Fast & Furious 8
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Los traidores han existido siempre y siempre existirán. ¿Qué es lo que puede haber llevado a Dominic Toretto a traicionar a su tan venerada familia? ¿Por qué un hombre como él se cambiaría a la autopista oscura de la fuerza? Para conocer la respuesta vuelve a ser tiempo de conducir o morir en… ‘Fast & Furious 8’.

“Dominic Toretto nos la ha jugado”.-Hobbs.

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Crítica de Fast & Furious 8

Tras su pelotazo del 2015 en USA con ‘Straight Outta Compton’, el director F. Gary Gray volvió a la palestra de la actualidad. Una primera plan en la que se había dejado ver antaño con títulos como ‘The Italian Job’ (2003) oUn ciudadano ejemplar (2009). De esta forma, su nombre sería el elegido para ponerse al volante de la octava entrega de la franquicia de Dominic Toretto y cia. Su labor sería la de superar las grandes prestaciones de Justin Lin y James Wan en las películas anteriores. Lamentablemente hay que reconocer que Gray no ha superado la labor de sus antecesores.

Y no ha superado el trabajo de Lin y Wan porque la dirección de Gray se deja sentir como rutinaria. Una dirección que parece realizada en plan “piloto automático”. Nada de lo visto en esta octava entrega, a nivel de espectáculo, supera lo visto en las tres últimas películas ¡Ni tan siquiera la aparición de un submarino nuclear! Es como si F. Gary Gray se hubiera limitado a poner la cámara y que todo el trabajo se lo hicieran Dwayne Johnson, Jason Statham y los especialistas. Las únicas secuencias que realmente me parecen dignas de resaltar, por su sobresaliente labor, son las que tienen lugar al principio en la llamada “Carrera de la milla cubana”. Me refiero a una competición “uno contra uno” excelentemente filmada y que nos recuerda porque esto sigue siendo un film de “F&F”.

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No obstante y expuesto lo anterior, también hay que resaltar que el realizador afroamericano entrega unas buenas secuencias de acción. Secuencias que están muy lejos de la torpeza y “nerviosismo” habitual en el género (por ejemplo, el incidente en la prisión). Ahora bien, algunas peleas están tan tremendamente coreografiadas (el clímax de Deckard en un avión) que parecen un baile más que unas secuencias de peleas. En consecuencia, pierden así su aire de veracidad. ¡Ojo! también a este “nuevo mal” en el cine de acción reciente: “las peleas bailes”.

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Por su parte, Chris Morgan pierde en esta octava parte casi por completo la gasolina de su depósito. El guionista entrega un libreto que se sumerge demasiado en la autoparodia (las excesivas ocurrencias de Hobbs, o nuevamente el tratamiento de un Roman Pearce gastado) y en la telenovela más pura y dura. En este sentido, la premisa principal de la película que lleva a Toretto a traicionar a “su familia” resulta muy de teleserie de sobremesa. Es una idea que parece iluminada en el último segundo para dar continuación a la franquicia. Por no entrar en el nulo trabajo de la villana del film. Una malvada cuyas motivaciones parecen sacadas de una película de James Bond. Precisamente, la franquicia ha “evolucionado” aquí del cine de “superhéroes” (que se mantiene) al cine del famoso agente con licencia para matar.

Ahora bien, de la labor de Morgan a los “lápices”, cabe resaltar las referencias a los films más inmediatos creando acertados vínculos, alguna que otra sorprendente reincorporación, las chanzas entre Hobbs y Deckard, y las referencias directas e indirectas a personajes tan queridos como el Brian O´Conner de Paul Walker.

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Al respecto de las localizaciones se mantienen los saltos de continente en continente que tanto dinamismo le han dado a la franquicia en los últimos tiempos. En esta octava entrega visitaremos Islandia (hará las veces de Rusia), Atlanta, NY o Cuba. Sobre la isla caribeña hay que resaltar el trabajo de despachos y burocracia del equipo de producción del film. Un equipo que llegó a reunirse con altos funcionarios de Raúl Castro para conseguir todos los permisos y poder llevar así ‘F&F a la isla caribeña por todo lo alto.

Y esto no sería “A todo gas” sin los coches. Algunos de los modelos que podremos ver en esta entrega son los siguientes: el mítico Dodge Charger de Toretto, camioneta Dodge Ram modificada para circular por superficies heladas (Hobbs), Rally Fighter (Letty), Subaru WRX (Pequeño Don Nadie), el legendario Lamborghini (Roman), un viejo Chevy Fleetline de 1953 (Toretto), Ford Fairlane de 1956 (Raldo) e incluso un tanque militar Ripsaw (Tej).

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“Si haces un trato… hay que cumplirlo”… Traidor.

En las interpretaciones hagamos un repaso por las caras conocidas y por los nuevos rostros que se unen en esta octava aventura. Empezamos el repaso a los veteranos con Vin Diesel. A pesar de su cambio de rumbo hacia el mal, está muy poco exigido de manera física en esta película. Básicamente se limita a poner cara de pocos amigos y conducir el Dodge de un lado a otro. Como fan, su interacción me ha ha resultado decepcionante.

En el polo opuesto están Dwayne Johnson y Jason Statham que roban el protagonismo al casting completo por su entusiasmo y total entrega. Tan es así que esta cinta no llegaría a nada sin la participación de ambos colosos. De los demás basta con comentar lo siguiente: Tyrese Gibson recupera un poco las credenciales de su personaje. Ludacris sigue a lo suyo. Nathalie Emmanuel queda básicamente para hackeos. Por su parte, Michelle Rodriguez tiene alguna buena zurra destacable con un gigantesco ruso. Finalmente, Kurt Russell se lo sigue pasando pipa como Don Nadie.

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Las nuevas incorporaciones corren suerte diferente. Muy bien resulta Scott Eastwood metido en su rol de Pequeño Don Nadie, un “burócrata trajeado” y novato al servicio de Don Nadie, y “haciendo buenas migas” con Roman Pearce. Por el contrario, muy decepcionante ha sido la participación de Charlize Theron como Cipher. No esperéis aquí una Theron tipo “Imperator Furiosa” pues la actriz sudafricana sigue la línea marcada por Diesel y no mueve ni un músculo. Simplemente se limita a dar órdenes y, de vez en cuando, a teclear en los ordenadores. Cumplidor pero desaprovechado queda Kristofer Hivju como el esbirro principal de Cipher.

Mención al margen para el “cameo expendable” en toda regla de Helen Mirren. La veterana actriz interviene en un rol que todavía no sé cómo tomarme… Cierro este repaso con una mención para Celestino Cornielle, el televisivo actor dominicano haciendo su debut en cines con su papel de Raldo, el rival de Toretto en la “milla cubana”.

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En conclusión.
Finalizo esta crítica de Fast & Furious 8, un film que queda claramente por debajo de sus antecesoras más directas a todos los niveles. Quien haya leído mis reseñas de las anteriores entregas sabrá lo mucho que disfruto con esta saga. Ahora bien, un buen fan no es aquel que pasa “la mano por el lomo a todo”. Un buen fan es aquel que exige y que sabe reconocer cuando un trabajo no ha alcanzado el punto que debería haber conseguido. Y esto es precisamente lo que ha pasado con ‘Furious 8’. En pantalla tenemos una película que sí, que se disfruta, pero que no consigue llegar a la línea meta en la primera posición, algo que sí consiguieron sus predecesoras.

Tráiler de Fast & Furious 8