Lionheart: El luchador
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“Esto es la legión extranjera. No un club social… Te necesito aquí. Tu hermano no es problema mío. Ni tuyo tampoco. Renunciaste a tu familia cuando te alistaste en la legión. Legionario no tengo tiempo para sentimentalismos. Tú solo tienes que hacer lo que yo te diga. Así que escucha: Te vas a quedar cavando trincheras, amigo. Sólo te quedan seis meses en la legión, Gaultier… podrían ser seis años”. Jean-Claude Van Damme es Lyon Gaultier alias ‘Lionheart: El luchador’.

“¿Cómo te llamas chico? ¿¡Qué!?¿Lyon? ¡Y qué coño es Lyon! Ah, sí León. Aquí lo tenemos. ¿Quién quiere enfrentarse con el León? ¿Alguien quiere domar al rey de la selva? ¡El león! ¡El rey de la jungla!” (Joshua)

Crítica de Lionheart: El Luchador

A estas alturas nadie puede negar que Van Damme fue un icono ineludible de los años noventa. Un action-man que se permitió el lujo de pelear por el pódium en taquilla, y en videoclubs, contra colosos con muchos más medios a su alcance. Me refiero a gente como Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger o Steven Seagal. Una buena muestra de ímpetu y fe en sí mismo fue ‘Lionheart: El luchador’. Hablamos de un ambicioso film (en intenciones) pero muy justo en medios. Una cinta de artes marciales callejeras con un trabajado trasfondo dramático y un intento de tono épico conseguido a medias. Además, la película también añadía algunas trademarks muy marcadas del propio cine de JCVD.

‘Lionheart’ fue estrenada en cines de EEUU el 11 de enero de 1991 consiguiendo el tercer puesto del BO. Su recaudación final fue de 27 millones para una inversión de entre 5-6, contando el sueldo del belga. Un salario que no llegó a los 500000, lejos aún de los grandes cheques que cobraría cuando dio el paso a las grandes ligas un año después con ‘Soldado Universal’ (Roland Emmerich, 1992). En España nos llegaría el 15 de febrero de 1991 añadiendo la coletilla “El luchador”.

Personalmente le tengo especial cariño a este film por ser el primero que vi del coloso belga. Recuerdo perfectamente estar sentado viendo sus tremebundos combates siendo un niño y flipar a niveles estratosféricos con sus inenarrables peleas callejeras y su inolvidable “escalada final” a la montaña humana de Attila. Todo ello acompañado de la épica música de John Scott.

Sheldon Lettich fue el elegido para sentarse en la silla de director de este film. Y lo hizo tras sus trabajos en los lápices en un buen número de films precedentes del belga. ‘Lionheart’ se rodó durante finales de octubre hasta el mes de enero en localizaciones de Los Ángeles, Nueva York y el desierto de Nevada con el título provisional de ‘Wrong Bet’. La cinta se pudo llevar a cabo con productores independientes y fuera del circuito de las majors. Una vez filmada, Universal Pictures fue quien se hizo con los derechos internacionales de distribución. Eso sí, revendiéndolos a su vez a diferentes distribuidores fuera de USA. Esto llevó a la cinta a una especie de limbo que afectó luego a su salida en los formatos de video. Un limbo en el que se mantiene actualmente…

El libreto fue obra del propio Lettich, tomando una historia de Van Damme mucho más ambiciosa, en primera instancia, que la que a posteriori llegó al script. También ayudó en la escritura S.N. Warren. Se da la curiosidad que algunas subtramas añadidas por Warren, que no fueron usadas, dieron lugar a otra película: ‘Distrito sin ley’ (Eric Karson, 1990). Esta última contó con un presupuesto mucho más modesto y destinada al mercado del video. Incluso se rodó al mismo tiempo y con parte de los implicados en ‘Lionheart’. Olivier Gruner fue su protagonista y tiene una aparición como extra en la película que hoy nos ocupa. Por otra parte, las ambiciones de la trama propuestas por JCVD que se desecharon por motivos económicos también acabarían dando lugar a las semillas argumentales de ‘The Quest’ (Van Damme, 1996) y ‘Soldado de fortuna’ (Peter MacDonald, 1998).

En un film como ‘Lionheart’ lo importante, al fin y al cabo, son las peleas. Y aquí las hay para todos los gustos. Ya sean buscadas o porque encuentran a Lyon sin comerlo ni beberlo. Por un lado están los combates pagados que se celebran en lugares tan pintorescos como pistas de bádminton, piscinas, garajes o mansiones. Atención al combate del parking con “el Escocés” y a la inenarrable lucha de la piscina (ojo a los bañadores de Lyon y su rival). Y, por otro lado, también tendremos una buena ración de facinerosos y legionarios que recibirán buena cuenta de los puños y piernas de Van Damme. Se llevan la palma la escaramuza en el desierto con Billy Blanks y el acorralamiento en el callejón con la banda de negros.

Seamos sinceros, valorar aquí las interpretaciones sería casi absurdo. Salvando a Harrison Page como Joshua (un viejo manager lisiado) el resto no son ni muchos menos intérpretes que tuvieran la preparación o talento para destacar por sus dotes actorales. Eso sí, físicamente cumplen sobrados. Llama mucho la atención Deborah Rennard inmortalizando a Cinthya, una víbora con forma de mujer que tiene montado un muy lucrativo tinglado de brutales e ilegales combates para deleite de millonarios. Tampoco se queda atrás el siempre inquietante Brian Thompson (Russell) como su mano derecha. Con sufridas aportaciones familiares tenemos a Lisa Pelikan (Helene) y Ashley Johnson (Nicole), esta última en su primera película.

Para los “peleadores” deberíamos de abrir un párrafo al margen. Cada uno tendrá su “combate de gloria” a cada cual más celebrado. Entre los luchadores que aparecen por el film incluso encontramos a un buen número de artistas marciales que luego, más o menos, tendrían una carrera dentro del video o incluso en cines puntualmente. Así pues, por aquí veremos a Jeff Speakman (Guardaespaldas de la mansión), Billy Blanks (Legionario), Paco Prieto (Luchador de la piscina) o Stuart F. Wilson (luchador escocés). Además de las apariciones de Michel Qissi como Moustafa, un legionario enviado para atrapar al fugado de Lyon en compañía del durísimo Sargent Harton a cargo de Voyo Goric, también conocido como Vojislav Govedarica, el gigante sádico que torturaba a Stallone en Rambo (George P. Cosmatos, 1985).

Queda para final, y con toda justica, un pletórico Van Damme. Marcialmente estaba en su plenitud y físicamente impresionante. El belga de oro da todo lo que podía en ese momento para brillar más allá de las patadas y puñetazos. Se nota su inherente intento por dar mayor arco dramático a sus personajes, más allá de moverse por venganza. Si le queremos poner una pega es el exceso de puñetazos en sus combates, en contra de las patadas voladoras que lo habían llevado a destacar en sus films precedentes. Por último, atención a la inenarrable aparición estelar de Abdel Qissi como Attila, el temible e imbatible enemigo de fase final con coleta y patillas imposibles.

“Muchacho ya te he contado como me la jugaron. ¡Escúchame cabezota! Hazme caso, aunque solo sea una vez. ¡Hicimos un trato! Te dije que iríamos al cincuenta por ciento hasta el final. Lo compartiré contigo: cincuenta a cincuenta hasta el final como te dije que haría. Escucha ¡He apostado por él! ¡Todas las apuestas están por Attila! ¡Ese cabrón te va a matar! ¡Abandona!” (Joshua)

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de Lionheart: El luchador, mítica película de Van Damme. Una de esas que películas cuyo VHS muchos acabamos por quemar y que tanto fueron puestas por televisión, sobre todo a raíz de la llegada de las cadenas privadas. Un film que terminó de cimentar las películas de torneos/combates. Sin llegar al nivel top de sus mejores, sí que podemos decir que ‘Lionheart’ es “una de las imprescindibles” del belga de oro.

Tráiler de Lionheart: El luchador