Los inmortales
Comparte con tus amigos










Enviar

Hoy recuperamos para la causa otro film de culto y obra de referencia ineludible de los años 80. La atractiva mitología de Connor MacLeod se inició con esta masterpiece de la época. Sin embargo, en el momento de su estreno (7 de marzo de 1986), recibió críticas muy duras y no pudo triunfar en taquilla. Pero ese “fracaso” no detuvo ni de lejos la leyenda de… ‘Los inmortales’.

“Sólo puede quedar uno. No lo olvides, MacLeod” (El Kurgan)

Crítica de Los inmortales

Retomando lo expuesto, hay que decir que ‘Los inmortales’ alcanzaría posteriormente el éxito gracias a los videoclubs y el “boca a boca”. Así fue como surgieron sus secuelas e incluso una serie de televisión. Este fenómeno ya lo hemos comentado antes en otras reviews ochenteras y, como en la mayoría de los casos, las continuaciones fueron malas o muy malas. Continuaciones que rozaron planteamientos absurdos, especialmente la segunda, y que casi terminaron aniquilando el gran recuerdo del film original.

Detrás de las cámaras se colocó Russell Mulcahy en su primera gran película para cines alcanzando con ella su cenit personal. Nada de lo que hizo después llegó a la altura de lo visto aquí. Es obligado resaltar que Mulchay presentaba una extensa carrera como director de videoclips para los más famosos artistas de la época. Y digo que es “obligado” comentarlo porque su estilo de dirección en ‘Los inmortales’ es totalmente el de un extenso videoclip filmado con recursos cinematográficos. Son varios los segmentos del film que adoptan este formato y que lo convierten en una pieza única.

La dirección de Mulcahy queda bastante bien resumida en los primeros minutos. En ellos presenciamos un fabuloso barrido aéreo en un estadio de wrestling que culmina identificando a la figura de Connor MacLeod entre las sombras de la multitud. De ahí pasamos a una espectacular pelea espada en mano en el parking del recinto filmada con todo lujo de detalles. Las tomas aéreas, los fantásticos enfrentamientos a espada y los detalles serían una constante a lo largo del metraje. Todo ello acompañado de grandes escenarios naturales perfectamente escogidos y de varias e impresionantes piezas musicales.

Al margen de lo anterior, la técnica que más predomina en el montaje es el flashback. Las miradas al pasado son continúas en el metraje y se emplean para ir dando información y explicando el pasado de MacLeod. Es como ver dos películas a la vez sin perder en ningún momento el hilo de ninguna. Tanta importancia tienen los flashbacks que algunos incluso son lo mejor del film. Me refiero especialmente a todo el pasado que liga a MacLeod, y su joven esposa, con el “español” Ramírez. Imposible olvidar esos “episodios” y cómo terminan…

En relación a lo que acabo de comentar hay que decir que la película se rodó en muy variados escenarios del Reino Unido y Estados Unidos. Especialmente hablamos de Escocía y Nueva York. En la primera destacan los bellísimos escenarios de la isla de Skye o el Castillo de Eilean Donan. Por su parte, en NY se filmó en sus frías y oscuras calles pero también en Central Park. Se contraponían así las iluminadas escenas del pasado de Connor, y su alegre entrenamiento al lado de Ramírez, con la oscuridad del presente y del incierto duelo final.

Y en total armonía con la ambientación va la banda sonora de Michael Kamen que incluye varios temas de QUEEN. Precisamente, otro punto por el que ‘Los inmortales’ es siempre recordada es por lo bien que lucen todas las canciones del famoso grupo. Hablamos de temas impresionantes y poderosos como el “Princes Of The Universe” que abre la película, el inolvidable y sentimental “Who Wants To Live Forever”, o el alocado “New York, New York”. Personalmente siempre he sentido gran debilidad por el “Who Wants To Live Forever” que pone fin a la emotiva historia de amor entre MacLeod y Heather. Imposible no emocionarse con esa combinación de imágenes y música.

La idea original fue obra de un joven Gregory Widen en su primer libreto e historia para cines. La trama es muy sencilla pero tremendamente atractiva y queda ya expuesta en la leyenda que introduce a la película: “Del amanecer de los tiempos venimos. Hemos ido apareciendo silenciosamente a través de los siglos hasta completar el número elegido. Hemos vivido en secreto luchando entre nosotros por llegar al duelo final cuando los últimos que queden lucharán por el premio. Nadie jamás ha sabido que estábamos entre vosotros… hasta ahora”.

Como podemos ver, la premisa de Widen ofrece al público altas dosis de fantasía y libertad para configurar a gusto el origen de tan fabulosos personajes: los inmortales. Naturalmente, a lo largo del film, se van dando explicaciones sobre las reglas que estos siguen. Eso sí, siempre sin desvelar su origen. Esto es, sin lugar a dudas, uno de los grandes atractivos y legados del guión. Un legado que luego sería ensuciado por su secuela dándoles un absurdo origen extraterrestre que nadie había pedido. Resaltar que el libreto de Widen sería pulido por Peter Bellwood y Larry Ferguson. Ambos guionistas aportaron los toques de humor negro (especialmente los de Kurgan) y el contenido del premio final.

“¡Eh! Es un truco de magia”. Immortals.

El gran protagonista de la función es Christopher Lambert en el doble rol de Russell Nash y Connor MacLeod. Estamos ante uno de los tres mejores, y más icónicos, papeles de Lambert en toda su filmografía. Los otros dos serían los desempeñados en ‘Greystoke’ (Hugh Hudson, 1984) y ‘Fortaleza infernal’ (Stuart Gordon, 1992). La doble perfomance de Lambert resulta totalmente creíble. Por un lado destaca su vitalidad, impetuosidad y alegría como MacLeod. Y, por otro lado, resalta su seriedad, sobriedad y hasta casi amargura como Nash. En todo momento Lambert hace absolutamente creíble cómo el transitar por los siglos ha hecho a su personaje un hombre tremendamente reservado. Finalmente no podemos obviar su mítico vestuario con gabardina, vaqueros y guantes. Una vestimenta imposible que todos quisimos imitar en los 80.

El grandioso villano del film es Clancy Brown como “El Kurgan”. Personalmente considero a “El Kurgan” como uno de los mejores malvados de toda la historia del cine. La interpretación de Brown es imparable, aplicando una ronca voz que parece salir de una cueva profunda y ominosa. Al igual que Lambert, también presenta dos capas en su personalidad. Por un lado tiene una cara oscura y dura como el acero que le hace parecer un T-800. Y, por otro lado, también presenta una cara de alocado sádico en el tramo final, justo cuando se rapa el pelo, que le hace provocar e insultar a curas, monjas, viejas, conductores,… Impresionante el trabajo de Clancy Brown.

Entre los secundarios un papel clave fue para Sean Connery encarnando a Juan Ramírez Sánchez Villalobos, el espadero mayor del rey Carlos I de España y gran maestro de MacLeod. El mítico actor no tiene muchos minutos en pantalla, ya que sólo rodó una semana, pero su carismática presencia resulta inigualable. Ramírez, como personaje, deja una profunda huella en la película, en su mitología y en el público.

Por otra banda tenemos al reparto femenino encabezado por Roxanne Hart como la forense Brenda. La actriz hace un buen papel de mujer independiente que termina involucrada en la inmortal guerra. Bellísima, jovial y emotiva es la aportación de Beatie Edney como Heather, el gran amor de MacLeod. Y, finalmente, seria y elegante es la presencia de Sheila Gish como Rachel, la ayudante en la tienda de antigüedades de Nash. Ojo porque en tan solo dos secuencias se crea magistralmente toda la historia de ella y Nash ligando pasado y presente.

“Tienes que dejarla, hermano” (Ramírez)

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Los inmortales, toda una película de culto y un momento clave en la filmografía de todos los intervinientes (técnicos y artísticos). Hablamos de un film en el que se dio la particularidad de que varias personas tuvieron en un mismo rodaje su momento de gloria. Eso creo que fue lo que pasó aquí, ya que posteriormente ninguno de los involucrados (con la posible excepción de Sean Connery) participaría luego en una cinta de igual o similar trascendencia.

Tráiler de Los inmortales