Al Pacino
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Filmografía de Al Pacino.

“Cuanto más éxito tengas, más difícil se vuelve mantener ese éxito y mantener al mismo tiempo el entusiasmo original. Lo que te fortalece es el trabajo, el oficio, el salir cada día a hacer papeles que no son necesariamente los mejores para ti, o con los cuales no sientes conexión inmediata. Y no hay que perder eso…”. Señoras y señores con todos ustedes ¡Al Pacino!

Alfredo antes que Pacino: Su infancia.
Alfredo James Pacino nació el 25 de abril de 1940 en Manhattan (NY), hijo de Rose Gerardi y Salvatore Pacino. Sus padres vivieron una situación económica demoledora casi desde el mismo nacimiento del pequeño Alfredo. Esto acabó desembocando, entre otros temas de guardada intimidad, en su divorcio a los pocos años de su nacimiento. El pequeño Al se mudaría con su madre al sur de Bronx. Allí vivían sus abuelos junto a sus dos tías sordas y donde tendría contacto con la madre de su padre. Al mismo tiempo, Rose trataría de rehacer su vida y acabaría separándose de su propio hijo, sobre todo desde el punto de vista físico y afectivo.

A menudo, Pacino comentaba que había sido principalmente criado por sus abuelos, debido a la juventud de su madre y a la situación de EEUU en los años cuarenta y cincuenta. Su adolescencia fue complicada en el Bronx. La misma acabó por afectar a su carácter y forma de percibir la fama una vez le llegó ya pasados los treinta años. En 1966 hizo su primer intento por entrar a formar parte del Actors Studio liderado por Lee Strasberg (1901-1982). Un Strasberg que luego se tornaría como una especie de figura paterna en su vida hasta su muerte en 1982. El otro gran maestro del futuro intérprete sería Charles Laughton.

Antes de llegar al Actors Studio, y antes de subirse a las tablas y también antes de llegar a su primera película (en la que solo tenía dos líneas de diálogo en 1969), Al estuvo a punto de perderse. Vio amigos irse, vio la delincuencia, el hambre, la necesidad y las rejas de una prisión. Pero algo lo guió para dejar de ser Al, o Sonny (su apodo del barrio) y convertirse en Pacino. Quizá fuera un instinto de supervivencia superior, o simplemente era el talento. El talento puro y duro que le iba abriendo paso a la gloria.

“A una edad muy temprana aprendí a defenderme. Aprendí a pelear para sobrevivir. Recuerdo decirle una vez a un tipo: puedes golpear cinco veces en el brazo derecho que yo sólo te golpearé una vez. Lo hizo. No me inmuté. No lloré hasta llegar a casa. Así era mi infancia” (Al Pacino, 1979)

El método, el teatro y el nuevo Hollywood.
Ya en el Actors Studio y bajo la batuta de Strasberg, quien en primera instancia lo rechazó por no ver talento en él, Al fue creciendo. En apenas unos años estaba en el punto de mira por sus poderosas recreaciones en Teatro. Pacino recibió un Tony por la obra ‘Does the Tiger’s Wear a Necktie’. En 1969 llegó casi por casualidad hasta ‘Yo, Natalia’ (Fred Coe, 1969), su debut cinematográfico. Este film era un pesado drama sobre una chica criada con el estigma del patito feo. La película totalmente demodé no le sirvió para nada en términos de ganar terreno. Pacino llegó a ella al estar siendo rodada en escenarios del Greenwich Village, donde compartía piso con otros aspirantes a actores como Lance Henriksen. Su papel en la cinta fue el de un bailarín con dos frases.

A finales de los sesenta conocería a Martin Scorsese, Brian De Palma y Robert De Niro. Los dos últimos figuras claves de su cine, junto a Francis Ford Coppola y Sidney Lumet (1924-2011). Por encima de ellos se levantó una figura ineludible de su vida a todos los niveles: su representante, productor y guía, Martin Bregman (1926-2018). Gracias a éste conseguiría su primer papel protagonista en 1971 con ‘Pánico en Needle Park’ (Jerry Schatzberg). En ella compartiría pantalla con Kitty Winn, de quien sería pareja durante un tiempo tras dejar su noviazgo con la también actriz Jill Clayburgh. Otras parejas suyas, y también artistas, fueron: Diane Keaton y Beverly D’Angelo (con quien tuvo dos hijos gemelos: Anton y Olivia). Antes había sido padre de Julie Marie (1981), más conocida como Julie Pacino, su madre fue la profesora de teatro Jan Tarrant.

“Para mí no se trata de a quien amas, sea un hombre o una mujer. Es el hecho de que amas. Eso es lo que de verdad importa” (Al Pacino)

El Padrino del Bronx.
Francis Ford Coppola luchó tremendamente por preservar el reparto que tenía en mente para ‘El padrino’ (1972). Coppola no solo convenció a Marlon Brando para que hiciera una prueba de cámara gratis, sino que mantuvo durante más de un mes de rodaje en el set a un actor que nadie quería y que no terminaba de encontrar la confianza necesaria para brillar: Al Pacino. No fue hasta que Robert Evans, y los mandamases de Paramount, vieron el copión de la escena del restaurante que dejaron de lado la idea de despedir a esa “medianía” llamada Pacino. Tan es así que el propio actor estuvo a punto de renunciar. Solo el apoyo incondicional de Coppola, y las confidencias con Diane Keaton, además de la experiencia de conocer a uno de sus grandes ídolos (Brando), hizo que Pacino aguantara hasta el final.

La nominación al Oscar, y su alzamiento como uno de los rostros claves de la nueva camada de actores con más talento que pintas de galán, cambiaría por siempre la forma de interpretar. Al Pacino había nacido para el mundo. A partir de aquí encadenó una serie de películas magistrales y actuaciones hipnóticas. Me refiero a cintas del calibre de: ‘El Espantapájaros’ (Jerry Schatzberg, 1973), Tarde de perros’, ‘Serpico’ (Sidney Lumet, 1973) y ‘El Padrino II’ (1975).

En 1975 el cuerpo le dio un serio aviso al ser ingresado por agotamiento en un Hospital de Nueva York. Los médicos le aconsejaron que empezara a tomarse la vida más ligera. La tremebunda inmersión en sus personajes, sobre todo lo perdido en las sombras que se le vio en ‘El padrino II’, hizo que Pacino tuviera que recurrir a pastillas para dormir. La depresión llamó a su puerta y acabó en terapia para poder salir del abismo. El alcohol estuvo cerca de engullirlo, pero el teatro fue su calmante. No fue hasta casi los ochenta que volvería su mejor versión en cines con ‘Justicia para todos’ (Norman Jewison, 1979). Esta cinta le devolvería a la gala de los premios de la Academia después de un impasse de un lustro fuera de la primera línea.

“Me refugié en el teatro para volver a la esencia de la actuación” (Al Pacino)

La vida más allá de los cuarenta.
La nominación por ‘Justicia para todos’ le llevó a un nuevo punto en su carrera. Casi por casualidad cayó en sus manos una de sus grandes creaciones. Hablo de una leyenda casi mayor que él: Tony Montana, el protagonista deEl precio del poder (Brian de Palma, 1983). Esta gigantesca ópera criminal fue levantada por Martin Bregman. El resto de los ochenta quedarían para él en un segundo plano tras esta descomunal performance.

Pacino había buscado la polémica anteriormente pero erró el tiro con ‘A la caza’ (William Friedkin, 1980). También quiso cambiar de registro prácticamente obligándose a protagonizar ‘Autor, autor’ (Arthur Hiller, 1982), un film que, como ‘Un instante, una vida’ (Sydney Pollack, 1977), no supo encontrar su tono. En ambas, Pacino no supo hallar una guía en el director. Ni Pollack ni Hiller conectaron con el intérprete y eso acabó por notarse en su performance y en el propio film. El descalabro de ‘Revolución’ (Hugh Hudson, 1985) puso punto final a su aportación en los ochenta. Solo volveríamos a verle de vuelta para despedir una década negra en su vida en el electrizante policiaco ‘Melodía de seducción’ (Harold Becker, 1989).

“Llevo veinticinco años actuando y cuánto más lo hago más cuenta me doy de cuánto me falta por aprender” (Al Pacino)

La osmosis, el esplendor del actor y la madurez del mito.
El cierre y el adiós a Michael Corleone lo firmó Coppola casi por obligación en 1990 con ‘El padrino III’. Un envejecido Michael se negaba a confesarse, ¿para qué? si no se arrepentía. Al mismo tiempo, la diversión pura y dura tocó a su puerta como una especie de caricatura de su muy querido Rey Lear en ‘Dick Tracy’ (Warren Beatty, 1990) donde Al parodiaba sus leyendas gansteriles como el bailarín y jorobado Big Boy Caprice. De repente, el actor que siempre había huido de la fama, se encontraba saliendo en una película de la cual los niños podrían comprar muñecos como parte del merchandising. Su papel le devolvió a la primera plana. Incluso la Academia de Hollywood, que ninguneó su Tony Montana, abrazó su acercamiento al cartoon con Big Boy Caprice.

Pacino prefirió seguir en tonos más amables en sus siguientes films, al mismo tiempo que planeaba su gran asalto. Una serie de enormes películas con actuaciones fascinantes estaban por llegar. También llegó el Oscar a mejor actor, negado en los anteriores veinte años, por ‘Esencia de mujer’ (Harold Becker, 1992). Al mismo tiempo, sentaba cátedra con largometrajes del nivel de ‘Atrapado por su pasado’ (Brian De Palma, 1993), Heat (Michael Mann,, 1995) oDonnie Brasco (Mike Newell, 1997).

En el nuevo milenio los proyectos que le iban llegando no resultaban tan estimulantes como antaño. La semi-retirada de Martin Bregman, una vez perdido su poder en la industria, dejó a Pacino en manos de las agencias de representación. No obstante, logró llegar a un policíaco absorbente como Insomnio (Christopher Nolan, 2002). Hasta 2004 no consiguió recitar a Shakespeare en ‘El mercader de Venecia’ (Michael Radford), sus ojos volvían ennegrecerse con su monumental recreación del prestamista Shylock. Otro personaje suyo que merece un lugar en su panteón de grandes creaciones fue el Ray Cohn enfermo de sida en ‘Ángeles en América’ (2003), una serie tremendamente onírica para la HBO que le permitió trabajar con su adorada Meryl Streep. Pacino ganaría el Emmy y el Globo de Oro por su impresionante recreación. En 2007 recibiría el AFI, el gran premio de las artes americanas a toda su carrera.

“Sé la edad que tengo. Unos días te levantas con ganas de hacer muchas cosas y otros te duele todo el cuerpo. Con el paso de los años sabes que te acaban quedando dos cosas: recuerdos e imaginación” (Al Pacino)

Netflix, los fenómenos virales y la serialización de Hollywood.
Desde 2011, y hasta nuestros días, las producciones en las se puede ver a Pacino basculan entre cintas de personajes reales hechas para la televisión de pago, apariciones en films comerciales para seguir llenando parte de la primera línea y su entrada definitiva dentro del auge del video por demanda o las producciones DTV. Esta mezcla de proyectos hace que cada nueva película suya sea una especie de dado lanzado al aire. En ocasiones la partida le sale perdedora como ‘Corrupción y poder’ (Shintaro Shimosawa, 2016) y en otras se puede vislumbrar a un Pacino agradecidamente rocanrolero como en la macarraTipos legales (Fisher Stevens, 2012).

Obras claramente rescatables de esta época son ‘La sombra del actor’ (Barry Levinson, 2014), ‘Señor Manglehorn’ (David Gordon Green, 2014) y ‘Danny Collins’ (Dan Fogelman, 2015). Cuando su talento parecía perdido fuera de los grandes focos se reinventó de nuevo para sentar cátedra. Lo hizo con total justicia con tres apariciones totalmente contrapuestas:Érase una vez en… Hollywood (Quentin Tarantino, 2019),El irlandés (Martin Scorsese, 2019) y la serie ‘Hunters’ (David Weil).

“¿Retirada? ¿Jubilarme? No sé lo que es eso. Parafraseando a Oscar Wilde: sí algún día me levanto con ganas de retirarme, me volveré a acostar hasta que se me pase” (Al Pacino)

Actualizada a 25/04/21.