Blade
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Nos situamos hace ya más 20 años cuando las producciones de superhéroes no era algo tan habitual. Así fue como llegó a la gran pantalla uno de los más conocidos héroes afroamericanos de los Marvel Cómics. Ataviado por entero de negro y dispuesto a exterminar a todos los vampiros que se cruzaran en su camino, Wesley Snipes se convirtió en… ‘Blade’.

“Es Blade, el que ha visto el Sol”

Crítica de Blade

Los que no sean fans de los cómics quizás no sepan quién es Blade, para ellos va esta pequeña presentación. Blade es un superhéroe creado por Marv Wolfman y Gene Colan en 1973 para la Marvel Cómics. Su mitología nos cuenta que su madre fue mordida, desangrada y muerta por un vampiro. Sin embargo, antes de fallecer dio a luz a un niño. Ese niño era Blade. El pequeño nació heredando los poderes vampíricos pero pudiendo caminar a plena luz del día. Hablamos de un “Daywalker”.

Expuesta esa breve presentación paso ya a la crítica de la película dirigida por Stephen Norrington, un realizador y experto en efectos que desapareció del mapa después de dirigir su cuarta cinta, la tan denostada ‘La liga de los hombres extraordinarios’ (2003). En ‘Blade’ poco hay que reprocharle y bastante que agradecerle. Norrington en ningún momento se pliega a ningún tipo de sensiblería. Así las cosas, nos entrega una película con una dirección y puesta en escena videoclipera y violentísima. Tan es así que el film fue calificado R con inolvidables escenas sangrientas como la ducha de sangre en la discoteca vampírica.

Dentro de toda la agradecida violencia que presenta la película sobresalen todos y cada uno de los tiroteos. Estos son filmados espectacularmente, viéndose en todo momento los efectos (algunos un tanto exagerados) de los impactos de los proyectiles de las diferentes armas de Blade en los chupasangres. Además, en la mayoría de las peleas destaca el aire chulesco que Wesley Snipes aporta al personaje. No hay más que ver como mueve la falda de la gabardina al estilo de la capa del mismísimo Zorro. También destaca su modo de despachar sobradamente (con sonrisa incluida) a los facinerosos señores de la noche.

David S. Goyer fue el guionista encargado de adaptar el cómic y más que menos respeta la mitología del personaje. Ahora bien, no estamos aquí ante lo que se conoce como “un film de orígenes”, nada de eso. El único “origen” del que seremos testigos tendrá lugar en los primeros minutos cuando veamos el nacimiento de Blade. Pasadas esas secuencias, el metraje avanza hasta la “actualidad”. Será en este espacio temporal donde nos encontremos ya al personaje actuando a plena potencia.

La trama resulta atractiva con los vampiros moviéndose por su mundo secreto, llegando a acuerdos con los humanos y clasificándose entre ellos mismos como los “purasangre” (los nacidos vampiros) y los “mestizos” (los convertidos una vez mordidos). En este estado de cosas es cuando interviene el villano de la función, Deacon Frost. Aquí tenemos a un maloso que busca alterar el orden y que nos ofrecerá alguna sorpresa que nos retrotraerá al mismo comienzo de la película.

Por otro lado, Goyer toma algunos elementos y/o personajes del cómic y los va enseñando a lo largo del metraje. Lógicamente los muestra adaptados a la versión cinéfila. Serían los casos de, por ejemplo, Jamal Afari (el Whistler blanco interpretado por Kris Kristofferson) y Deacon Frost (que no cambia de raza pero sí que ofrece una versión mucho más joven gracias a Stephen Dorff).

“Se está librando una guerra”… Blade, cazavampiros.

El rol principal de Blade fue para Wesley Snipes, que ya tenía a sus espaldas títulos relevantes. Lo importante es que este cazavampiros no había sido nunca uno de los importantes ni favoritos de los lectores de la Marvel Cómics. En consecuencia, se puede decir bien alto que Snipes fue el principal “culpable” de la fama que luego cogió el personaje. Su interpretación es prácticamente física dando vida a un antihéroe parco en palabras. A esto contribuyó el guión de Goyer regalándole un buen puñado de frases sentenciadoras y chulas.

Al lado de Blade tenemos a Kris Kristofferson. Como expuse antes, Kristofferson vendría a ser el Jamal Afari de los cómics pero en blanco y bajo el nombre de Whistler. La verdad que el veterano actor llamó la atención con este personaje cojo, trillado de la vida y de los vampiros. Un tipo con pintas de rockero viejo. Tanto gustó que retornó en los films siguientes aunque, en principio, pareciera imposible. Whistler es el mejor amigo y “padre” de Blade, y su principal proveedor de armas y artefactos. En palabras del cazador: “Tenemos una relación muy buena: él fabrica armas y yo las uso”.

Terminando con el bando de los buenos hay que destacar a N’Bushe Wright como Karen, una médica de urgencias que se verá envuelta accidentalmente en todo el conflicto. Decir que este fue el papel comercial más importante de esta actriz. Aquí no lo hace nada mal destacando más por su rápida aclimatación a la acción que como doctora en apuros.

El villano de la función es Deacon Frost interpretado por Stephen Dorff. Por aquella época, Dorff tan sólo tenía 25 años y para nada representaba una amenaza física para Wesley Snipes. Sin embargo, esto no fue obstáculo para que el actor rindiera a un muy alto nivel. Así pues, entrega una de sus mejores recreaciones con un gran malvado. Un mestizo insolente, fanático y con gran carisma en pantalla.

En el bando de Deacon Frost también es justo destacar a Donal Logue como Quinn, el principal esbirro y amigo de Frost. Logue va totalmente “disparatado” y se convierte en el blanco favorito de Blade. El cazavampiros disfruta arrancándole los brazos en lo que termina por convertirse en un gag recurrente.

También es de justicia resaltar a la española Arly Jover interpretando a Mercury en la que fue su primera película. Mercury es la novia de Frost y resulta su auténtica media-naranja, siendo tan insolente como él mismo. Arly no tiene muchas líneas de guión, pero hace un gran trabajo físico con este papel y la cámara se detiene muchas veces en ella. Su personaje resalta siempre gracias a su blanco vestuario. Finalmente, para Sanaa Lathan queda un pequeño papel pero que se volverá trascendental en el tramo final.

En conclusión.
Clavo la estaca final a esta crítica de Blade, una película para disfrutar con un tipo de cine de acción que ya casi no se hace. Un tipo de cine sin sutilezas y que no iba mirando las restricciones de edad con lupa para conseguir un mayor taquillaje. Finalmente, Wesley Snipes consiguió con este film un personaje icónico cuya reinterpretación en el cine pasó luego a ser adoptada en los cómics.

Tráiler de Blade