Atmósfera cero
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La lucha del hombre contra la corrupción ha servido de inspiración en innumerables películas. Concretamente ha sido el eje principal en algunos de los mejores westerns de la historia. ¿Quién no recuerda a Gary Cooper enfrentándose a los forajidos con el coraje y su revolver como únicas armas? Pues bien, ¿Qué ocurriría si un western se ambientara en el espacio? La respuesta la encontramos en una lejana luna de júpiter. Bienvenidos a ‘Atmósfera cero’.

“¿Mis hombres?… Mis hombres son una mierda” (O’Niel)

Crítica de Atmósfera cero

Antes de profundizar al máximo en esta película es importante entender que, efectivamente, estamos ante un western espacial. Es cierto que no tenemos al típico Sheriff ni a los típicos forajidos. Además la acción no se sitúa en parajes remotos infestados de indios… Pero sí tenemos a un Marshall espacial y a una organización criminal. Todo ello ambientado en una lejana colonia minera. En este caso no es dinero lo que manejan los villanos, sino una peligrosa droga que aumenta la resistencia física de los trabajadores y, por tanto, su productividad. Lamentablemente el potingue tiene efectos secundarios bastante nefastos para la salud del individuo. Tan es así que lo hace caer en una profunda paranoia que llega a provocar actitudes suicidas.

La dirección y el guión de la película recaen sobre los hombros de Peter Hyams, un director que ya tenía algún título interesante a sus espaldas como Capricornio Uno’ (1977) o ‘La calle del adiós’ (1979). Después de ‘Atmósfera cero’ su carrera gozaría de un merecido impulso aunque con ciertos altibajos. Así llegaría a combinar películas nada despreciables como ‘2010: Odisea dos’ (1984) y Timecop(1994) con mediocridades como El sonido del trueno (2005) o ‘The Relic’ (1997).

En lo que respecta a ‘Atmósfera cero’, Hyams no se muestra nada pretencioso. El director nos obsequia con una película entretenida y muy bien dirigida. Un film con un tono oscuro y casi claustrofóbico que nos recuerda, en muchos aspectos, a una joya del cine que se había estrenado apenas un par de años antes. Me refiero, cómo no, a Alien, el octavo pasajero’, una obra que había redefinido considerablemente el género espacial. Como detalle curioso diremos que los trajes espaciales de ambas películas son obra del mismo hombre: John Mollo, que ya había ganado un Oscar por el vestuario de La guerra de las Galaxias(George Lucas, 1977).

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Podemos pensar que el guión es “flojo”, y quizás sea así porque apenas profundiza en las personalidades de los personajes. De hecho, la mujer de O’Niel le abandona harta de ser arrastrada de colonia en colonia. Por su parte, la a priori interesante Dra. Lazarus pasa de puntillas sin explicarnos apenas nada sobre su vida y circunstancias. Hyams prefiere centrar el peso del argumento en la decisión de O’Niel de quedarse en la colonia minera para desmantelar el tráfico de drogas y devolver un poco la humanidad a ese olvidado lugar. Por una parte se trata de un viaje de autodescubrimiento y redención. Un trayecto donde el experimentado policía trata de averiguar quién es él en realidad. Y por otra es un sencillo alarde de valor. Una lucha desigual contra un sistema corrupto alrededor de una población asustada y sumisa.

Es en el punto anterior cuando las similitudes con un western como Solo ante el peligro’ (Fred Zinnemann, 1952) se hacen más que palpables. Como todo guión, tiene fallos, qué duda cabe… e incluso incongruencias de carácter científico, como el hecho de que al personal le estalle la cabeza cuando se expone al vacío espacial. Pero creo que los pequeños fallos que pueda tener son lo de menos en esta película. Una cinta que tuvo su adaptación al cómic dibujado por Jim Steranko siendo publicado en la revista ‘Heavy Metal’ (julio y octubre de 1981, y enero de 1982). La versión novelada corrió a cargo de Alan Dean Foster, publicada por Warner Books.

La película fue rodada en los Estudios Pinewood. En palabras de Hyams: se pensó en las Dodge City del pasado y las plataformas petrolíferas del presente. Son lugares que atraen a gente con un pasado sospechoso. Personas que tienen poco que perder y que lo único que quieren es ganar el máximo dinero en el menor tiempo posible”. Se contó con los decorados de Philip Harrison para reflejar el duro y desolado tema de la avaricia en medio de la nada. También es importante notar que todos los vehículos y escenarios que vemos tienen como denominador común su estilo industrial. No se busca asombrar al espectador con diseños bellos y espectaculares, sino en dar a cada elemento la utilidad que supuestamente tiene. Aclarar que el complejo minero está compuesto de 7 módulos: la mina, la refinería, la estación solar, dos invernaderos, los alojamientos y la pista de aterrizaje.

La película fue elaborada en interiores con la intención de ser disfrutada en una sala oscura, donde la iluminación artificial le da un carácter propio. Añadamos que el sonido está perfectamente cuidado, ya que es otro de los elementos que nos ayudan a sumergirnos completamente en la historia. Y hablando del sonido, la música corre a cargo de Jerry Goldsmith. El maestro nos regala momentos extraordinarios mediante su típico estilo. Ya sea en las persecuciones a través del complejo minero o en las imágenes exteriores, el sonido y la música nos transmiten un inequívoco sentimiento de aventura y espacio.

Es imprescindible destacar el impecable trabajo de los actores. Para el papel de O’Niel se contó con un popular Sean Connery que ya había dejado atrás su faceta de Bond. Conney ya contaba con auténticos peliculones en su haber como El hombre que pudo reinar(John Huston, 1975). El actor escocés realiza un gran trabajo personalizando la rectitud y honestidad de O’Neil frente a la corrupción. Por supuesto, también cede al personaje su particular humor y carisma.

Frente a Sean Connery encontramos a un Peter Boyle muy convincente como villano. Aquí tenemos al típico responsable que cabría encontrar en una explotación minera. Alguien sin escrúpulos acostumbrado a controlar a la policía y a todo aquel que pretenda meter las narices en sus asuntos. La única persona que se atreverá a ayudar a O’Niel, arriesgando su vida, será la doctora Lazarus, un personaje bastante desaprovechado del que no se deja demasiado claro por qué está en esa colonia. Aún así el trabajo realizado por Frances Sternhagen es muy bueno. El resto de secundarios están a la altura de lo esperado con nombres como James Sikking, Steven Berkoff y John Ratzenberger.

Conclusión.
Concluyo esta crítica de Atmósfera cero, un título de acción bien dirigido, bien interpretado y que trata de trasladar el encanto y los arquetipos del viejo oeste a un entorno tan inhóspito y hostil como es el espacio. Puede que no estemos ante la mejor película del género, pero tampoco pretende serlo y termina siendo un film muy destacado y de culto. Y ¡Qué demonios! ¡Sean Connery empuña su fusil! ¿Qué más podemos pedir?

Tráiler de Atmósfera cero