Eternal
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Tarsem Singh debutó en los largometrajes en el año 2000 con ‘La celda’ y fue calificado como “visionario”. Quince años después, y con la dupla Reynolds-Kingsley delante de las cámaras, Tarsem regresó. En los guiones nuestros compatriotas, los hermanos Pastor. La pregunta es: ¿Se convertirá ‘Eternal’ en “eterna”?

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Crítica de Eternal

Uno de los realizadores más prometedores de este nuevo milenio ha sido el indio Tarsem Singh. Y hablo de “ha sido” en pasado porque así es. Todo el potencial con el que prometía sorprendernos este director, se ha visto difuminado entre tantos otros que firman sus productos sin ningún tipo de sello personal.

Como expuse en la introducción de esta crítica de Eternal, en el 2000 Singh debutaba con ‘La celda’. Esa cinta era un delirio que mezclaba el thriller noventero con la ciencia-ficción más onírica. Un título a reivindicar que, además de contar con la única interpretación decente de Jennifer López en una película (algo único en la filmografía de la cantante), sorprendió a todos por su portento visual.

Su siguiente película, ‘The Fall. El sueño de Alexandria’, ganó el premio a la “Mejor Película” en Sitges 2007. Muchos son los que opinan que con este segundo film fue cuando la carrera del director tocó techo. Este es un hecho razonable si pasamos a analizar sus siguientes proyectos. Immortals (2011) fue un delirio mitológico demasiado forzado, una especie de mezcla de lo mejor de300 (Zack Snyder, 2006) y lo peor de Furia de Titanes (Louis Leterrier, 2010). Blancanieves (Mirror Mirror) (2012), su particular visión acerca de uno de los cuentos populares más famosos de la historia, fue un despropósito en toda regla, las cosas como son. Para bien o para mal, Singh logró plasmar su estilo propio con esas cuatro películas. El cineasta se decidía por un camino entre lo barroco y el expresionismo.

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En ‘Eternal’ es de agradecer que podamos volver a disfrutar del sello de Tarsem. El problema es que este se diluye a medida de que avance el metraje. Un comienzo prometedor en el que se nos presenta una historia de ciencia-ficción moderna. Una historia con un mensaje tan clásico como el del ansia del ser humano por pervivir, el querer eterno, ligado a la inmortalidad. Los avances de la ciencia se convierten en principal leitmotiv de la trama en la que existe la posibilidad de traspasar una conciencia a un cuerpo creado en un laboratorio.

Ben Kingsley interpreta a Damian, un acaudalado arquitecto de la ciudad de Nueva York enfermo de cáncer. A Damian le ofrecen la posibilidad de ocupar un cuerpo más joven. El barroquismo del cine de Tarsem puede verse claramente en esta primera parte de la película. En ella, lo bello de los espacios se ve amenazado por lo oscuro que oculta el avance científico en cuestión. Damian se somete al procedimiento, pasando a ocupar un nuevo cuerpo, el de Ryan Reynolds. También pasa a tener una nueva casa y una nueva vida que vivir. Hasta aquí todo bien…

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Y entonces es cuando ‘Eternal’ se convierte en una película de acción al uso y sin personalidad. Una cinta con una historia con ínfulas de querer ser lacrimógena que se convierte en principal sustento de la trama. Cabe decir que Singh ejecuta de forma más que aceptable las escenas de acción. Sin embargo, no resulta convincente en tanto en cuanto al desarrollo de los diferentes giros de guion. Un libreto cuya autoría pertenece a los hermanos barceloneses Àlex y David Pastor, directores y guionistas de Infectados (2009) y Los últimos días (2013). Ambos firman un libreto demasiado pasado por el filtro hollywoodiense y, hasta la fecha, el más flojo de su carrera.

Los tópicos se sucederán uno tras otro. Asistimos a disparos, pretendidas sorpresas, persecuciones y palabrerío trascendental por boca de Albright (estupendo Matthew Goode), el villano de turno. Secundarios que aportan poco, aunque se conviertan en clave para entender la película. Además, está esa sensación de que, en cierto momento del rodaje, Tarsem Singh decidió no rodar más y dejarlo todo en manos de algún ayudante. Algún “best-boy” con mucha idea de rodar pero con un estilo diametralmente opuesto al del realizador indio.

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En conclusión.
No estamos ante la típica película en la que el espectador se sentirá engañado tras su visionado. No obstante, esto ya lo hemos visto mil veces. Si además de todo viene firmada por el otrora prometedor director de ‘The Fall. El sueño de Alexandria’, el disgusto puede ser un poco más grande, para qué engañarnos. En definitiva, una buena idea muy desaprovechada.

Tráiler de Eternal