Asalto al furgón blindado
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Dito Montiel es una especie de director de culto dentro de algunos circuitos americanos y europeos, no obstante, a mi modo de ver, ninguna de sus películas le hace merecedor de tal status. Por otra parte, en nuestro país, de los cuatro films que ya ha estrenado sólo uno contó con un lanzamiento decente en cines: Fighting: Puños de asfalto’. Su penúltima obra fue ‘Empire State’ en donde tuvo a su cargo a Liam Hemsworth y Dwayne Johnson, un dúo de actores que arrastra mucha gente a las salas, aun así esta producción fue directa a DVD en USA. ¿Y en España? Pues aquí se estrenó de tapadillo tres años después de ser rodada una madrugada en Televisión. Hoy toca descubrir como Dito Montiel planificó y ejecutó su ‘Asalto al furgón blindado’.

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Crítica de Asalto al furgón blindado.
Especie de remake inconfeso de ‘Sed de poder’ (Stuart Rosenberg, 1984), ‘Asalto al furgón blindado’ parte de una historia real acontecida en 1982 en la gran manzana, y se da la coincidencia que de los 25 millones de $ que robaron Chris & Eddie (Liam Hemsworth y Michael Angarano) nunca fueron encontrados 11 millones de dólares… bien, pues eso fue lo que costó filmar este film. Un film que se revela como un tedioso y desaprovechadísimo drama criminal (que no vista no merece la calificación de heist-movie) entorno a lo que pasó antes, durante y después del asalto al “Empire State” del título. Una sustracción que fue la mayor a una empresa de ese tipo en la historia de EE.UU. y que fue investigada por gente luego muy importante de la ciudad como Rudy Giualini, uno de los más longevos y queridos alcaldes de Nueva York, quien por aquel entonces aún era uno de los más importantes fiscales del distrito de NY.

No digo yo en esta crítica de Asalto al furgón blindado que el verdadero Chris Potamitis financiara la película, por mucho que en los créditos finales salga siendo entrevistado por el propio Dito Montiel (director)… pero sí que el film está hecho a su mayor gloria, quedando él como el buenazo del asunto, cuando la verdad es que nunca apareció la mayor parte del botín, y pasó menos de nueve años en la cárcel en la vida real, de la cual salió en 1991. Dicho esto, pasemos a valorar exclusivamente el film por su calidad artística.

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‘Asalto al furgón blindado’ (engañoso título sí se ve la película), fue adquirida por Atresmedia este mismo 2015, y la cadena lanzó un primer estreno de la cinta casi sin avisar en marzo de este mismo año, fue tanta “la publicidad” ofrecida de este film… que un servidor que se encontraba trabajando en la biofilmografía de Dwayne Johnson ni siquiera encontró información sobre ella en ningún lado.
Fue hace unas semanas que descubrí su ficha de doblaje, y no muchos días después la volvieron a emitir por segunda vez en una cadena de TDT propiedad de Atresmedia con motivo del estreno en España de San Andrés’. Así fue como por fin puede ver este film, el único de The Rock que, doblado y editado en España (de forma legal y en abierto), no había podido visionar (sin contar sus cameos), toda vez que ‘Southland Tales’ (2007) nunca ha sido doblada para España.

Pues bien, una vez vista, puedo decir a los/las fans de The Rock que si pasan por alto la cinta no se habrán perdido nada. Sí, muy pocas veces uno puedo ser tan sincero con una opinión en contra de una película, pero es que ‘Asalto al furgón blindado’ es lo que en Atresmedia han sabido ver: un telefilm con caras conocidas que vale o para emitir de madrugada antes de la Teletienda, o en los minutos musicales, o ya entrada la tarde para acompañar la siesta, ni más ni menos. Un largometraje que va totalmente a ralentí, con numerosas y rutinarias escenas en interiores, detectives de policía muy inocentes y mafiosos nada imponentes, para culminar en uno de los clímax más anticlimáticos del último lustro. Antes, un mísero tiroteo donde apenas se puede ver nada (ojo, que encima la cinta está calificada para mayores de 16 años).
Eso es a grandes rasgos ‘Asalto al furgón blindado’, la peor película (o la más floja, como prefieran) de la filmografía de Dito Montiel. Dicho lo cual, pasemos a su reparto.

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El principal protagonista es Liam Hemsworth (más conocido por ser el hermano de “Thor”) sustituyendo a Channig Tatum quien había sido al cabeza de cartel de las tres anteriores cintas de Montiel. Hemsworth, la verdad, no cuadra mucho como este buenazo e improvisado guarda de seguridad, cuyo sueño de ser policía es imposible debido a que años atrás fue detenido por fumarse un porro en un concierto de “Black Sabbath”, si, literal, así fue, y así nos lo cuentan. El segundo en importancia vendría a ser Michael Angarano, visto este mismo año en Jugada salvaje’, un bocazas malhablado y “metomeenlios” que acabará malmetiendo al personaje de Hemsworth hasta que lo convenza para robar sus jefes. Se hace muy pesado su papel, incluso como espectador, uno sabe ya que pasará sólo con ver cómo va liando el asunto dicho personaje. También tenemos a Paul Ben-Victor que hace del padre de Hemsworth, estamos ante un veterano actor de carácter que desde los mismos 80s se ha dejado ver en numerosos films urbanos, aquí cumple sin más. Finalmente, en una aparición de no más de 20 minutos en total tenemos a Dwayne Johnson. Sí, The Rock, saliendo unos míseros veinte minutos, pegando tres tiros, y haciendo unas cuantas preguntas, eso hace. Literal. Johnson se hace acompañar por Lucky Johnson, su flipado compañero que se pone a hacer pesas en mitad del seguimiento de una pista; hasta que el propio Rock le suelta: “Deja de hacer pesas y muévete”. Tremendo.
De resto poco o nada puede llamar la atención del elenco. Algunas chicas se pasean con poca ropa, otras sueltan chascarrillos para recordar al espectador que está en los ochenta (entrar a una discoteca y recalcar que huele a laca) y ya.

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En resumidas cuentas.
Aburrida, desaprovechada, falta de garra, con un uso de la historia torpe, sin avanzar en la profundidad de los personajes y con una ambientación de los años 80s totalmente forzadísima (¡ojo! al tremendamente reiterativo uso de las camisas de manga corta abiertas y de las escenas en interiores). Además uno de los grandes “trademarks” de las producciones “eighities” como es la música, casi ni se percibe, por no hablar de la inseguridad y suciedad en las calles durante aquella década, que podemos ver en cualquier film de la época, y que aquí solo vislumbramos de forma fugaz durante los créditos iniciales, de resto vemos algunos callejones y la misma calle donde viven los protagonistas. Otra oportunidad desaprovechada de Montiel.