La mosca
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Recuerdo perfectamente cuando esta película llegó a España. Yo me acababa de mudar a Madrid y la veía anunciada en los carteles del Metro. Su mítico tag-line: “Ten miedo. Ten mucho miedo… está llegando…” se me quedó grabado a fuego en mi cabeza de infante fascinado por el terror y los monstruos. Actualmente no he perdido nada de esa fascinación y sigo teniendo mucho miedo a lo que se nos cuenta en… ‘La mosca’.

“Estoy trabajando en algo que cambiará el mundo y la vida humana” (Seth Brundle)

Crítica de La mosca

El 15 de agosto de 1986 se estrenaba en Estados Unidos ‘La mosca’. Estamos hablando de la película más importante de David Cronenberg hasta ese momento; al menos a nivel comercial. Y ojo porque el director canadiense ya nos había entregado obras del calado de Cromosoma 3 (1979) oScanners (1981). En principio, ‘The Fly’ (título en inglés) se presentaba como un remake del clásico homónimo dirigido en 1958 por Kurt Neumann. Sin embargo, Cronenberg la llevó mucho más allá y al terreno de sus obsesiones personales. En este caso: la carne y la enfermedad.

Efectivamente, el libreto de ‘La mosca’ fue desarrollado por el propio David Cronenberg sobre un original escrito previamente por Charles Edward Pogue. Así las cosas, el director y guionista no sólo entrega un film de terror al uso, sino que va más lejos. Cronenberg ahonda aquí en su fascinación personal por la carne. A la vez que se recrea en esa idea, el peculiar director nos va mostrando también los aspectos más desagradables que puede tener una enfermedad extrema. Tampoco podemos olvidar ciertos guiños en el guión a ‘La metamorfosis’, mítica obra de Franz Kafka en la que un hombre amanece, de la noche a la mañana, mutado en un enorme insecto, probablemente un escarabajo.

La seducción por la carne queda reflejada en la figura de Seth Brundle. Hablamos de un genio que, atraído sexualmente por la periodista Verónica, llega al completo conocimiento de la carne logrando así trasladar el concepto mismo a su computadora central. Esto es algo que queda claro con frases como esta: “Las computadoras sólo saben lo que se les dice”, “No debo saber suficiente sobre la carne, tendré que aprender” o “Tengo que hacer que se vuelva loca por la carne”. Lo que viene luego es el horror de una grotesca transformación que Cronenberg llega a comparar con una enfermedad extrema: el cáncer. Así lo deja caer en un momento dado Seth ya en grave caída hacia el abismo.

Tal y como acabo de comentar, bien podemos dividir la película en dos etapas. En la primera asistimos a la presentación del invento, al desarrollo de la relación entre Seth y Verónica y, finalmente a la ejecución del experimento en el propio Seth. La segunda etapa comienza justo cuando Seth sale de la cabina sin saber que ha “viajado” con una inesperada mosca. Aquí presenciaremos las consecuencias de la fusión molecular entre Seth y el insecto, o dicho de otro modo: entra en acción la enfermedad. Y es en esta parte donde los fans del gore y del terror disfrutarán más.

Cronenberg acierta en la plasmación en pantalla de ambos “capítulos”. En el primero la presentación de los personajes es impecable dejando claras las intenciones de cada uno. Hablamos de un film con tan sólo dos protagonistas principales y un tercero en discordia, Stathis Borans, el editor de Verónica. El segundo “capítulo” es incluso mejor que el primero. Aquí Seth cambia radicalmente su comportamiento y muta su cuerpo hacia lo inenarrable. Al margen de lo horroroso y lo desagradable que resulta este segmento, también hay que resaltar su profundo tono dramático y de dolor. Un drama que tiene dos momentos claves: la explicación de “la política de los insectos” y su final elevando todo el conjunto.

Precisamente la mutación me lleva a hablar de los efectos especiales. En esta ocasión el especialista al frente de los mismos fue Chris Walas, el creador de los «gremlins». Su trabajo sólo puede ser calificado de excepcional. Tras el “viaje”, y según avanza el metraje, vamos viendo como el cuerpo de Seth Brundle va cambiando brutalmente. Todo empieza con unos fuertes pelos, manchas y llagas en la cara y el cuerpo,… Así hasta ir perdiendo por completo su aspecto humano (ojo a su museo personal de recuerdos) en un proceso degenerativo plasmado en pantalla con un extraordinario maquillaje. Tal es su calidad que, todavía hoy en día, puede provocar repulsión en algunos espectadores. Ni que decir tiene que Walas ganó el Oscar en la gala de 1987.

También muy destacados son los trucajes visuales realizados por el equipo DreamQuest. A destacar la construcción de un decorado especial que incorporaba un plató giratorio. Este escenario generaba la impresión visual de que Jeff Goldblum se movía por el techo cuando realmente estaban gateando por el suelo.

Con la batuta en la mano tenemos a Howard Shore en la que fue su cuarta colaboración con Cronenberg. En esta ocasión su música es otro elemento a destacar pues llega a conectar plenamente con los sentimientos que el film transmite. El misterio, la intriga, el drama, el dolor y el terror quedan reflejados en las partituras del maestro canadiense.

“Ten miedo. Mucho miedo”. ¿Hombre o mosca?

Tal y como anticipé antes, en el reparto tan sólo contamos con tres protagonistas que están estrechamente relacionados entre sí. La pareja del film es la formada por Jeff Goldblum y Geena Davis, pareja en la película y pareja (en aquellos momentos) en la vida real. Por otro lado, y en torno a Davis, “revolotea” John Getz. De resto no hay nadie más a quién destacar. Como curiosidad queda el cameo del propio David Cronenberg como un cirujano al que cuesta identificar porque sale con una mascarilla quirúrgica puesta en la secuencia de una pesadilla.

Jeff Goldblum interpreta a Seth Brundle en un papel que es un caramelo para él. Su performance tiene tres registros: la del científico algo tímido y excéntrico que tan bien se le da al actor, la del hombre que va perdiendo el control de su mente y, finalmente, la del hombre enfermo que ve que su vida cómo la conoció cambia hacia algo indescriptible. En todos estos registros la actuación de Jeff Goldblum es de un nivel top. Por su parte, Geena Davis es Verónica Quaife, una periodista enviada por la revista ‘Partical’ para cubrir una convención científica donde conocerá a Seth. He de decir que me gusta el tono que Davis le da a su personaje no sobreactuando en ningún momento, pese a la situación tan dramática que vivirá en la segunda parte del film. Ojo a como a la actriz gana en expresión moviendo sus ojos.

Finalmente nos queda John Getz en un papel también muy rescatable y con un par de capas. Getz interpreta a Stathis Borans, el editor jefe de ‘Partical’. En principio se presenta como un baboso, un amante despechado que no ha podido superar su ruptura con Verónica. Sin embargo, ante los giros que va dando la trama, Stathis también irá evolucionando llegando a convertirse en un inesperado caballero de radiante armadura.

“Yo sólo soy un insecto que soñó que era un hombre” (Seth Brundle)

En conclusión.
Termino esta crítica La mosca, una película que se encuadra dentro del cine de género pero que, en realidad, es un gran drama romántico con la enfermedad terminal como telón de fondo. Si uno se mete bien en la propuesta, entonces, es inevitable que al acabar el film le quede una inevitable sensación de dolor y sentimiento. Recomendada sin ningún género de dudas.

Tráiler de La Mosca