Contacto sangriento
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A finales de los 80 el reinado de Chuck Norris como rey indiscutible del mandoble y la patada circular empezaba a ir a menos, y el estudio Cannon, hogar de la mayoría de artistas marciales, buscaba un sustituto que revitalizara el cine de artes marciales. Se buscaba un rostro caucásico que aunara carisma y dotes atléticas. Probaron con Michael Dudikoff pero la cosa más allá de ‘El guerrero americano’ no funcionó… hasta que un día un joven belga se presentó ante el hombre fuerte de la Cannon, Menahem Golam, y tras una exhibición de sus mejores patadas se ganó un billete para Hong-Kong. Allí protagonizaría ‘Bloodsport’, un viejo intento de proyecto de artes marciales que había estado cogiendo polvo en los cajones de la productora esperando al protagonista adecuado. El resultado final es una de las más impresionantes presentaciones al gran público de un actor novel: Jean-Claude Van Damme. Y la cinta que lo alzó a la inmortalidad: ‘Contacto sangriento’.

He vertido todos mis conocimientos en ti, cuando pelees en el Kumité, mi espíritu luchará contigo” (Shogushi Tanaka)

Contacto Sangriento

BloodSport, el alzamiento de una leyenda

En 1986 un joven belga llamado Jean-Claude Van Damme, que había llegado años atrás a la costa Este de Estados Unidos con un visado de pocos meses, luchaba por lograr un papel protagonista como actor. Había probado suerte en el mercado asiático en el que logró llamar la atención de Corey Yuen (colaborador habitual de Jet Li) y este le dio el rol de villano en el explotation de Karate Kid titulado ‘Retroceder nunca, rendirse jamás’ (1985), pero pronto volvería a Hollywood donde trabaría amistad con personajes célebres de la cultura americana como Muhammad Ali y Chuck NorrisPrecisamente, fue al conocer a este último cuando puedo volver a los sets de rodaje, en un inapreciable papel de extra en la primera entrega de la saga Desaparecido en Combate. La decepción se apoderaba más y más de JCVD, hasta que logró enrolarse en una producción de prestigio, Depredador (John McTiernan, 1987), por la que consiguió el carnet oficial de actor, pero de la que rápidamente fue despedido antes de la llegada de Stan Winston al proyecto y del rediseño del traje del alienígena cazador de hombres.

Con un buen finiquito en sus bolsillos, y dado de alta como intérprete, Van Damme comenzó a merodear los restaurantes más conocidos de los Los Ángeles en busca de productores y peces gordos, hasta que, un buen día, se vio cara a cara con Yoram Globus y Menahem Golam, los caciques de la compañía de cine de acción y artes marciales de serie B, Cannon Group. Ni corto y ni mucho menos perezoso, Van Damme comenzó a llamar la atención de aquellos lanzando patadas al aire y realizando una apertura total de piernas en el suelo (su famoso spagatt, una de sus grandes marcas registradas) Golam y Globus quedaron más que encantados con ese belga musculado y hábil (que no dominaba aún el inglés, y que sonreía tras soltar monosílabos difícilmente entendibles y gruñidos inclasificables). Ambos le dieron su tarjeta, al mismo tiempo que le invitaban a visitar sus oficinas para hablar de un posible contrato para un film, creyendo que Jean-Claude, con aquello, se daría por satisfecho.

Spagatt

Ni mucho menos, Van Damme se presentó esa misma semana en las oficinas de la compañía y esperó durante horas a que Golam le atendiera. Cuando este, por fin accedió a verle, Van Damme de nuevo le mostró sus habilidades atléticas y mencionó que había rodado ‘Depredador’ con Arnold Schwarzenegger. Esto abrió en canal los ojos de Golam, que vio billetes verdes volar alrededor de aquel desconocido. Entonces sacó de un cajón un libreto lleno de mugre y que había estado amarilleándose durante años en su oficina y le dijo al belga sonriente que estaba frente a él: “¿Quieres ser una estrella? Toma, esta película te convertirá en una”.

Golam mandó a Van Damme, junto a un elenco técnico y artístico de confianza, hasta Hong-Kong, allí rodarían durante varias semanas en escenarios reales y por la ínfima cantidad de 1 millón de dólares, confiando en que el resultado final fuera lo suficientemente vistoso como para lograr beneficios en su lanzamiento directo a vídeo. Pero Golam ignoraba que la tenacidad de Van Damme haría ir el film un paso más allá. Y que este no se rendiría hasta que viera la luz en cines y fuera la mejor película posible.

Contacto Sangriento

Antes de eso, Van Damme tuvo que someterse a las órdenes de Newt Arnold (eterno ayudante de dirección, sin mucha pericia para el montaje de escenas de lucha) lo que llevó a que la cinta tuviera un primer montaje nefasto que desató las iras de Golam, el cual calificó la cinta de “inestrenable”, incluso para los parámetros de calidad de la Cannon. Van Damme veía como su sueño se convertía en pesadilla, pero eso no lo hundió y pidió ayuda a Mark Di Salle (productor) y Sheldon Lettich (co-guionista) para juntos, remontar el film, rodar nuevas escenas de lucha y añadirle música y efectos. Durante semanas, reeditó junto a Carl Kress, ‘Contacto sangriento’ por las noches, cuando las oficinas de la Cannon se encontraban vacías. Con un nuevo montaje bajo el brazo, Jean-Claude acudió de nuevo al despacho de Golam, quien accedió a regañadientes a ver el film, más por las ganas que tenía de deshacerse de ese belga tan cansino que por la confianza en su pericia. Cuando terminó el visionado, Golam quedó gratamente sorprendido, tanto que optó por sacar ‘Contacto sangriento’ en 129 salas un 26 de febrero de 1988. Todo sin gastos de promoción y esperando ver la reacción del público, el cual, poco a poco, fue alzando la cinta lo más alto.

En su primer fin de semana coincidió con films como Acción Jackson(Craig R. Baxley),Frenético (Roman Polanski) o ‘Dispara a matar’ (Roger Spottiswoode). El número uno fue ‘Good Morning, Vietnam’ (Barry Levinson). A la semana siguiente ya dobló la recaudación hasta sobrepasar el millón de dólares llegando a un montante total de 11 millones tan sólo en USA, más unos 30 millones extras en países como Malasia, Francia y Alemania. Un nuevo héroe había nacido. Quizás el actor marcial más conocido e influyente a nivel mundial tras Bruce Lee.

Jean Claude Van Damme

Crítica de Contacto sangriento

Más allá de su calidad artística, ‘Contacto sangriento’ es, por méritos propios, un film de culto y una cinta ineludible cuando se revisa la filmografía de Jean-Claude Van Damme. Ni siquiera las todavía poco pulidas aptitudes interpretativas de JCVD logran minimizar el impacto de las escenas de lucha (rodadas apenas sin trucos y con luchadores reales, seleccionados por el propio Van Damme) y el carisma que ya desprendía desde sus inicios el hombre apodado “Los Músculos de Bruselas”.

‘Bloodsport’ relata la historia real (o eso dice él) de Frank W. Dux, un campeón de full contact que participó en más de trescientos combates entre 1975 y 1980, retirándose invicto de todos ellos y con unos cuantos récords a sus espaldas. Dux también formó parte de la producción del film, con el crédito de “coordinador de lucha”, aunque esos mismos combates que él diseñó luego fueron mejorados por el propio JCVD, a su manera y añadiendo golpes de su propia cosecha, como su helicopter-kick o el ya citado spaggat. Entre ambos surgió una amistad que Dux rompió años después, denunciando al belga ante los tribunales por la autoría del libreto final de ‘The Quest: En busca de la ciudad perdida’, que Dux aseguraba ser idea suya apropiada por Van Damme sin que, previamente, le pagara los 50.000 $ que le prometió… cuando la verdad era que Van Damme encargó a Dux que escribiera un guión de artes marciales entre 1994 y 1995, y Dux entregó al coloso belga un script que guardaba muchas similitudes con ‘Bloodsport’ y que Jean-Claude desechó, pero del cual tomó algunas ideas interesantes que luego fueron a parar a las manos de Gene Quintano, quién las plasmó en ‘The Quest’. Finalmente, se celebró un juicio del que JCVD salió como inocente y Dux acabó teniendo un crédito en ‘The Quest’ tras el rótulo de “argumento de”. Recientemente Dux intentó ponerse en contacto con Van Damme por medio de la red, para que este rodara una nueva cinta de torneos, pero aquello quedó en nada.

Bolo, Van Damme y Frank

Volviendo al largometraje que hoy reseñamos, este levantó de la nada un sub-género que en Estados Unidos no existía o se limitaba a modestísimas producciones directas a vídeo: el cine de artes marciales. Un cine que, “prácticamente” nació con este film y su repercusión en la cultura americana fue tremenda, llegando a todos los estratos de la sociedad y el consumo. Los gimnasios vivieron un repunte de popularidad, las artes marciales comenzaron a ser más accesibles y apetecibles para la juventud, los videojuegos también siguieron la estela del éxito ‘Contacto Sangriento’, ya que es indudable el parecido de juegos como ‘Street Fighter’, ‘Street of Rage’ o ‘Mortal Kombat’ con el arco argumental del film. Y, por supuesto, el gran ganador colateral del hit fue el propio Van Damme que, tras aquella, inició una carrera en ascenso constante que lo propulsó hasta las más altas esferas de Hollywood, luchando codo con codo junto a titanes como Sylvester Stallone o Arnold Schwarzenegger por el título de héroe de acción definitivo. Actores que recibían mejores guiones y contaban con presupuestos que doblaban, incluso triplicaban los de las producciones que Jean-Claude protagonizaba.

Bloodsport

Además de Van Damme, en el elenco del film encontramos rostros populares del séptimo arte como: el ganador del Oscar Forest Whitaker (Rawlins). Norman Burton (Helmer), veterano actor de carácter. Donald Gibb (Jackson), un gigante y duro del cine. Y, por último, una de las pocas actrices del relato: Leah Ayres (Janice), quien prosiguió su filmografía con pequeñas apariciones en ottras películas.

En el otro lado del espectro interpretativo se situarían los intérpretes asiáticos, o aquellos que dan vida a los combatientes del KUMITÉ. De los que sobresalen leyendas como Roy Chiao (Tanaka), habitual de las producciones de Hong-Kong y visto en un buen número de películas de Jackie Chan. Otro que ya sabía lo que era verse las caras con pateadores licenciados era Bolo Yeung (Chong Li) que con su presencia física y su psicótico rostro creó un villano de altura, capaz de matar o lisiar a sus rivales por pura diversión. Yeung y Van Damme se conocieron cuando el segundo fue a visitarle al gimnasio donde entrenaba el primero, para ofrecerle un papel en la cinta. El feeling fue instantáneo y la amistad se prolongó durante décadas, llegando hasta nuestros días. Yeung repetiría como villano de la explosiva ‘Doble impacto’ (antes de ‘Contacto sangriento’, Bolo había sido rival y sparring de Bruce Lee en la emblemática ‘Operación Dragón’). El éxito de su personaje propició que Yeung repitiera aparición en ‘Bloodfight’ (Shuji Goto, 1989), donde portaba el atuendo y formas de Chong Li pero, por motivos de autorías, su nombre era el de Chang Lee. También sería el maloso de ‘Las garras del tigre’ (Kelly Makin, 1992) con Cynthia Rothrock como protagonista.

Bolo Yeung

Otros rostros que resultarán familiares al espectador más puesto en el filmografía de Van Damme (y del cine de combates) son los de Michel Qissi, amigo personal de JCVD hasta que, en 1991, separaron sus caminos tras ‘Lionheart’ (Sheldon Lettich). Recientemente se han reconciliado y Qissi fue visto en el rodaje de Desierto rojo (Keith Parmer, 2014) como asistente personal de Jean-Claude, crédito que llevó a cabo desde los tiempos de ‘Predator’ y hasta la citada ‘Lionheart’. Aquí Qissi da vida a Paredes. Resaltar que más tarde crearía de la nada un personaje ficticio que resultó superar en fama al propio Qissi, el odioso Tong-Po de Kickboxer (David Worth y Mark DiSalle, 1989). También se deja ver Paulo Tocha que volvería a enfrentarse a JCVD en ‘Libertad para morir’ (Deran Sarafian, 1990) y que además aparecería ya muy avejentado enSalvaje(Ringo Lam, 2003).

“Escucha amigo: siempre, en cualquier lugar, a cualquier hora… si me necesitas, allí estaré” (Ray Jackson)

Van Damme y Paulo Tocha

En resumidas cuentas.
Culmino ya esta especial crítica de Contacto sangriento, un hito con mayúsculas de los 80, una cinta cuya inmortalidad ha traspasado fronteras. Sencilla y directa, y con una historia emotiva de superación personal y plagada de momentos inolvidables, la mayoría de ellos con un tatami de por medio. Decididamente imprescindible para todo fan del cine de acción y de las artes marciales que se precie.

Bloodsport

Las secuelas.
‘Bloodsport II: La mano de hierro’
(Alan Mehrez, 1996), ‘Combate Sangriento’ (Alan Mehrez, 1996) y ‘Bloodsport: Dark Kumite’ (Elvis Restaino, 1999). Todas ellas protagonizadas por Daniel Bernhardt, dando vida primero a Alex Cardo, y en la cuarta a un tal John Keller. En la segunda entrega lograron convencer a Donald Gibb para que hiciera una aparición especial de nuevo como Ray Jackson. Sólo la segunda entrega llegó a cines, aunque ya no era Cannon quien la distribuía sino FM. Ent Intl. Esta secuela es, sin duda, la de más calidad de las tres que se hicieron, logrando ser una mezcla sin vergüenzas de la primera más ‘Kickboxer’ y ‘The Quest’, y que no por casualidad se estrenó el mismo año. Bernhardt obtuvo tanto poder que, al cabo de los años, logró parar una especie de puesta al día del original en el que trabajaban Van Damme y Lettich.

El remake.
Durante un buen tiempo Phillip Noyce tuvo en cartera el remake. Un film que se rodaría en Brasil y que sólo tomaría del original el título, no usando ni el nombre de Frank Dux (sólo propiedad de este) ni la figura de Jean-Claude Van Damme que intentó enrolarse en el film sin éxito.

Tráiler de Contacto sangriento