El hombre que pudo reinar
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El género de aventuras abarca centenares de películas, pero sólo unas pocas son llamadas a reinar en lo más alto. Estamos sin duda ante una de ellas, en este caso basada en un relato corto de Rudyard Kipling y dirigida por el gran John Huston. La primera vez que dieron por televisión ‘El hombre que pudo reinar’ yo tenía apenas diez años, pero cada vez que la veo rememoro las mismas sensaciones que sentí por aquel entonces. Recordemos juntos esta aventura épica y magistral.

«No somos dioses. Pero somos ingleses, que es lo más parecido que hay».-Peachy Carnehan.

El hombre que pudo reinar

Crítica de El hombre que pudo reinar.
Una de las grandes ilusiones de John Huston era llevar a la gran pantalla este relato corto de Rudyard Kipling, escritor británico conocido por obras tan notables como ‘El libro de la selva’ o ‘Gunga Din’. Esta última ya había sido llevada al cine en 1939 de la mano del director George Stevens y con Cary Grant como actor principal.
John Huston tardó más de diez años en materializar el proyecto, y a lo largo del proceso sonaron nombres tan diversos como Humphrey Bogart, Kirk Douglas o Paul Newman para interpretar a los protagonistas. Finalmente, ya en la década de los setenta, la película fue tomando forma con el acierto añadido que supuso contratar a dos actores británicos. Qué mejor elección teniendo en cuenta que los protagonistas de la historia son dos vivos representantes de la flema británica.

Con esta película Huston no pretendía rodar la típica aventura al uso, sino una muy especial ambientada en la Asia colonial de finales del siglo XIX, cuando en el Imperio Británico no se ponía el sol. Para ello tuvo que trasladar el romanticismo y el misterio de unas tierras recónditas a la gran pantalla con la única ayuda de su talento como director y la química que se estableció en el dúo protagonista. Hemos de tener en cuenta que por aquellos años el Imperio Británico abarcaba casi todos los continentes, diseminado en colonias y protectorados que habían sido labrados a base de sudor y sangre. En cierta manera hay una crítica encubierta al estamento militar victoriano, ya que lo que impulsa a Daniel y Peachy a adentrarse en tierras extrañas es la búsqueda de una gloria y una riqueza que su patria les ha negado.
Tampoco hay que olvidar que el orgullo era marca de la casa en la sociedad inglesa, algo que queda muy bien reflejado cuando Kipling les advierte de lo peligroso de la misión, recordándoles que sólo Alejandro el Grande pudo salir vivo de allí. La respuesta flemática de Peachy ante semejante reto es concisa: «Si lo hizo un griego lo haremos nosotros».

El hombre que pudo reinar

John Huston ya había demostrado tener pulso firme para el género de aventuras en películas inolvidables como ‘La reina de África’ o ‘Moby Dick’, en gran parte porque siempre contó con guionistas de alto nivel. Y es exactamente lo que tenemos en esta película, un excelente guión trabajado por él mismo con la ayuda de Gladys Hill, que ya había colaborado en ‘Reflejos en un ojo dorado’. Dicho guión dedica la primera media hora del metraje a retratar muy por encima el carácter de la sociedad victoriana pero sobretodo a presentar a los personajes que nos han de acompañar durante toda la aventura. Una vez Daniel y Peachy se adentran en las tierras del Hindukush hay un claro punto de inflexión, ya que es entonces cuando se trabaja el aspecto más personal de cada protagonista y se desarrolla la trama. Hay que añadir que Huston se tomó la licencia de incluir al propio Rudyard Kipling como elemento introductorio en una escena inicial con Michael Caine memorable.

Antes de hablar de los actores sería interesante comentar un par de aspectos: John Huston siempre tuvo una predilección especial por las historias de perdedores, y en este caso centró la trama alrededor de dos soldados británicos desencantados con el Imperio. Pero además realiza un estudio psicológico bastante certero sobre la codicia, la amistad y la propia existencia humana. En cierta forma el viaje que inician estos dos perdedores resulta ser una redención por sus actos, casi llegando a un punto de purificación místico que notamos sobre todo cuando al principio de la película Kipling reconoce a Peachy Carnehan: «Soy el mismo, y no el mismo que estuvo a su lado en un vagón de primera del tren de Marwar hace tres veranos y un millar años».

Y si hay que hablar de un pilar importante en esta crítica de El hombre que pudo reinar, ese no es otro que la pareja protagonista formada por Sean Connery y Michael Caine. Ya no hablo sólo de una interpretación magistral, sobre todo la de Michael Caine, sino de la enorme química que consiguen en pantalla superando a otras parejas famosas como habían sido Robert Redford y Paul Newman en ‘Dos hombres y un destino’. Gracias a ello consiguen plasmar una relación de férrea amistad que es el eje principal de la película. Una amistad curiosa, ya que el personaje de Connery representa la impetuosidad mientras el de Caine marca la prudencia del hombre cabal. Y es que cuando Daniel acaba teniendo delirios de grandeza, es Peachy quien constantemente trata de prevenirle de donde se están metiendo. Sé que para muchos puede ser un engorro, pero es especialmente recomendable la versión original para poder apreciar el acento cockney de estos dos monstruos de la interpretación.

El hombre que pudo reinar

Teniendo el cuenta el peso específico de los actores principales, es normal que los secundarios no brillen demasiado a su lado. Pero acompañándoles tenemos a un Cristopher Plummer que soluciona la papeleta muy correctamente en los pocos minutos que dura su papel. Y quizás el personaje más entrañable sea el de Billy Fish, interpretado por un desconocido Saeed Jaffrey que veríamos años más tarde en ‘Gandhi’ y ‘Pasaje a la India’. Su papel es claramente escenificar el respeto que imponían los británicos, en la figura de un soldado Gurkha que encomienda su vida al servicio de los dos ingleses.
El resto de reparto son básicamente extras nativos de Marruecos, que es donde se rodó la película. La única presencia femenina destacable es el de Shakira Caine que da vida a Roxana, la mujer que toma Daniel Dravot como esposa y que será el elemento catalizador que precipite su caída en desgracia. Y no, el apellido no es casual porque la actriz que la encarna es la mujer de Michael Caine.

Un último punto que merece ser destacado es el apartado musical, que corre a cargo del prolífico Maurice Jarre, que a sus espaldas ya tenía bandas sonoras memorables como las de ‘Lawrence de Arabia’ y ‘Doctor Zhivago’. Para este trabajo contó con la colaboración de músicos indios y una orquesta sinfónica tradicional, obteniendo una mezcla exótica de tonos y melodías que se adapta perfectamente a la atmósfera de la película.

El hombre que pudo reinar

Conclusión.
Como decía al principio, pocas películas consiguen llegar a lo más alto. Pero ‘El hombre que pudo reinar’ es una de ellas, tanto por el excelente guión y la mano firme de su director como por el magistral trabajo interpretativo del dúo protagonista. Es una elección perfecta, tanto para los que deseen repasar la obra de Rudyard Kipling como para aquellos que simplemente quieran disfrutar de una de las mejores películas de aventuras de la historia. Es cierto que a diferencia de la mayoría de producciones del género aquí se relata una historia con un final épico y emotivo. Pero incluso en las lágrimas hay algo de lo que podemos aprender. Y en este caso la lección nos enseña que cuando ya lo has perdido todo, cuando la riqueza y la gloria se desvanecen, aún queda la amistad y sobre todo el recuerdo de las aventuras vividas.