Chicas perdidas
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A través de esta película en Netflix dan eco a una desesperada y dramática historia real. Una historia de desapariciones, búsqueda incansable de la verdad, negligencia y crimen. Llegó el momento de sacar a la luz lo sucedido en Oak Beach. Comenzamos la búsqueda de las ‘Chicas perdidas’.

“Esta es mi hija Shannan Maria Gilbert y voy a poner un cartel por cada día que siga desaparecida” (Mari Gilbert)

Crítica de Chicas perdidas

Esta película significa el debut en la dirección de un film con cierta resonancia de Liz Garbus, documentalista dos veces nominada al Oscar. Dados sus antecedentes, en ‘Chicas perdidas’ no se puede negar un cierto aire a documental. Su dirección se fija mucho en personajes (especialmente en la protagonista) y lugares con todo tipo de planos. Además es bastante realista y huye de cualquier ornamento. La intención de Liz es la misma con la que Robert Kolber escribió su libro de no ficción: dar voz a unas mujeres y a una historia dramática, macabra y no resuelta.

La trama de la película se vuelca totalmente en el suspense provocado por la desaparición de la joven Shannan. Así pues, en buena parte del film asistiremos a la incansable búsqueda liderada por su madre, Mari. En su particular investigación podremos ver las chapuzas realizadas por la policía local y el destape (por azar) de toda una oleada de crímenes que permanecían en el anonimato y sin castigo. También seremos testigos de las sospechas vecinales en la zona y, en menor medida, de la actividad de los medios de comunicación. Medios que utilizará Mari como amenaza y medio de presión.

Otro tema importante es ver la unión entre aquellas mujeres que han sido abandonadas por todos al perder a sus seres queridos. Realmente este último punto es bastante entrañable y llegas a empatizar con este peculiar grupo. Pero ¡ojo! ni mucho menos se presenta a estas mujeres y a la propia Mari Gilbert como madres ejemplares. Tan es así que ellas mismas son conscientes de sus propios errores (algunos de ellos muy graves) y de cómo estos afectaron a sus hijas. Creo que este es un punto a destacar en el guión de Michael Werwie. Un libreto que no es una loa continua sino un intento de reflejar toda la realidad: la buena y la mala.

Al tratar un tema tan sensible como la desaparición de una chica joven es inevitable que la película provoque tristeza e impotencia. En esta línea se busca este sentimiento no de manera gratuita sino para concienciarnos de lo que está pasando. Así pues, en todos los ambientes y personajes pulula la tristeza. La casa familiar, la comisaría, las carreteras, los pantanos,… todo aquí es retratado y fotografiado con tonos nada dados a la alegría.

La tristeza también queda recogida en las mismas vestimentas de las protagonistas. En sus prendas predomina también una ausencia de colorido. La única nota de color bien puedo decir que es la rubia melena de Mari y las estrafalarias vestimentas de Kim, una joven que, por su profesión de “chica alegre”, rompe la monotonía grisácea en los ropajes. A toda esta tristeza generalizada se suma también la banda sonora de Anne Nikitin con unas composiciones intencionadamente deprimentes y melancólicas.

“¿Le ha pasado algo a Shannan?”. Buscando a Shannan desesperadamente.

En el reparto destaca Amy Ryan marcando y decantando claramente la película a su favor. Su actuación es brutalmente buena otorgando a Mari Gilbert un carácter muy fuerte y temperamental. No obstante, la actriz también nos regala, lógicamente, momentos de derrumbe psicológico. Como apunte sobre la figura real de Mari os dejo estas palabras de la actriz: “Mari tuvo una vida extremadamente dura. Era una madre soltera que tenía algunos trabajos y tomó decisiones muy difíciles que, en ese momento, creía que eran sus mejores opciones”.

Intentando aplacar a Mari, y con un carácter totalmente opuesto, tenemos a Gabriel Byrne como el comisario Dormer. La performance de Byrne es absoluta y totalmente taciturna. A su personaje le “enchufan” el caso de la desaparición de Shannan y se ve obligado a aguantar desplantes de unos y otros bajo la amenaza de la jubilación forzosa. Entre los desaires que tendrá que soportar están los de su incompetente e impertinente compañero interpretado por Dean Winters (ojo a esta frase que ya lo retrata como un auténtico miserable: “¿Quién dedica tanto tiempo a encontrar una puta?”). Por otro lado, entre los vecinos de la zona, llamar la atención a la prepotente recreación que Reed Birney hace de su rol del doctor Peter Hackett poniéndonos automáticamente en contra de él.

También es justo y necesario destacar la labor de dos jóvenes actrices en los roles de Sherre y Sarra Gilbert. Me refiero a Thomasin McKenzie y Oona Laurence. Realmente se te encoge el corazón viendo a estas dos chiquillas acompañando a su madre en su furiosa investigación. Ambas nos transmiten un cariño casi inigualable y una necesidad imperiosa de protegerlas para que no vean ni escuchen determinadas cosas. A resaltar especialmente Thomasin porque también goza de más tiempo en pantalla.

Finalmente, no quiero dejar de mencionar a Lola Kirke como Kim, la “chica alegre” que es la más destacada del grupo de mujeres de la vigilia y que será todo un apoyo para Sherre y Sarra. La interpretación de Kirke además es la más viva de todo el elenco por el personaje representado.

“Eso es lo que hacemos por aquí: ayudar a la gente” (Peter Hackett)

En conclusión.
Termino esta crítica de Chicas perdidas, una película que recoge una parte muy oscura de la historia de Oak Beach. La directora Liz Garbus acierta al filmar esta dramática historia sin ningún tipo de alegría ni adorno. Garbus deja claro que lo principal es dar voz a una madre coraje implicada en una dramática búsqueda. ‘Chicas perdidas’ busca concienciarnos a través de la tristeza y la denuncia, en mi caso lo consiguió.

Tráiler de Chicas perdidas