El último mercenario
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“Archibald, a lo mejor a mí también me habría gustado tener un hijo de veinticinco años independiente ¡No un niño mimado como tú que ni sabe conducir! ¡Que grita como un bebé cuando hay pelea! Y que se oculta detrás de los libros. Mírame bien, Archibald. La vida es como una misión. La vida es así. Hacemos lo que podemos con lo que tenemos. Y tú, Archibald, siempre serás mi mejor cicatriz”. Jean-Claude Van Damme tira a patadas la puerta de Netflix en ‘El último mercenario’.

“La bruma…todos la notan, pero nadie la puede tocar” (Brumére)

Crítica de El último mercenario

Netflix nos entrega una alocada (tonta, dirán algunos) comedia de acción a la francesa. Una cinta que abraza, agradecidamente, los músculos de Jean-Claude Van Damme para un ¿último baile? Un canto del cisne en donde el belga da todo lo que le queda buscando la reivindicación final. El penúltimo intento del héroe de acción que nunca se rinde en una nueva reinvención para las audiencias actuales.

David Charhon se encarga de escribir y dirigir el film con participación de capital francés y bajo el paraguas del gigante del streaming. ‘El último mercenario’ se rodó parcialmente entre Paris y Ucrania cuando estallaba la pandemia del Covid-19. La cinta se filmó en francés e inglés como idiomas predominantes. Apuntar que esta no es la primera vez que Van Damme rueda un film mayoritariamente en francés. Aunque él se encarga de manera un poco descolocante de añadir frases o coletillas en inglés, quizá para hacer más fácil luego el doblaje para USA. Algo parecido ya lo había hecho en Lukas (Julien Leclerq, 2018).

‘El último mercenario’ se estrenó a nivel global en Netflix el 30 de julio de 2021. En su primer fin de semana en España subió al top de las más novedades más vistas (puesto 4º). Durante la promoción de la misma, Charhon y Van Damme hablaban de las posibilidades de volver para más entregas sí el film tenía éxito. Destacar que la película está dedicada a la memoria de la madre del director, Myriam Charhon, y también a su hijo Josh nacido el pasado 27 de marzo. Atención también al cameo del propio David Charhon como el encargado de la entrada de la embajada de Targistan. Otros cameos son los de Miou-Miou y Michel Crémadés.

Lo que predomina en ‘Le dernier mercenaire’ es la comedia de enredos y/o identidades equivocadas. Esto nos ofrece un film muy al estilo del cine del país vecino. De hecho, en esencia es puramente una película muy suya y con un humor que, si uno está familiarizado lo pasa bien… pero si no, entonces, el asunto se le puede hacer un poco cuesta arriba. Ahí es donde entra en acción la clave del asunto: la inclusión de Van Damme.

Es JCVD el que debe de calibrar la comedia, el drama, la acción y la parodia, tanto en su personaje como en el propio film. Esto último el astro belga lo hace mejor que la cinta, ya que quizá se han pasado un poco con el nivel de parodia. Aunque los imposibles disfraces de Van Damme tienen su punto, queda mal que en el clímax tengamos que cargar con un atuendo, digamos extraño, para un rudo héroe de acción. No se puede decir que los trailers promocionales no avisaran, pero alguien debería de haber sabido parar un poco o nivelar mejor la balanza.

Seamos sinceros, aunque el resto de los actores lo intentan con sus personajes, sin Van Damme a bordo, esta película no sería ni un tercio de lo que es. Van Damme eleva el conjunto y sabe perfectamente darle ritmo al film. Una pena que las prisas por rodarla con el estallido de la pandemia afecten precisamente a su look. Comento esto porque, en algunas ocasiones, JCVD luce mucho más cansado y avejentado. Además, las patillas de pega le quedan rematadamente mal. De su pelo, mejor no hablar…

Junto al belga encontramos un elenco mezcla de veteranos comediantes locales y un variado y multiétnico grupo de jóvenes. Ya sabemos que esto es Netflix y a nadie le debería sorprender su diversidad a estas alturas. Samir Decazza es Archibald, el hijo que “La bruma” nunca conoció cuando para asegurarle una existencia tranquila renunció a él. A primera vista, Van Damme y Decazza no se parecen en nada, y eso tendrá su explicación en el film. La mayoría de las escenas de ambos son juntas. Uno deberá conocer al otro a la fuerza mientras luchan por sus vidas.

Assa Sylla (Dalila) y Djimo (Momo) son los mejores amigos de Archibald. Una es una dura joven de las calles que lucha por salir adelante y el otro es el vago de su hermano que solo quiere pasar el día colocado mientras conduce un camión de congelados. Ambos acabarán formando equipo de ataque con “La Bruma” y Archibald. También tenemos el imposible aporte de Alban Ibanov como Alexandre Lazare, el hombre que, por desconocimiento, desclasificó el expediente secreto de Archibald. Su papel es bastante divertido y no para de asentir con la cabeza cuando se pone nervioso. Ojo a cuando Brumére le asesta un golpe muy aparatoso en la cara para que no sospechen que trabaja a dos bandas.

Al otro lado del espectro hará acto de aparición Nassim Lyes como el hijo de un importante magnate exiliado que juega en París a ser Tony Montana. Un político aprovechado (Paul) al que da vida Eric Judor. También mención para el muy rencoroso exjefe de Brúmere, el comandante Jouard encarnado por Patrick Timsit. A nivel físico, el gag recurrente reside en los dos mercenarios que envían para detener a “La Bruma” y que van recibiendo palizas a lo largo del metraje. Me refiero a Magnum y Jeroboam (Yuri Sapronov & Ismaël Sy Savané).

“Acaba de darnos todas las razones para acabar con ese cabronazo. Ya va siendo hora de dejar para siempre, en el pasado, los años noventa” (Jouard)

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de El último mercenario, cine de “embolados” típicamente francés con el aporte indiscutiblemente ganador de JCVD. El coloso belga demuestra que, aunque los años pasen, él sigue sin retroceder ni rendirse. Risas, acción, desmadre, parodia y ¡Van Damme! Solo en Netflix. ¿Quién da más?

Aviso: Hay varias escenas postcréditos. La última de todas ciertamente inesperada e importante por si vienen secuelas.

Tráiler de El último mercenario