Tarde de perros
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“Hay tres razones que me hacen aceptar un guión: el director, el texto y el personaje. Frank Pierson había estructurado un guión maravilloso. Yo estuve a punto de no hacer esta película, no me veía en el cine, yo me veía como un actor de teatro. Entonces salí del film y Dustin Hoffman estuvo a punto de firmar para hacerla. Pero al final volví y la hice”. Al Pacino fue el primer actor de reconocido talento y fama en interpretar a un personaje abiertamente homosexual en la gran pantalla en una película que consiguió 5 nominaciones y 1 Oscar al mejor guión. Bienvenidos a ‘Tarde de perros’.

“Soy católico. No quiero herir a nadie” (Sonny)

Crítica de Tarde de perros

‘Tarde de perros’ es una experiencia inolvidable con un personaje, Sonny Wortzik, para la historia. Aquí estamos ante una gigantesca encarnación por parte Al Pacino que nos regala 120 minutos de clase ejemplar. Pacino nos muestra hasta dónde es capaz de mimetizarse un actor con el rol interpretado. El Pacino que todos conocen (o creen conocer) desaparece por completo para transfigurarse en un personaje in-memorial. Pacino derrocha espontaneidad y exhibe una innumerable sucesión de estados emocionales sólo con sus ojos. Todo sin aspavientos y sin salirse de la sutileza del rol que ha adoptado. El actor logra que tanto el resto de personajes como el espectador se pongan de parte de Sonny Wortzik. Y eso a pesar de que está haciendo algo ilegal. Pacino se lanza al vacío en la que es una de las interpretaciones más arriesgadas y descomunales de la historia del cine.

Al lado de Al Pacino encontramos una retahíla de actores de enorme talento en uno de los mejores repartos del cine de los 70. Excelente balance entre veteranos de teatro y jóvenes prometedores que bordan sus papeles. Entre el elenco destaca Charles Durning como el desesperado comisario de policía Moretti. Por su puesto imprescindible es John Cazale como Sal, un maleante de muy pocas luces. También está James Broderick como el impasible agente Wilson del FBI que toma el mando de las negociaciones relegando a Moretti a un segundo plano.

Otros intérpretes que también merecen sus palabras de gloria son Lance Henriksen como la mano derecha de Broderick. Henriksen consiguió este papel gracias a su amistad con Pacino. Gran brillo también en este largometraje para Chris Sarandon que debutó aquí en un rol vital y conmovedor. Y, por último, destacar a Judith Malina que da vida a la madre de Sonny. Su aparición en la escena del crimen es arrolladora. Atención a la escena entre ella y su hijo. Sencillamente inolvidable. Una sucesión de réplicas interpretativas que alcanzan cotas inenarrables.

Tarde de Perros

En la dirección todo un maestro: Sidney Lumet, un director vital dentro del séptimo arte. Un realizador decisivo para entender la evolución del cine durante las décadas de los sesenta y setenta. Unas épocas en donde firmó grandes obras maestras. Lo que Lumet hacía no eran sólo películas. Eran mucho más: movían masas, activaban cerebros dormidos, azotaban conciencias, traspasaban la barrera del arte y llegaban mucho más lejos de lo que una obra visual hubiera soñado. Él y Alfred Hitchcock entendían el cine de otra manera y sus contribuciones al séptimo arte así lo demuestran. Ahora nos queda su legado pero una parte del cine como tal se fue con él. Y no volverá jamás. Sí ‘Tarde de perros’ logró calar tan hondo dentro de la cultura popular fue también por la magistral labor tras las cámaras de Lumet.

Una de las grandes virtudes de Lumet como director, además de la inhumana exigencia a sus actores, era su perfeccionismo. Y en esta ocasión se juntó con otro perfeccionista, Pacino. Juntos logran que los pequeños detalles vaya fraguando la obra maestra que es esta película. Tanto en el plano visual (atención a su fotografía y, sobre todo, a su soberbio montaje) como en las situaciones propias de un robo. Situaciones que van pasando desde el síndrome de estocolmo de los rehenes a la animadversión hacia la policía. Lumet no disimula en nada su ácido retrato de los que deben servir y proteger. Para muestra un botón: tras el verdadero robo que inspiró el film, todas las comisarias de policía crearon un nuevo puesto: Negociador. Por aquella época este no existía como tal. Eran simples agentes de la ley los que llevaban a cabo las negociaciones con los criminales.

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Respecto al libreto, Lumet aprovecha el enorme potencial del guión de Frank Pierson para hablar del poder de la Televisión, un medio que en los 70 empezaba a estar presente en casi toda la totalidad de los hogares americanos y en color. Pierson presenta al televisor como un manipulador de masas. Ese instante en que el repartidor de pizzas grita “ser famoso”, lo resume a la perfección. Además, fue la primera película en tratar en un tono completamente serio, veraz y altamente conmovedor un tema social que, por aquellos años, estaba tomando altas cotas de notoriedad: el cambio de sexo. Eran los tiempos de la liberación sexual, del haz el amor y no la guerra, de Harvey Milk, del estallido de San Francisco como punto de encuentro homosexual por excelencia.

Tanto el film como el libreto están basados en hechos reales. Unos sucesos acontecidos el día 22 de agosto de 1972 en la calle Park Slope de Brooklyn (Nueva York). Sin nombres reales pero con toda la esencia de lo que aquel día sucedió. Los nombres fueron cambiados, puesto que algunos aún vivían en 1975, año del estreno del largometraje, o estaban en una delicada situación, ya fuera en la cárcel o llevando a cabo el inicio de otras vidas. Casi se puede decir estamos ante un film que inventó un subgénero: el de la tragicomedia.

Nada más publicitarse los hechos, el potencial de la historia llamó la atención de Marty Bregman, que compró los derechos del artículo a la revista LIFE que relataba lo sucedido con entrevistas a todos los protagonistas. El productor contrató al ya citado Frank Pierson para que redactara el libreto. Pierson decidió que la mejor forma de contar aquella memorable historia era desde el punto de vista del atracador. Durante un tiempo intentó entrevistarse con el protagonista real del atraco John Wojtowicz (Sonny en la película) pero le fue imposible. Repasando sus anotaciones junto a videos reales del día de los hechos y entrevistas a la esposa de Wojtowicz, su amante homosexual, su madre, la policía y los rehenes… Pierson trazó su script desde la premisa de un mago que se creía con el poder de regalar felicidad al mundo entero.

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Con el guión terminado se contrató a Sidney Lumet. Sin embargo, hacerse con Pacino fue más complicado. El actor, tras dos ataques de ansiedad bajo las órdenes de Francis Ford Coppola (‘El Padrino’ I & II) y ‘Serpico’ dirigido por el propio Lumet, sólo quería hacer Teatro. No se sentía comprometido con el cine, no lo suficiente como para volver a pasar por aquello otra vez. Sólo la insistencia de Bregman logró que Pacino releyera el script y, en su segunda lectura, viera la luz.

Respecto al montaje decir que el ritmo de la cinta es ejemplar. Siempre hay algo de tremendo interés ante el espectador: la planificación del robo, el estado de shock en el que entra Sonny al ver la repercusión del mismo, las negociaciones con Moretti, las llamadas anónimas que recibe Sonny al banco en donde una voz al otro lado le dice que los mate a todos… o cuando el personaje principal, viéndose acorralado, decide hacer testamento. ¡Y cómo no! la perfectamente estructurada entrada de los personajes secundarios (Leon, Angie, el FBI, la madre de Sonny) que nos llevan en volandas hasta su tenso y tremendísimo clímax. Un final culminado en un antológico primer plano sostenido.

‘Tarde de perros’ cambió para siempre el sub-género de las heist-movies (películas de robos). Caló hondo a nivel mundial. Removió conciencias y dio a conocer al mundo de forma definitiva a Al Pacino, uno de esos intérpretes que aparecen cada cincuenta años. Si hoy día aun no la han visto, se están perdiendo uno de los grandes clásicos de los 70s y una de las imprescindibles del Cine.

“No te estás muriendo. Estás matando a los que te rodean” (Leon)

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En resumidas cuentas. 
Termino esta crítica de Tarde de perros, un clásico atemporal de la historia del cine y, al mismo tiempo, una de las mayores demostraciones del hombre que se pone al servicio de los demás, personificado en Sonny Wortzik. Un joven que se creyó un mago capaz de impartir felicidad a todo aquel que estuviera en contacto con él. Un tipo que pensó que sus buenas intenciones podrían con la cruda realidad. El conflicto humano en pantalla. Una tragicomedia que se eleva a los cielos del género. Imprescindible y demoledora. Risas y lágrimas. Amor y coraje. La  fatalidad condensada en un día cualquier de verano. Una masterpiece por derecho propio.

Tráiler de Tarde de perros