos de los esbirros que con tanto estilo va dejando Seagal a su paso, luxaciones varias, frases lapidarias, un amigo negro para Stevie (que no sabe ni coger un arma todo sea dicho….), peleas con katanas y un tremendo y sorprendente clímax final en Jamaica.
Si después de enumerar todos estos ingredientes no creéis que estamos ante un peliculón de acción ochentero de primera, amigos míos, este tipo de cine no es el vuestro.

Y es que en este film se nota que por aquella época corrían buenos tiempos para Stewie, producía sus propios films con su (hoy ex) amigo Julius R. Nasso, con quien montó una productora que luego se fue a la ruina al mismo tiempo que la carrera de Seagal. Amenazaba el reino del más bruto de Hollywood a actores de más peso como Stallone y Arnold. Se lo rifaban las dos mayores productoras de aquel entonces (Warner y Fox) y sus films eran esperados por legiones de fans (que luego abandonaron al actor cuando este no supo rehacerse a tiempo…). Sin embargo, y poco antes de la entrada del nuevo milenio, a Seagal le empezó a entrar una fiebre ecológica tibetana que no pegaba para nada con las habituales y violentas tramas de sus películas, y las masas no digirieron muy bien que Seagal fuera de salvador del medio ambiente en sus cintas y luego volara una central nuclear al lado de un bosque plagado de animalitos para matar a cuatro maleantes (ver ‘En tierra peligrosa’, para más señas).

Señalado por la Muerte

Vayamos ya con la cinta en cuestión, para empezar un inciso, yo que soy un defensor de ver el cine en Versión Original, ya que es así como ha sido concebido inicialmente el film y esa es la mejor manera para enterarse de todos los matices de las interpretaciones, acentos o inflexiones de voz de los actores. Con esta película en cuestión siempre hago una excepción, ya que Steven Seagal tiene la voz en español de RAMÓN LANGA (si así, en mayúsculas) y este señor es el mejor doblador que existe en nuestro país y un crack total, lo que eleva al máximo la experiencia de escuchar a hablar al poli protagonista y que disfrutemos aún más con la ingente (y genial) colección de frases lapidarias de cool-motherfucker con las que nos deleita el repartegalletas de la coleta. Una vez dicho esto, entramos de lleno en el film.

Ya desde su comienzo ‘Señalado por la muerte’ se muestra como lo que va a ser, un non-stop de acción-gore. En sus primeros minutos se nos presenta a John Hatcher, un agente de la DEA (el departamento anti-droga americano) que trabaja de infiltrado en Colombia y que tiene como compañero a un agente autóctono de la zona. En lo que se supone una misión cotidiana para Hatcher y compañía, todo sale mal y los traficantes con los que nuestros polis de paisanos iban a hacer unos negocios, se encabronan porque saben que algo huele a podrido en Dinamarca (y en Colombia también) y matan al compañero de Seagal (que el tipo ya debería de habérselo esperado porque a Seagal los colegas no le duran mucho…). Uno de los malos es nada más y nada menos que Danny Trejo, tipo grande donde los haya, y un habitual secundario del género de acción (con quien Seagal volvería a trabajar en Ley urbana‘ y ‘Machete).

Tras este batacazo moral, Hatcher decide que ya ha tenido bastante y tras confesarse a un párroco local se vuelve a casa a coser punto de cruz e intentar buscar la paz que su trabajo no le deja tener ¡Que nooo! era broma, se vuelve a casa a ver a su hermana y sobrina. Pero hay pobre Hatcher que se piensa que va a dejar atrás los problemas, en su vuelta al hogar. De vuelta en casa, ve como Chicago, la ciudad donde creció, se ha convertido en un suburbio plagado de traficantes malencarados, mafiosos y escoria de la peor calaña que unida a  jóvenes con ganas de vivir la vida loca y policías con las manos atadas hace de su antigua casa un cóctel explosivo del cual Hatcher se encargará de encender la mecha, tras una pelea en un bar donde John le da para el pelo a unos jamaicanos melenudos (¿Qué otra clase de jamaicanos existe?). Estos resultan ser esbirros del señor de la droga del lugar, Screwface (tremendo y terrorífico Basil Wallace) que a partir de ese instante jura venganza contra todo lo que tenga que ver con Hatcher, algo que como diría Danny Madigan un colega mío fan del Chuache es “un grave error”. Y vaya si lo es porque tras un atentado en casa de su hermana, Hatcher decide ir detrás de todo lo que tenga que ver con Screwface al mismo tiempo que este se pone como meta acabar con todo lo huela a Hatcher. Para ello contará con la ayuda de su amigo ex-militar, el colega de color de turno y de un policía jamaicano que viene desde allí en busca de Screwface y unirá sus fuerzas con Hatcher.

Señalado por la Muerte

A partir de ese instante comienza la batalla de haber quien la tiene más grande y gorda. De un lado Hatcher con su llaves, luxaciones y patadas a media altura. Del otro Screwface con su ejercito de melenudos fumadores de hierba y su dominio del vudú. Este hecho otorga a la trama un hilo de misterio, ¿Tiene de verdad poderes sobrenaturales Screwface? ¿Podrá Seagal con un enemigo que tiene al espíritu de Bob Marley de su lado? ¿Por qué el vudú siempre da tan mal rollo? Todo esto nos es contestado en los desatados 30 últimos minutos finales, que incluyen un giro argumental que os dejará de piedra más aún si hablamos de una peli de Steven y un viaje (no de turismo precisamente) a Jamaica para acabar de raíz con la mafia local.

‘Señalado por la muerte’ está dirigida con su habitual impersonalidad por uno de los tantos artesanos del cine de acción de los 80s y 90s como es Dwight H. Little (que lo más reciente y ¿digno? que estrenó fue ‘Anacondas’ y algún día estrenará la adaptación al cine del videojuego ‘Tekken’). Little, que nunca será un John McTiernan o ni siquiera un Renny Harlin, se limita a encuadrar el plano, situar la cámara en el lugar adecuado para que podamos ver sin problemas las excelentes escenas de peleas del film y poco más.

Destacar finalmente en esta crítica de Señalado por la muerte, la banda sonora del siempre correcto James Newton Howard y la adecuada fotografía de Ric Waite, que elevan al film por encima de la media de calidad de las cintas de Seagal, que en los ochenta y finales de los noventa nos dejó con sus mejores largometrajes. Lástima que luego fuera degenerando una barata y cutre copia de sí mismo. Aún queda la leve esperanza de que alguien le ofrezca un guión decente para una tercera entrega de ‘Alerta Máxima’, le obliguen a bajar de peso, la hagan con un presupuesto medio-alto (60 millones de $, estaría bien) se estrene en CINES y de una vez por todas reconduzca su carrera. Yo como aporte personal dejo la posible frase promocional del film (que si se termina haciendo, quiero cobrar por ello) “Esta vez si que es muy pero que muy personal, mataron a su peluquero”.

La escena: La pelea final contra Screwface.

Frases memorables:
“¿Qué tal te ha ido?” (Compañero de Hatcher).
“Uno creía que era invencible y el otro que podía volar” (Hatcher).
“¿Y?” (Compañero de Hatcher).
“Los dos se equivocaron”. (Hatcher).