Poli de guardería
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“Aquí ya no se hace pipí. Sois unos blandengues. Necesitáis disciplina. ¡Os vais a enterar! ¡Aquí mando yo! ¡Y me vais a obedecer! No vais a tener a mamaíta detrás para limpiaros el culito, ah no. A partir de ahora vamos a trabajar los músculos. Nada de quejas. Nada de Señor Kimble tengo que ir a hacer pipí. ¡Aquí ya no se hace pipí!”. Arnold Schwarzenegger cuelga las armas y coge el silbato para convertirse en ‘Poli de guardería’.

“Oh, perdonad. Se me ha olvidado presentarme. Me llamo John Kimble y me encanta mi coche. Está bien, se acabó la fiesta. Largaos todos. La próxima en mi casa” (Kimble)

Crítica de Poli de guardería

Sí hay una comedia que se puede calificar como emblemática en la filmografía de Arnold Schwarzenegger esa es, casi sin discusión, la cinta que hoy nos ocupa, ‘Poli de guardería’. Hablamos de una película dirigida por Ivan Reitman y hecha totalmente a la medida cómica de Schwarzenegger. El coloso recupera en parte esa personalidad de medio-bobalicón (dicho sin mal sentido) que tan bien le funcionó en contrapartida con sus gigantesco físico en sus comienzos. Me refiero a films como ‘Hércules en Nueva York’ (Arthur A. Seidelman, 1970) o ‘Cactus Jack’ (Hal Needham, 1979).

‘Poli de guardería’ se estrenó en USA el 21 de diciembre de 1990 con un presupuesto de 15 millones $. Al final terminó amasando más de 200 millones a nivel mundial solo en su paso por cines. Los dólares no dejarían de llegar a las oficinas de Universal sí seguimos contando las tremebundas ganancias por alquiler, ventas de video y televisión. En España la vimos al año siguiente, concretamente 22 de marzo de 1991. Además, este film ha conocido recientemente una secuela. Una exploitation tardía y/o remake directa a VOD protagonizada por Dolph Lundgren. Hablamos de un highlight de la primera más que otra cosa. Su título ¡cómo no! ‘Poli de guardería 2’ (Don Michael Paul, 2016).

‘Poli de guardería’ fue el segundo intento por parte de “El roble” por distanciarse de los films puramente de acción para mayores de edad y “diversificarse”. En 1988 ya había probado suerte con ‘Los gemelos golpean dos veces’, otra comedia filmada por el propio Ivan Reitman. Esta táctica fue algo que, en gran parte, luego copiarían los demás colosos del actioner con mayor o peor fortuna. Algún ejemplo sería el enorme error de Sylvester Stallone por dejarse llevarse a ese terreno aceptando films tan prescindibles como ‘¡Alto! o mi madre dispara’ (Roger Spottiswooode, 1992). Una película que Sly aceptó viendo el éxito de Arnold en su incursión en cintas familiares de humor blanco.

La música corre a cargo del experto en largometrajes familiares Randy Edelman. El compositor, fiel a su estilo, nos regala unas melodías que encajan de lleno con la historia familiar que presenciamos. Detrás de la fotografía encontramos a todo un veterano condecorado como Michael Chapman (1935-2020).

El film, como tal, tiene dos partes claramente diferenciadas. La primera ocupa casi media hora y es la que nos presenta a un duro agente de la ley en busca de facinerosos. Ese extracto luce claramente para que los fans de Arnold no llegaran a la sala y vieran ya a su héroe metido entre pañales y lloreras de infantes, sino que el shock fuera mínimo y con una transición claramente medida. Así las cosas, una hora de duración ocupa el grueso claramente familiar. Un segmento que engloba la investigación de Kimble sobre el paradero de la ex de Crisp y su encariñamiento con los alumnos. Unos nenes a cada cual más genial. A los mismos les dan vidas una serie de niños luego rostros habituales de los años noventa.

Estamos pues ante un film de esos que podemos calificar de “buen rollero” y para todos los públicos. Una película en donde los personajes están claramente esbozados a brocha gorda para que sepamos ya antes de que hablen quienes son en el film y, al mismo tiempo, iremos transitando por una serie de lugares comunes. Todo esto representa la Biblia no escrita de esta clase de films. Films que nos llevan a una serie de altos y bajos en donde los personajes protagonistas tendrán que aprender a confiar, superarse, entenderse y, por último, quererse.

En el apartado de interpretaciones ciertamente no se puede pedir más de lo que da cada intérprete. Todos ellos están puestos al servicio de la historia y el género en el que se mueven. Así tenemos a los buenos que son muy buenos, a los malos que son malísimos, y a los niños que son “pequeños monstruos” adorables. De todos ellos destacan por supuesto Arnold Schwarzenegger en su doble papel de intocable policía y maestro a la fuerza. Pamela Reed (Phoebe) como la glotona compañera de Kimble ¡Ojo a cuando se hace pasar por su hermana austriaca! Por su parte, Linda Hunt y su peculiar físico se basta y sobra para llamar la atención en su rol de implacable directora de colegio que no se fía un pelo del “nuevo”.

Párrafo al margen para Penelope Ann-Miller dando vida a Joyce, la profesora del aula colindante a la de Kimble. Ann-Miller fue una actriz más que valida a la que el fin de la década de los noventa engulló totalmente abocándola al olvido. Para el final quedan Richard Tyson (Crisp) y su coleta como un odioso consentido niño de mamá y Carroll Baker (Eleanor Crisp) revestida, ya de entrada, con su look de “mama sangrienta” capaz de todo con tal de seguir consintiendo y tapando las miserias de su vástago. ¡Ah! y una pequeña intervención para Angela Bassett como azafata de vuelo en su segunda aparición en la gran pantalla.

“Los niños tienen pene y las niñas vagina” (Joseph)

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de Poli de guardería, sin ser la panacea de la comedia, y siendo plenamente objetivos, estamos ante una película que se recuerda especialmente por su tono familiar. Y también por su apuesta claramente ganadora de reírse en parte del sufrimiento de los profesores de parvulario. En ese punto está su gracia y, naturalmente, en ver a un coloso como Schwarzenegger incapaz de controlar a un grupo de infantes. Vale para las risas y tiene ganada fama de mítica, sobre todo, por ser un hit en taquilla y mercado de video.

Tráiler de Poli de guardería