U.S. Marshals
Comparte con tus amigos










Enviar

“El perímetro se extenderá alrededor de treinta kilómetros a lo largo del río, todos los puentes deberán ser controlados desde el Río Ohio hasta Metrópolis. Registren todas las casas, hospitales, carreteras comarcales y pantanos en busca de Mark J. Roberts. Se ha fugado y es peligroso. Es un fugitivo y a su caza va todo un… U.S. Marshals”.

us-marshals-disfraz

Crítica de U.S. Marshals.
En 1993 la adaptación al cine de la serie de TV ‘El fugitivo’ se saldó con un monumental mega-hit de taquilla que acabó reportando el Oscar a Tommy Lee Jones al mejor actor secundario. Por ello, Lee Jones, sabedor de que gran parte de su estrellato se lo debió al personaje de Sam Gerard, no dudó mucho a la hora de aceptar, cinco años después, retomar su personaje, esta vez como el protagonista del spin-off ‘U.S. Marshals’.

A su lado, y en un principio, Samuel L. Jackson fue el elegido para dar vida a Mark J. Roberts, pero finalmente fue Wesley Snipes quien se hizo con el personaje. 1998 fue, sin duda, el mejor año en la vida de Snipes, consiguiendo el sleeper ‘Blade’ (Stephen Norrington, 1998) y co-protagonizando esta cinta de acción de prestigio.

us-marshals-wesley-snipes

Stuart Baird, que llevó a cabo “labores de salvamento” como director no acreditado en ‘Tango & Cash’ (Andrey Konchalovskiy, 1989), Demolition Man (Marco Brambilla, 1993) y Juez Dredd (Danny Cannon, 1995), dirigía su segundo film como director tras la bastante olvidada (y aburrida) ‘Decisión crítica’ (1996).
Otro que recibía una de sus primeras oportunidades fue John Pogue, un script-doctor (guionista no acreditado en films que necesitan de revisiones durante el rodaje) habitual de las producciones de Arnold Kopelson que llevó a cabo esa labor en, por ejemplo,Eraser (Chuck Russell, 1996). Otros script-doctors de nivel son Robert Towne, John Milius o David Koepp, quienes, en la sombra, han participado mejorando y añadiendo escenas, set-pieces o personajes enteros en algunas de las películas más alabadas de todos los tiempos.

‘U.S. Marshals’ llegó a finales de los 90’s, cuando el género del cine de acción o thriller de acción vivía una época de cambio e indecisión. Se nota que el libreto del film no es obra de un especialista en hilvanar historias capaces de mantener suspense, o que sean interesantes de seguir a pesar de sus retorcidas intrigas políticas. John Pogue se mueve bien escribiendo sentencias verbales y diálogos de “actioner” pero no construyendo una trama atrayente.

us-marshals-avion

Como consecuencia de lo anterior, los puntos fuertes del film quedan en manos de la pericia de Stuart Baird para hilvanar secuencias de acción espectaculares, y de los actores para llenar la pantalla con su carisma cuando la acción no hace acto de aparición. Baird lleva a cabo dos set-pieces que beben descaradamente de El fugitivo estas son: la caída del avión que transporta a Roberts (Snipes) y el salto al vacío del mismo Roberts desde un edificio a un tren en marcha.
Es descarado que estamos, no ante una secuela ni un spin-off, sino ante una repetición exacta de ‘El fugitivo (Andrew Davis, 1993), cambiando muy poco las escenas claves de aquella. Sobra decir que ‘U.S. Marshals’ es un film inferior a la protagonizada por Harrison Ford, pero vamos, eso ya se sabía de antemano, y lo que buscaban aquí era repetir la fórmula ganadora de 1993.

No obstante, y a pesar de ser “una repetición”, tenemos cosas buenas en la película, sobre todo un Tommy Lee Jones que, con su durísimo rostro, se lo pasa en grande repitiendo su rol de Sam Gerard, el marshal de EEUU que siempre gana (como sus propios compañeros se dedican a repetir a la audiencia). Ojo a su gloriosa primera aparición vestido de pollo gigante en una misión encubierta. Lee Jones se come literalmente a un Robert Downey Jr en plan petimetre, y logra dejar en segundo plano a todo un roba-escenas como Wesley Snipes.

us-marshals-tommy-lee-jones

Sobre Robert Downey Jr conviene aclarar que hizo el film sólo por dinero y se comportó de forma totalmente anti-profesional, al punto que los productores tuvieron que reducir sus apariciones, y de que el único momento feliz en el set fue el del rodaje de su última escena de la película. Al hilo de las críticas recibidas por su comportamiento, apenas unas semanas antes del estreno de ‘U.S. Marshals’, Downey Jr dijo de la cinta que era “la peor película de acción de la historia”.
Por su parte, Wesley Snipes supo situarse como el segundo de a bordo de la producción, y no puso reparos a la hora de afeitarse la cabeza por exigencias del guión. La espectacular escena del cable que cae desde el edificio hasta el tren, la rodó un doble-especialista y se filmó una sola vez. El único momento en donde Snipes se puso nervioso fue cuando tuvo que cruzar el pantano en bote, ya que no sabe nadar…

Por último, destacar a Joe Pantoliano (Cosmo) que junto a L. Scott Caldwell y Daniel Roebuck repitieron sus papeles de la primera parte como los miembros del equipo de Gerard. Pantoliano es quien tiene a su cargo el rol de alivio cómico.
Finalmente, los muy fans de Jean-Claude Van Damme seguro reconocerán a Donald Gibb (inolvidable como Jackson en Contacto sangriento), a quien Sam Gerard golpea con la culata de una escopeta produciéndole veintisiete puntos de sutura, y que es quien desencadena los hechos que llevan a Gerard a subir a bordo del avión que transporta al personaje de Wesley Snipes.

En la partitura musical encontraremos una fanfarria rápidamente reconocible de Jerry Goldsmith. Como director de fotografía firma Andrzej Bartkowiak, posteriormente auto-proclamado como uno de los referentes del cine de acción de cables y planos ultra-rápidos en films como ‘Romeo debe morir’ (2000), ‘Herida abierta’ (2001) o ‘Street Fighter: La leyenda de Chung Li’ (2009).

us-marshals-robert-downey-jr

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de U.S. Marshals, un vehículo de acción del montón que al final viene a salvar la tremebunda solvencia de Tommy Lee Jones bordando el personaje de marshal implacable que se las sabe todas. Su trama, aunque muy simple, se termina haciendo pesada, incluso liosa, ya que si uno ata cabos no tiene sentido el complot en donde se ve envuelto el personaje de Roberts. Stuart Baird demostró que lo suyo era trabajar mejor con material ajeno como editor o “director de salvamento”. No aburre, aunque tampoco entusiasma.