Psicosis
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La siniestra casa de Norman Bates se ha convertido, por méritos propios, en uno de los más fascinantes iconos del cine de terror. Cuando Alfred Hitchcock estrenó ‘Psicosis’ en 1960 se convirtió automáticamente en un fenómeno de masas y la popularidad de esta película iría aumentando en décadas posteriores. Para muchos quizás no estemos ante su mejor película pero sí ante una de las más vibrantes incursiones en el territorio del miedo. Bienvenidos al motel de Norman Bates.

“La mejor amiga de un muchacho es su madre”.-Norman Bates.

Motel Bates

Crítica de Psicosis

Al igual que ocurriera con La soga’ (1948), Alfred Hitchcock partió de una historia real para recrear la espeluznante historia de Norman Bates. La novela escrita por Robert Bloch estaba inspirada en la figura de Ed Gein, un asesino en serie responsable de la muerte de varias mujeres que había sido arrestado en 1957 tras años de pesquisas. Cuando la policía registró su casa hizo un descubrimiento macabro: objetos e incluso ropa confeccionada con piel y huesos humanos. Los psiquiatras que le examinaron llegaron a la conclusión de que Ed Gein estaba intentando confeccionar una especie de vestido para poder encarnar la figura de su madre muerta, una mujer a la que los vecinos describieron como puritana y extremadamente dominante con su hijo. Este fue el punto de inicio para recrear el concepto del vecino aparentemente normal que esconde un monstruo en su interior.

Joseph Stefano escribió el guión modificando, en cierta medida, el personaje de Norman Bates, que en la novela de Bloch es un tipo maduro con sobrepeso y una incipiente calvicie. El motivo era que Hitchcock había pensado en Anthony Perkins para interpretar el papel y obviamente no encajaba con la descripción que daba la novela. Además, quería que el personaje despertara cierta simpatía en el espectador para potenciar el suspense de la trama. Lo que sí se mantuvo fue el perfil psicológico de Norman, recuperando una vez más el concepto de vouyerismo que tanto había explotado Hitchcock en otras películas. El conjunto es una historia que, si bien carece de la profundidad de obras como Vértigo’ (1958) o La ventana indiscreta(1954), consigue hilvanar con absoluta maestría cada uno de los elementos que la conforman.

Psicosis

La mano firme de Hitchcock está patente en cada secuencia y en cada plano, dejando para la posteridad escenas ya míticas como la de la ducha. Además, no dudó en romper una serie de tabús que imperaban en Hollywood, como por ejemplo el tema del travestismo o el sexo. De hecho, la Paramount se negó a producir la película porque consideró que el libro en el que se basaba era repugnante, así que finalmente la productora de la serie Alfred Hitchcock presenta se hizo cargo. También me permitiré decir que la grandeza de esta película no reside en lo que ocurre sino en cómo se cuenta. Y es que Hitchcock consigue trazar un viaje acompasado donde el espectador camina con cautela, esperándole la sorpresa en cada recodo del camino. Y claro, hay dos grandes momentos que impactan poderosamente en el espectador. Por un lado, el inesperado crimen y, por el otro, las sorprendentes revelaciones finales. Porque al contrario de lo que ocurre en una película de terror actual aquí no hay sangre ni gore, sino que se potencia el suspense y la sorpresa por encima de cualquier otro concepto.

Como hemos comentado al principio, el personaje de Norman corrió a cargo de Anthony Perkins, un joven actor que en 1957 ya había sido nominado al Oscar por su trabajo en la película ‘La gran prueba’ (William Wyler, 1956) y que había cosechado éxitos en teatros de Broadway. Y basta con decir que Perkins consigue interpretar a un tímido e inquietante Norman Bates, uno de los personajes más memorables de la historia del cine. Desgraciadamente Perkins quedó tan encasillado que durante años se negó a hablar del tema, pero la sombra de este personaje le acompañaría siempre. De hecho, para el gran público siempre fue aquel actor que interpretaba a tipos raros, una calificación injusta si tenemos en cuenta películas suyas como ‘El proceso(Orson Welles, 1962). Pero a la larga acabaría asumiendo esta carga y protagonizando tres secuelas, bajo mi punto de vista innecesarias.

Norman Bates

El personaje principal de esta película es el de Marion Crane, interpretado por Janet Leigh. Cuando Hitchcock pensó en ella para el papel apenas tenía experiencia y su mejor trabajo había sido a las órdenes de John Frankenheimer en ‘El mensajero del miedo(1962). Pero la verdad es que la forma en que retrata a la pobre Marion es impecable. Y digo pobre porque aparte de servir de mcguffin mediante un robo que la lleva al Motel Bates, es un espejo de esa doble moral que imperaba en la sociedad. Gracias a un sinfín de detalles, a la relación que mantiene con su novio Sam y a la meticulosa manipulación a la que nos somete Hitchcock, acabamos compadeciéndonos de una desdichada joven cuando en realidad deberíamos ver a una simple delincuente.

Otros personajes relevantes son el de Lila Crane y el detective Milton Arbogast. La hermana de Marion que acude al motel para averiguar por qué no tiene noticias suyas está interpretada por Vera Miles, y el detective que la acompaña es Martin Balsam. Ambos descubrirán qué se esconde tras el motel y la casa de la colina donde reside Norman Bates. En cuanto al novio de Marion, un sobrio John Gavin, básicamente sirve como herramienta para que enfaticemos con la chica víctima de sus propias circunstancias que se ve obligada a robar.

Marion Crane

El trabajo de diseño y producción es excelente, con una fotografía en blanco y negro que corre a cargo del inefable John L. Rusell. Y es que Hitchcock, para reducir gastos y por mera comodidad, decidió recurrir a los profesionales que ya estaban trabajando con él en la serie de televisión antes mencionada. Los decorados son una vez más uno de los puntos fuertes, como suele ocurrir en todas las películas de Hitchcock. Apenas se rodaron exteriores, sólo algunas tomas cuando Marion se dirige al motel en su coche. Pero el motel de Bates (así como su casa de la colina) se construyeron para la ocasión. Y bueno, si hay algo más memorable que algunas de las escenas es el tema compuesto por Bernard Herrmann, una pieza chirriante con diversos instrumentos de cuerda que se emplea en la escena de la ducha. En realidad Hitchcock no quería música, pero Herrmann consiguió persuadirlo de que intensificaba la tensión en la escena y finalmente se incluyó.

Antes he hablado de secuelas, efectivamente, a esta película le siguieron otras tres más. Alguna más aprovechable que otra pero todas ellas innecesarias. El único que repitió papel en todas fue Anthony Perkins, sobre todo en el ocaso de su carrera cuando ya quemaba sus últimos cartuchos. Y en 1998 Gus Van Sant dirigía un inesperado e impensable remake con Vince Vaughn en el papel de Norman y Anne Heche como Marion Crane. Con decir que ni siquiera iguala la obra maestra realizada por Hitchcock ya está todo dicho. Fue una película totalmente olvidable que acabó como una mera copia de la original y con un Vince Vaughn incapaz de eclipsar la imagen que Perkins había dejado en la retina. Como se suele decir, hay cosas que es mejor no tocar.

Psycho

Conclusión.
Finalizo esta crítica de Psicosis, en muchos aspectos una película revolucionaria. Supuso la introducción de la figura del psicópata, un tipo de personaje que, con los años, ha ido evolucionando hacia el género slasher, con títulos como La noche de Halloween(John Carpenter, 1978) que homenajeaban claramente a la película de Hitchcock. Y también ofreció a la audiencia uno de los primeros desenlaces atípicos, alejándose de los llamados “happy endings” que reinaban en Hollywood. Estamos ante una de esas películas que difícilmente pueden mejorarse, con un guión muy bien estructurado, una dirección magistral y unas interpretaciones exquisitas. Hitchcock consigue sacudir al espectador cuando menos lo espera y manipula hábilmente la situación para conseguir llevarnos al terreno que él quiere. Y si alguien se pregunta por qué esta película no se rodó en color, hay una respuesta que no es otra que el intento de potenciar el miedo más clásico y evitar sacudir en exceso al público del momento. Pero que nadie se lleve a engaño, aún en blanco y negro, aún sin el gore al que estamos habituados, el Maestro del Suspense consigue impactar con asesinatos brutales y violentos como nunca antes se habían visto. Es curioso pero en su afán de hacer una película de bajo presupuesto Hitcock realizó, probablemente, la mejor película de terror de la historia del cine.