El silencio de los corderos
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Se cumplen ¡30 años! de una de película mítica que lanzó la carrera de Anthony Hopkins. Imitado, homenajeado y parodiado hasta la saciedad, su Hannibal “el canibal” Lecter se convirtió en todo un icono del terror. Es tiempo de preguntarle a Clarice Starling si ya se ha roto ‘El silencio de los corderos’.

“Quid pro quo, Clarice. Yo le digo cosas y usted me dice cosas. Quid pro quo. ¿Sí o no?” (Doctor Lecter)

Crítica de El silencio de los corderos

Empezamos esta reseña deteniéndonos un poco en Thomas Harris para conocer el origen de tan importante film. Hablamos del escritor norteamericano cuya obra homónima dio lugar a esta gran película. Harris inició su mitología de Hannibal Lecter en su segunda novela: ‘El dragón rojo’ (1981). Novela que vio la luz en cines por primera vez en 1986 bajo el título de ‘Hunter’ con Brian Cox en el rol de Lecter y bajo la dirección de Michael Mann. No olvidemos que en 2002 se estrenaría otra versión dirigida por Brett Ratner.

Tras ‘El dragón rojo’, Thomas Harris tardaría siente años en escribir la segunda parte: ‘El silencio de los corderos’. En esta segunda aventura al personaje de Lecter se le unía la otra gran creación de Harris: la novata agente del FBI llamada Clarice Starling. Nuevamente en Hollywood se fijaron en el libro y, finalmente, el 14 de febrero de 1991 se estrenaría el film en todos los cines norteamericanos por la puerta grande gracias a Orion Pictures.

Posteriormente al estreno, y ya en la ceremonia de los Oscars de 1992, la cinta conseguiría 5 estatuillas: película, actor y actriz protagonistas, dirección y guión. Para culminar el legado, Harris volvería sobre Lecter y Clarice con su tercera novela: ‘Hannibal’. Este cierre de la trilogía se publicó en 1999 siendo llevada a cines en 2001 por Ridley Scott. Pero esa ya es otra historia en la que ahondaremos otro día…

En la dirección de ‘El silencio de los corderos’ encontramos a Jonathan Demme (1944-2017). Su labor en esta película le sirvió para convertirse en un realizador cotizado hasta que cayó en el olvido tras varios traspiés importantes. Aquí destaca por su empleo de la cámara centrando la atención en Jodie Foster. Son muchos los primeros planos de la actriz que Demme emplea como técnica para situarnos en su lugar, empatizar con ella y sentir lo que siente su personaje. Objetivo que cumple muy sobradamente a lo largo del metraje, sobre todo en el clímax y en las entrevistas con Lecter. También destaca la filmación de Demme en el citado clímax. Estas escenas son muy angustiosas y con un montaje intencionadamente engañoso que supone un impacto en el público cuando se abre la puerta…

Por otro lado, Demme también logra transmitir plenamente la sensación de Clarice de estar en un mundo dominado por hombres de la Ley. En este sentido, ojo al ascensor repleto de agentes en el que sube Clarice en las oficinas de Quantico, o a la incómoda escena en una casa de Virginia con ella completamente rodeada de agentes del sheriff en una habitación. Tanto la labor de Demme como la de Foster nos transmiten una presión máxima en una escena en la que no hay ningún peligro. Presión que Demme logra repetir en la filmación de la primera entrevista entre Clarice y Lecter en las ominosas celdas del Psiquiátrico. Pese a que Lecter está encerrado, el miedo a que pueda pasar algo es latente. Amén de los gritos y breve presencia del resto de dementes masculinos.

En el libreto tenemos a Ted Tally que alcanzó su cenit tras perseguir con ahínco el poder trasladar la novela de Harris a las páginas del script. Tally decidió, muy acertadamente, centrar toda la atención en las referidas entrevistas entre Clarice y Lecter. Un inquietante y terrorífico toma y daca repleto de anagramas y puzzles que el inhumano doctor emplea como juego. Un juego en el que además exige como recompensa conocer el pasado de Clarice para satisfacer su ego y morbosidad. Se puede decir bien alto que estas entrevistas son lo mejor de la propuesta. Si bien es cierto que Lecter logra “penetrar” en el pasado de Clarice, no menos cierto es que ella lo consigue definir. En consecuencia, y pese al desaire inicial de Lecter, ambos terminan respetándose mutuamente como queda claro en la última llamada…

Por otro lado tenemos la construcción del “villano secundario”: Búfalo Bill. Y digo lo de “villano secundario” porque la presencia, maldad y poder de Lecter es tan abrumadora que el demente Bill queda completamente oscurecido. No obstante, Tally lo presenta como un intento de transexual configurado a partir del estudio del perfil de tres tremebundos criminales reales: Ed Gein, Ted Bundy y Gary Michael Heidnik. El propio Lecter lo define como: “Un desequilibrado que odia su propia identidad y cuya patología es salvaje y terrorífica”.

“Doctor Lecter, me llamo Clarice Starling. ¿Puedo hablar con usted?”. La conversación.

Respecto a las interpretaciones la gran protagonista es Jodie Foster que acumula la mayor parte del tiempo en pantalla como Clarice Starling. La interpretación de Jodie es de gran nivel mostrando a la vez fortaleza y debilidad. La fortaleza es su caparazón externo para moverse en un mundo de hombres y en un submundo abominable. La debilidad procede del drama de su pasado y salta a la luz cuando Lecter la “desnuda”, o en los momentos más aterradores. Quédense con el clímax porque resume a la perfección estas dos características de Clarice que acabo de comentar.

Anthony Hopkins es Hannibal Lecter apodado “el caníbal” por comerse a sus víctimas. Su tiempo en pantalla es limitado pero el montaje logra que pensemos que sale mucho más. Además de este efecto, la performance del actor galés es sublime. Su Lecter es tan siniestro, brillante e implacable que realmente nos transmite la sensación de que, pese a estar encerrado, podría escaparse cuándo y cómo quisiera. Hopkins controla hasta el más mínimo detalle de su actuación física y psicológica. Su figura impasible, su mirada sin parpadear, su sonrisa de maldito y su inteligencia lo convierten en uno de los villanos más memorables del cine y en el mayor icono de la carrera del actor. Hablamos de un tipo capaz de calarte a fondo con una sola mirada y destruirte psicológicamente con dos o tres palabras. Como bien dice Clarice: “No existe nombre para lo que es”.

Entre los secundarios decir que Scott Glenn logra sobresalir como Jack Crawford. Y sobresale gracias a una percha impecable y a un trato exquisito hacia Clarice. Otro que aprovecha sus minutos es Anthony Heald como el Doctor Chilton, un facineroso que intenta atormentar a Lecter y ganarse buena fama a su costa y robando el trabajo de Clarice.

Por su parte, Ted Levine ya comenté que queda tapado por la gran villanía y maldad de Lecter. Aun así, logra encarnar perfectamente a un sádico que no siente respeto alguno por la vida humana y que se burla del sufrimiento de sus víctimas. A destacar su baile escondiendo sus genitales en un intento por verse a sí mismo como una mujer. Del resto apunten la aparición de Charles Napier como uno de los veteranos policías que custodian a Lecter en la celda del Palacio de Justicia. Y también mención para Kasi Lemmons como la mejor amiga y compañera de Clarice.

“Uno del censo intentó hacerme una encuesta… Me comí su hígado acompañado de habas y un buen chianti. Vuela a la escuela pajarito. Vuela, vuela, vuela…” (Lecter)

En conclusión.
Termino esta crítica de El silencio de los corderos, un nuevo ejemplo de film que consigue trascender más allá del medio cinematográfico. Hablamos de una película que ha sido imitada y homenajeada miles de veces y que convirtió en un auténtico icono a Hannibal Lecter. La importancia del film ha sido tal que forma parte del Registro Nacional de Cine de Estados Unidos desde diciembre de 2011. No creo necesario decir mucho más…

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Tráiler de El silencio de los corderos