Dark Angel: Ángel de la muerte
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Juntemos el género de terror con la ciencia-ficción, agitemos enérgicamente y finalmente añadamos los ingredientes propios de una buddy-movie. El resultado es ‘Dark Angel’, una esquizofrénica película de acción policíaca con un pletórico Dolph Lundgren tras la pista de un traficante de drogas espacial. ¿Increíble? Pues quien quiera saber más que nos acompañe.

“Vengo en son de paz”.-Talec.

Talec

Crítica de Dark Angel: Ángel de la muerte.
La primera vez que me dispuse a ver esta película intuí que me enfrentaba a una experiencia distinta. Con una mano sujetaba la reluciente cinta de VHS, y con la otra estudiaba detenidamente la carátula. Puedo asegurar que la típica historia del policía que persigue traficantes no me hubiera sorprendido, era algo que por aquellos años ya estaba muy visto, pero cuando leí el argumento supe que algo como aquello no lo había visto antes. Humanos contra traficantes de droga alienígenas, un bestia de dos metros que taladra el cerebro de sus víctimas y como guinda el mismísimo Dolph Lundgren repartiendo plomo. Como para perdérselo, así que vamos a ello.

La película está dirigida por Craig R. Baxley, un director de chichinabo al que algunos recordarán por Acción Jackson, una peculiar cinta de blaxplotation que trataba de reivindicar a Carl Weathers como fostiador. Y en este caso el elegido para hacer frente a la amenaza alienígena fue el actor sueco Dolph Lundgren, que tras películas como ‘Masters del universo’ o ‘Red Scorpion’ no acababa de despegar. Fue sin duda un gran acierto de casting porque un gigantón musculado como él repartiendo leches era una apuesta segura en aquellos años. Lo único que faltaba era darle al personaje de Lundgren un motivo para comenzar la persecución, y el recurso empleado resultó ser el más manido de la historia del cine: vengar a un compañero muerto por el alienígena.

Dark Angel

Pero Jack Caine no está solo en la aventura, sino que se le une un agente del FBI, fiel amante de las normas y el código ético. Vamos, la noche y el día. Se trata del agente Smith, interpretado por Brian Benben, un actor cómico que tras un breve paso por la gran pantalla volvería a la televisión. La verdad es que la combinación de dos caracteres tan dispares logra crear situaciones sarcásticas, pero lo que realmente se lleva el protagonismo es el enfrentamiento entre Caine y el alienígena. Un alienígena de nombre Talec que se dedica a inyectar sobredosis de heroína en humanos para, a continuación, extraerles del cerebro la serotonina y poder comerciar con ella a nivel interplanetario.

Para ponerse en la piel de este peculiar asesino y traficante de drogas se escogió a Matthias Hues, un actor alemán con pinta de cafre que es experto en artes marciales, y que por si fuera poco es más alto que Lundgren. La verdad es que ver a esta mole liquidar humanos salvajemente mientras les suelta “Vengo en son de paz” es toda una experiencia. Y por si alguno se resiste lleva una curiosa arma en la muñeca que lanza discos que en vez de música reparten muerte. Ante semejante panorama habrá quien se pregunte si hay policías alienígenas para pararle los pies. La respuesta es que sí, y es que Caine contará con la inesperada colaboración de otro extraterrestre llamado Azeck, que ha llegado a la Tierra tras el rastro de Talec. Por cierto, ya hay que ser marciano para escoger a un comentarista deportivo como Jay Bilas para interpretarlo.

En realidad no hay más tela donde cortar en esta crítica de Dark Angel: Ángel de la muerte, quizás lo único que también valga la pena destacar es el llamado Efecto de Explosión Instantánea, del que alguna vez hemos hablado. Todo explota, incluso las paredes si hace falta, y para asegurarse de ello los alienígenas llevan unos pistolones del copón que sueltan ráfagas incendiarias que lo destrozan todo a su paso. Lo chirriante del caso es que los mismos disparos que hacen saltar coches por los aires no dejan señal alguna en las personas, cuando lo normal sería que quedaran rustidos como pollos.

Dark Angel

Conclusión.
Lo primero que cabe tener en cuenta es lo que comentaba al principio, estamos ante una película que salta de género en género constantemente, de ahí que la calificara de esquizofrénica. Las escenas donde Talec se dedica a liquidar gente y perforarles el cráneo son dignas de cualquier película de terror de serie B. Cuando la trama se centra Caine y Smith estamos ante una buddy-movie al más puro estilo Límite 48 horas‘. Y, finalmente, cuando se juntan Lundgren y Hues en escena intercambiando bofetadas pasamos a contemplar una peli de acción al más puro estilo ochentero. Pero la verdad es que pese a tener un guión confuso que en ocasiones roza lo absurdo, es una película altamente entretenida que capta perfectamente lo que era el cine palomitero de serie B a finales de los ochenta. Y si eso no basta siempre nos queda el consuelo de ver a Ivan Drago dándole una paliza a un alienígena. ¿Qué más se puede pedir?…