Gladiator (El gladiador)
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En su apogeo, el vasto imperio romano se extendía desde los desiertos de África hasta el norte de Inglaterra. Más de un cuarto de la población mundial vivía y moría bajo el poder de los Césares. En el invierno del 180 DC, la campaña de los doce años del emperador Marco Aurelio contra las tribus bárbaras se acercaba a su fin. Un último reducto obstaculizaba la victoria de los romanos y la promesa de paz para todo el imperio… Hoy recordamos a un hombre que hizo historia en el cine: Russell Crowe es ‘Gladiator (El gladiador)’.

“Me llamo Máximo Décimo Meridio. Comandante de los ejércitos del norte. General de las legiones Félix. Leal servidor del verdadero emperador Marco Aurelio. Padre de un hijo asesinado. Marido de una mujer asesinada. Y alcanzaré mi venganza en esta vida o en la otra” (Hispano/Máximo)

Crítica de Gladiator (El Gladiador)

El peplum, o el coloquialmente llamado “cine de romanos”, llevaba durmiendo el sueño de los justos durante décadas. Así estuvo hasta que Ridley Scott decidió ponerse tras las riendas de una gigantesca superproducción. Un film que narraría el resurgir de un general desterrado y dado por muerto. Un general que debería reconvertirse de esclavo a legendario gladiador para regresar a Roma en busca de venganza.

El primer paso para Scott era dar con un actor que cumpliera con todos los aspectos que necesitaba un personaje con un arco tan grande. Russell Crowe fue el elegido y a fe que superó todas las expectativas. No olvidemos que Crowe venía de firmar magistrales actuaciones en ‘L.A. Confidential’ (Curtis Hanson, 1997) y ‘El dilema’ (Michael Mann, 1999).

El guión de ‘Gladiator’, con David Franzoni como principal “escribano”, puede parecer un ejemplo notable de historia, diálogos de gran calado, personajes míticos y un tremendo poder épico. Sin embargo, ni mucho menos fue fácil llegar a ese punto. Es más, durante el rodaje, muchos aspectos del libreto fueron eliminados, desechados o re-definidos. No fue un rodaje fácil, no solo por este hecho, sino por las durísimas condiciones de filmación en Malta, Marruecos e Inglaterra (escenarios reales). Una vez pasaron a rodar en estudios, la cinta se presentaba como una incógnita porque gran parte de los decorados fueron recreados a posteriori por CGI y efectos de ordenador.

En cuanto a la banda sonora decir que la música eleva claramente el conjunto. En este sentido, sucede lo mismo que en otras grandes películas que uno no podría, de ninguna manera, separar de sus notas musicales. La fanfarria fue obra de Hans Zimmer y se identifica rápidamente ya desde sus primeros acordes. Todo se redondea con las bellísimas y evocadoras canciones a cargo de Lisa Gerrard.

El presupuesto sobrepasó los 100 millones. La cinta fue estrenada el 5 de abril de 2000 en USA y, una vez en cines, logró un éxito indiscutible llevando su recaudación a unos imponentes 460 millones de dólares mundiales. Aún hoy, el film se mantiene entre las 25 películas con calificación R con mayor recaudación de todos los tiempos.

Si dejamos a un lado lo fiel a la historia que pueda ser ‘Gladiator’, y nos centramos en ella solamente como el espectáculo visual atemporal que es, sin duda, estamos ante una película ganadora. Una cinta a la que nunca le pesarán los re-visionados, incluso si no se es fan del género. Ese es uno de sus grandes logros: el emocionar a todos, sin importar condición, raza o religión. Gran parte de ese triunfo viene del trasfondo de la historia: un buen hombre leal y con honor. Un soldado que hace lo correcto y, por ello, acaba perdiendo sus ilusiones de ser feliz cuando asesinan a su “padre adoptivo”, a su mujer y a su hijo. La sed de venganza que lo atormenta, y lo mantiene vivo estando herido de muerte, es muy poderosa. Ese sentimiento atrapa claramente al público y, en consecuencia, el film cala hondo, muy hondo.

Por otro lado, la labor de Ridley Scott es muy notable. Vale que la cinta tiene algunos fallos de continuidad que no pasarán desapercibidos para los más avispados y que algunas secuencias recreadas por CGI han envejecido no muy bien… Sin embargo, y por el contrario, el director se luce tanto en las escenas de cruenta batalla como en las magistrales luchas cuerpo a cuerpo filmadas en todo su esplendor y sin ningún tipo de contemplaciones. En líneas generales, y a pesar de todos los imprevistos, Scott entrega aquí uno de sus mejores trabajos tras las cámaras. Tan es así que la Academia lo premió con su segunda nominación como mejor director en la gala del 2001.

El elenco del film realmente hizo un trabajo espectacular. Lógicamente destaca mucho la épica, en todos los sentidos, interpretación de un insuperable Russell Crowe premiado con el Oscar. Ojo a la primera secuencia de presentación de Máximo con todos los soldados rindiendo pleitesía a su general, o a sus inolvidables combates en la arena del coliseo. El resto del cast también roza el nivel de Crowe encontrándonos a una sensacional representación de lo joven y pujante con los grandes rostros del pasado glorioso renacidos para un “comeback” histórico.

Joaquin Phoenix da vida a Cómodo, el hijo del emperador, un mimado que nunca ha sabido cuál es su sitio. Su interpretación está llena de capas que este va extrayendo a cada cual más sádica. Uno acaba temiendo sus actos, ya que puede llevar a cabo cualquier atrocidad. Tremebundas son sus reacciones en las contadas escenas conjuntas con su padre y cuando se cruza con Máximo, siendo este aún general. A su hermana, Lucilla, la encarna Connie Nielsen que queda un poco tapada por la actuación de Phoenix. Ahora bien, igualmente rinde a muy bien nivel. Su hijo en la ficción, Lucio, lo interpreta un infante Spencer Treat Clark al que su tío, Cómodo, sigue demasiado de cerca…

Buenos papeles de acompañamiento para Tomas Arana (Quinto), Derek Jacobi (Graco), Ralf Moeller (Hagen), Tommy Flanagan (Cicerón) y David Schofield (Draco). Para el final queda el descubrimiento del film: Djimon Hounsou (Juba), que ya se había dejado ver con anterioridad en ‘Amistad’ (Steven Spielberg, 1997).

Párrafo al margen para dos auténticas leyendas en sus últimos días. En primer lugar el único e inimitable Richard Harris devorando la pantalla en sus pocos minutos como Marco Aurelio. Harris traza una especie de paralelismo con su personaje en los films históricos que protagonizaría en los sesenta y setenta. Y, en segundo lugar, sitio para Oliver Reed, quién volvió para no llegar a ver terminada su película como el tratante de esclavos Próximo, un antiguo luchador que se ganó su libertad luchando en la arena del coliseo. Durísima la labor de Reed sin tener que levantar en ningún momento la espada para demostrar su fuerza en pantalla.

“¡Hermanos! Lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad” (Máximo)

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de Gladiator (El gladiador), todo un triunfo de película. Una gran cinta que puede tratar de tú a tú a las gigantes del género que tanto estaban de moda en los años cincuenta y sesenta. Sus 5 Oscars (incluyendo “mejor película y mejor actor”) para un total de 12 nominaciones hablan por sí solos de todo lo que ofrece esta magna obra. No se la pierdan.

Tráiler de Gladiator (El gladiador)