El hoyo
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A pesar de ser la gran triunfadora en Sitges 2019 esta película apenas tuvo repercusión en su paso por cines. Sin embargo, su incorporación al catálogo de Netflix y el estallido de la pandemia del Coronavirus unido a una cuarentena eterna lo cambió todo. Ahora este film dirigido por el bilbaíno Galder Gaztelu-Urrutia se ha convertido en todo un éxito nacional e internacional. Llegó el momento de visitar ‘El hoyo’.

“El hambre desata la locura y en esos casos es mejor comer que ser comido” (Trimagasi)

Crítica de El hoyo

Los directores bilbaínos siguen lanzándose al ruedo cinematográfico y destacando muy poderosamente. Entre ellos tenemos ya a nombres consagrados como Álex de la Iglesia o a talentos pujantes como Koldo Serra. Y ahora se suma también Galder Gaztelu-Urrutia. Este joven realizador apenas presentaba dos cortometrajes hasta que se ha descubierto con ‘El hoyo’, su ópera prima. Lo cierto es que Galder ya se dio a conocer con este film en 2019, el hecho de que sea ahora cuando su película se ha convertido en un fenómeno de masas es algo ya explicado, brevemente, en la introducción. A nadie se le escapa que un film de estas características resulta “ideal” para ver en estos días de confinamiento y/o cuarentena. Nuevamente en Netflix, queriendo o sin querer, han sabido cómo levantar un nuevo producto viral.

Nadie que vea ‘El hoyo’ puede negar la influencia de un film de culto también premiado en Sitges. Me refiero aCube (Vincenzo Natali, 1997). No sólo es que la temática sea ciertamente parecida… sino que también hay algunos planos que saben a homenaje. En cualquier caso, de nada le serviría a Urrutia haberse fijado (o no) en el trabajo de Natali si ‘El hoyo’ no fuera un producto destacado. Y lo es por sí mismo, tal y como vamos a repasar a continuación…

La trama de ‘El hoyo’ parte de una historia escrita por David Desola y guionizada por él mismo y por Pedro Rivero. A este último ya le conocíamos por aquí gracias a la destacada Psiconautas, los niños olvidados (Pedro Rivero y Alberto Vázquez, 2015). Decir que el planteamiento del libreto es muy “básico” y se reduce a ver cómo una plataforma va sirviendo comida a unos presos confinados en diferentes niveles. Sin embargo, esta aparente “simplicidad” da mucho juego ya que son muchas las ideas exploradas a través de este planteamiento. Así pues, a lo largo del metraje se van a discutir temáticas tan interesantes y estrechamente ligadas todas entre sí como: el comunismo, el individualismo, la solidaridad, la avaricia, la moral, la ética y la religión e incluso el canibalismo.

Muchas de las situaciones que veremos enmarcadas en los temas anteriormente citados empujarán al debate. Un debate interior para el propio protagonista pero también exterior junto a otros presos que irá conociendo. En pantalla veremos cómo los principios de Goren se asientan, tambalean o decaen según las diferentes y tremebundas circunstancias que presencie. También es fácil extrapolar a nuestro foro interno lo que vemos y preguntarnos qué haríamos nosotros en su situación. Ojo con esto y más en los oscuros tiempos que estamos viviendo actualmente.

Expuesta la rica temática del film no está de sobra conocer la opinión del propio director al respecto. En palabras de Galder Gaztelu-Urrutia esto es lo que quiso transmitir con la cinta: “Con esta historia no queremos ser doctrinarios ni dar lecciones. Tan sólo reflexionar sobre el reparto de la riqueza en el mundo. Las analogías de la película son múltiples pero me gusta decir que es un thriller de ciencia ficción con mensaje y no al revés. Las películas sólo con mensaje me sugieren aburrimiento”. Las propias palabras de Urrutia quedan reflejadas en el film cuando vemos cómo los presos de los niveles superiores devoran la comida sin dejar nada al resto. Así pues, ‘El hoyo’ es un reflejo de nuestra realidad. Si estás en los niveles superiores comerás y vivirás bien. Por el contrario, si estás en los niveles inferiores estás perdido. Más claro el agua…

Por otro lado, quisiera destacar que la película no es apta para todos los paladares. De hecho, el film contiene escenas bastante desagradables con personajes llevados al extremo. Amén de que podremos ver varias secuencias explícitas de gore, sangre, violencia e incluso escatología. En esta línea veremos cuerpos partidos por la mitad, palizas tremebundas e incluso alguna cabeza cercenada… Todo esto en base a efectos prácticos y muy bien realizados. La película no se anda con chiquitas y esto es de agradecer para los fans del cine de género.

Otros aspectos que destacan mucho son el diseño de producción y la música. Todo lo que tiene que ver con la “granítica” estructura está fenomenalmente recreado. Cierto es que todo es muy austero porque nos limitamos a unas celdas individuales dispuestas de modo vertical y a una “plataforma” central a modo de mesa-ascensor. Ahora bien, toda esta austeridad juega a favor de las sensaciones y personajes. Respecto a la música resaltar la labor de Aránzazu Calleja con una composición central que me hizo imaginar una especie de reloj metálico en una maldita cuenta atrás.

“¿Cuántos niveles hay?” Cube 2.

El gran protagonista de la función es Iván Massagué encarnando a Goren, un preso “voluntario” en busca de un “título homologado”. Realmente estamos ante un auténtico “Quijote” que, en un principio, intenta cambiar las cosas (no por casualidad su libro de cabecera es ‘El Quijote’). La interpretación de Massagué es a tumba abierta no dejándose nada en el camerino. Su personaje pasa por todo tipo de estados de ánimo y el tour interpretativo del actor es descomunal.

Dejando al margen a Massagué también hay otros “presos” que irá conociendo y que conviene destacar brevemente. El primero de ellos es Zorion Eguileor como Trimagasi, un viejo calculador y analítico cuya palabra preferida es “obvio”. Tremenda la performance de Zorion con cierto aire físico a Carlos Pumares. También destaca la aparición de Antonia San Juan como Imoguiri, una muy calmada administrativa que también quiere cambiar las cosas. Totalmente gestual es la interpretación de Alexandra Masangkay en el rol de Miharu, una extraña mujer de la que se dice busca a su hijo. Finalmente, muy brava y nerviosa es la performance de Emilio Buale encarnando a Baharat, un coloso de ébano que “va a tope” y ayudará a Goren. Atención a su primera aparición cuerda al hombro y a lo que le sucede con el preso del nivel superior…

“Hay tres clases de personas: Los de arriba, los de abajo y los que caen” (Trimagasi)

En conclusión.
Termino esta crítica de El hoyo, una película que ya ha entrado en el olimpo de las cintas de culto. Estamos ante el fenómeno viral de esta época de cuarentena y pandemia. Un film en el que la información se nos va dosificando y que nos mantiene en completa tensión por saber cómo terminará todo. Véanla y aprendan de ella sus buenas lecciones y traten de aplicarlas en los funestos días que estamos viviendo actualmente.

Tráiler de El hoyo