Un día de furia
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«¿¡Y yo soy el malo!? ¿Cómo ha podido ocurrir? Hice todo lo que me dijeron. ¿Sabía que construí misiles? ¿Qué ayude a proteger América? ¡Deberían premiarme por eso! ¡Y en cambio premian a un cirujano plástico! Hoy ha hecho calor, sabe». Un hombre corriente está a punto de estallar y provocar… ‘Un día de furia’.

“¡Yo sólo defiendo mis derechos como consumidor!” (D-Fens)

Crítica de Un día de furia

Joel Schumacher firmó en 1993 la que, posiblemente, es su mejor película: ‘Un día de furia’. Antes tenía en su filmografía varias cintas con categoría de culto como ‘St.Elmo, punto de encuentro’ (1985), ‘Jóvenes ocultos’ (1987) o ‘Línea mortal’ (1990). Fue durante la producción de esta última (que conoció un remake que pasó muy desapercibido el año pasado, ‘Enganchados a la muerte’) que Michael Douglas (productor) y Schumacher se pusieron de acuerdo en protagonizar y dirigir respectivamente: ‘Falling Down’, una devastadora crítica social al sistema americano escrita por el actor Ebbe Roe Smith.

El status de súper-estrella de Douglas y su Oscar por ‘Wall Strett’ (Oliver Stone, 1988) dieron a ‘Un día de furia’ un caché de producción importante que empezó a filmarse por la nada despreciable cifra de 25 millones de dólares. El film se rodó entre marzo y junio de 1992 por entero en Los Ángeles y alrededores. En su estreno en cines se aupó sin problemas al número 1º del box-office en una semana sin competencia en cuanto a estrenos. La película acabó 1993 con algo más de 40 millones de dólares, siendo una de las once cintas más taquilleras calificadas para mayores de 18 años y entre las cuarenta con más éxito de ese año (concretamente la número 37).

Con ‘Un día de furia’ estamos ante una patada de lleno al modo de vida americano que empezó en los ochenta y vivió su punto álgido a comienzos de los años noventa. El hombre estresado, aquel que debía vivir para su trabajo como si fuera una máquina, y del mismo modo que una máquina podía ser sustituida cuando ya no funcionara correctamente, ese mismo hombre también… El paralelismo laboral se cumple en lo familiar para el protagonista de la película, William Foster, un hombre corriente que debe de enfrentarse al mundo de cada día. El individualismo aflora en la sociedad, una sociedad que ha dado la espalda a Foster, que ya ha llegado a su techo.

El papel de William Foster va a parar a un pletórico Michael Douglas. Sin ningún tipo de histrionismo y con un look de oficinista ridículo: maletín, gafas de pasta, corte de pelo pseudo-militar y el bolsillo de la camisa lleno de bolígrafos… Douglas entrega un recital de firmezas a cada paso que da y desde el momento en que decide bajarse del coche en el atasco que abre el film. Al otro lado del espectro encontraremos a Prendergast, al que da vida Robert Duvall, un policía de oficina auto-retirado de la calle y que está a punto de jubilarse. Prendergast debe de tragar con un jefe que escupe sobre él llamándole cobarde (Raymond J. Barry), con una mujer que carga con una depresión de caballo, y con el fallecimiento de su hija pequeña. El caso de un alterador del orden en una calurosa tarde de verano podría ser para Prendergast uno más antes de irse a pescar. Duvall saborea como nadie un rol pausado, de esos que saca adelanta como si no costara. Además, todas sus escenas (a excepción del clímax final) son “en seguimiento” a Foster, a quien no conoce ni sabe qué le motiva. El hecho de que Foster y Prendergast vayan en paralelo engrandece la relación que se acaba cuando, por fin, se encuentran y en parte se comprenden. Tremendo momento cuando cada uno entiende el papel que les ha tocado jugar en ese día.

No tan digno de elogio, y muy maniqueo, es el rol que tiene a su cargo Barbara Hershey (Beth). Una ex-esposa que hace tiempo dejó de querer y entender a su marido. A pesar de la introducción de un vídeo casero casi al final del film, no queda muy claro (además de por la tramitación del divorcio entre Beth y Foster) los motivos por los que está actúa de la forma en la que lo hace… tan sólo al final, con Foster ya en su caída al infierno, se justifica el miedo con el que “vive”. Otra actriz que destaca en este drama es Rachel Ticotin que encarna con aplomo y cierto carisma y buen hacer a Sandra, la compañera de Pendergrast. Un papel con más capas, aunque menos minutos, va para Tuesday Weld (Señora Pendergrast) quién solo quiere que su marido vuelva a casa a tiempo para cenar. Michael Paul Chan (Lee) & Frederic Forrest (propietario de una tienda de armas) encarnan genialmente a dos tenderos que se cruzarán con D-Fens. Dos “auténticos personajes” que dan pie a los mayores momentos de comedia negra del film.

La ambientación y fotografía son insuperables. Todas las localizaciones reales reflejan el caótico mundo que se va cayendo, y no ayudan a un hombre que ya está hecho pedazos. El parque, la tienda de comestibles, la tienda de armas, la hamburguesería… todo aquel sitio por donde va pasando D-Fens luce viciado, esperando a alguien que encienda la mecha para que todo explote. En cuanto a la labor de Joel Schumacher, éste hace un uso menos frenético del montaje de lo que puede acostumbrar. Hay momentos que lucen falsos, pero ese es un defecto del cine de Schumacher que siempre arrastró, incluso en sus mejores obras, como este film o sus otras “grandes”: ‘El cliente’ (1994) y ‘Asesinato en 8mm’ (1999). En general ‘Un día de furia’ es su obra más controlada, algo que es fácil de decir viendo como, en años posteriores, firmaba cintas tan pasadas de vueltas como Batman Forever (1995) o Batman y Robin (1997).

“Vamos hombre… es perfecto. Duelo a muerte entre el Sheriff y el malo” (D-Fens)

En resumidas cuentas.
Hora de finalizar esta crítica de Un día de furia, un opresivo viaje al mundo del hombre corriente que no aguanta tragar con más mierda y decide empezar a escupirla. Un largometraje clave del cine urbano de finales de los 80 y principios de los noventa. Michael Douglas en su estado de máxima fama entregando un papel para el recuerdo que, sin duda, se sitúa entre sus mejores creaciones. Esta es una película que no deja indiferente a nadie y que deja al espectador pensativo al terminar su visionado.

Tráiler de Un día de furia

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