Poltergeist II: El otro lado
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Con un guion escrito a cuatro manos por los co-guionistas de la cinta original, y protagonizada por el mismo elenco, la historia nos cuenta cómo la pequeña Carol Anne vuelve a vérselas cara a cara con el mal. Pero esta vez, el peligro que acecha a la familia Freeling es mucho mayor de lo que habrían imaginado. Es hora de descubrir qué nuevo tipo de mal nos espera a la vuelta de la esquina en ‘Poltergeist II: El otro lado’.

“Mamá, ¡han vuelto!” (Carol Anne)

Crítica de Poltergeist II: El otro lado

Si en la reseña dePoltergeist (Tobe Hooper, 1982) aseguraba que se trata de una película bastante peculiar, su secuela no lo es menos. Ante todo quiero dejar claro que ‘Poltergeist II: El otro lado’ no es una mala secuela. De hecho, por momentos, estamos ante una cinta surtida por un buen número de escenas potentes. Pero también es cierto que, tras un tardío y analítico revisionado, la película ha perdido bastante con el paso del tiempo. Tiene buenos mimbres pero cae en el error de muchas de las secuelas del cine de terror de los años 80 y 90. Y este error no es otro que sus excesos. A esto debemos sumar una premisa argumental cogida con pinzas y determinadas deficiencias en la edición y montaje de la película. Sin Tobe Hooper, Steven Spielberg y Frank Marshall detrás del asunto, ya no es lo mismo.

El conflicto nunca llegó a resolverse en la primera película. Además había muchas más cosas que queríamos contar y no pudimos hacerlo”. Estas fueron las palabras de los guionistas, Michael Grais y Mark Víctor, para justificar esta continuación. Aunque yo diría que el motivo real fue más bien otro: los casi 124 millones de dólares de recaudación del primer film tras emplear un ajustado presupuesto de 10.700.000 dólares. Todo un negocio que la compañía productora no podía dejar escapar. Así las cosas, y tras el éxito mundial de ‘Poltergeist’, la Metro-Goldwyn-Mayer entendió que debía de continuar la historia de la familia Freeling.

Y para continuar la trama se encargó el guión de esta segunda entrega a los guionistas de la original: los ya citados Michael Grais y Mark Víctor. Ambos también ejercieron de productores. Todo ante la negativa de un ya reputado Steven Spielberg de coger las riendas del proyecto. Algo que también sucedió con Tobe Hooper, que en esos momentos acababa de estrenar Lifeforce: Fuerza vital (1985). Además se encontraba inmerso en plena pre-producción de su remakeInvasores de Marte (1986).

Después del intento frustrado de volver a contar con Spielberg y Hooper, la dirección recaería en manos de Brian Gibson. Hablamos de un realizador procedente del mundo de la televisión y sin apenas experiencia como director de largometrajes. Motivo por el cual aceptó el reto pese al riesgo que ello conllevaba. Así que para asegurar el éxito, y la buena acogida del público, uno de los objetivos del director fue mantener la esencia y la continuidad. Así pues, optó por recuperar a gran parte del elenco original. Casi todos regresaron a excepción de la malograda Dominique Dunne (asesinada a manos de su pareja pocos meses después del estreno de la primera parte). Al margen de mantener al reparto de ‘Poltergeist’, se añadieron dos nombres importantes: Julian Beck (predicador Kane) y Will Sampson (Taylor, un chamán Indio que ayudará a la familia Freeling). 

Por otra parte, Richard Edlund repitió como el supervisor de efectos especiales a las órdenes de su compañía, Boss Film Company. Esta vez Industrial Light & Magic no tomó parte del asunto. Richard Edlund y su equipo llevaron a cabo un espléndido trabajo y la película volvió a ser nominada a los Oscars en ese apartado. Buena culpa de ello la tuvo el gran artista gráfico y escultor H.R. Giger, que se encargó de diseñar los bocetos de los monstruos y criaturas que aparecerían en pantalla. Giger se sumó al proyecto a petición propia de Brian Gibson, al que había conocido en 1980. Eso sí, Giger no quedó del todo satisfecho debido a que el equipo de efectos visuales tuvo algunos problemas para adaptar los complejos diseños biomecánicos que el artista suizo había enviado a la producción desde Zurich.

No obstante los “lamentos” de Giger, los efectos especiales y los diseños de las criaturas resultan terroríficos y espectaculares. Este es uno de los puntos fuertes de esta secuela. En este aspecto, Brian Gibson tiene menos reparos en centrarse en lo dantesco y aterrador a través de secuencias bastante fuertes (esta es la única película de la serie no recomendada para menores de 18 años). Paradójicamente, al mismo tiempo, resulta afectada por ese excesivo uso de una parafernalia que relega a un segundo plano el guión y la tensión. Una tensión que brilla por su ausencia por el hecho de mostrar en pantalla cuánto más mejor. En lo referente al guión decir que está totalmente al servicio de los efectos especiales. Esto origina el primer gran problema de la película. Mientras que el segundo hándicap lo encontramos en su premisa argumental.

La historia de ‘Poltergeist II’ nos cuenta cómo la familia se traslada a vivir a la casa de la abuela materna de Carol Anne tras los terribles sucesos que tuvieron lugar en Cuesta Verde. Todo parece ir bien hasta que la pequeña se topa con un extraño personaje ataviado de negro. Se trata del predicador Kane, un malvado demonio que ha regresado del mundo de los muertos para terminar el trabajo que no pudo concluir en la primera película: capturar para siempre a Carol Anne. Ahora la pequeña se nos presenta como una especie de vidente que ha heredado dicho don de su abuela. Una capacidad psíquica que también posee la propia madre de Carol Anne.

Finalmente, y en una innecesaria vuelta de tuerca que derrumba lo narrado anteriormente, se nos trata de explicar que los acontecimientos relatados en ‘Poltergeist’ no tuvieron relación alguna con el hecho de que la casa de los Freeling se encontrara sobre un cementerio. Algo que impedía que los difuntos descansaran en paz en una premisa terrorífica y ciertamente creíble. En esta segunda parte el nuevo desencadenante del mal que rodea a la familia tiene su origen en el año 1800. En el metraje se nos relata que, en aquella época, los miembros de una extraña secta desaparecieron misteriosamente cerca de Cuesta Verde. Y, realmente, el causante de todo lo ocurrido no es otro que Henry Kane, un demonio que en vida fue un médium y el líder espiritual de esa secta religiosa. Una congregación cuyos miembros, según el propio Kane, debían de refugiarse del inminente fin del mundo.

Kane condujo a sus seguidores a una caverna hasta que la fecha del apocalipsis tuviera lugar. Cuando, sin mayores consecuencias, pasó el “evento”, el reverendo no dejó salir a nadie de la cueva, muriendo todos allí. Pues bien, resulta que dicha fosa con los cadáveres se encontraba debajo del cementerio que, a su vez, se situaba bajo la piscina de la familia Freeling. Así que los guionistas, en un intento por dar explicación a lo sucedido en ‘Poltergeist’, argumentaron que: “cuando la madre de Carol Anne la trajo de nuevo a nuestra dimensión, durante los acontecimientos sucedidos en Cuesta Verde, los seguidores de Kane se inquietaron porque habían conocido la luz de su ser. Motivo por el que la secuestraron y ahora quieren hacerlo de nuevo”. Una justificación cogida con pinzas y un intento incoherente y confuso de dar explicación a lo sucedido en la primera película.

Otro problema de la cinta es su evidente deficiencia en lo referido a la edición en la sala de montaje. Recordemos que el corte original tenía una duración aproximada de 130 minutos. Sin embargo, finalmente fueron reducidos a los 90 minutos de la versión comercial que todos conocemos. Este montaje un tanto atropellado se aprecia especialmente durante el segundo y tercer acto. Segmentos con la aparición y desaparición repentina de ciertos personajes importantes de la trama: concretamente los de Tangina y Taylor, que entran y salen sin demasiada coherencia. Esto arroja la sensación de que su participación se queda inconclusa y me lleva a pensar que ambos fueron más desarrollados en el montaje original, pero quizás por dotar al film con un mayor brío y ritmo, muchas de sus escenas quedaron fuera del montaje definitivo, privando de una mayor coherencia la aparición de ambos.

En cualquier caso, todos estos elementos que bajan el nivel de la secuela no son del todo definitivos. Y no lo son porque realmente ‘Poltergeist II’ está rodeada de otros aspectos positivos (algunos de ellos realmente magníficos). Entre ellos puedo citar su notorio distanciamiento con la cinta original en lo referido a su ambientación y atmósfera. Aquí se asimilan multitud de elementos provenientes de la cultura chamán indígena. El aire místico/espiritual que aporta a la trama el personaje interpretado por Will Sampson resulta más que interesante. Además el film tiene un buen empaque y potencial. Esto se percibe nada más comenzar con esas maravillosas localizaciones y planos aéreos. Secuencias que sirven para presentar al espectador tanto una fantasmagórica y abandonada Cuesta Verde como al propio personaje de Taylor, mientras se encuentra practicando un ritual en la cima de la mítica Spider Rock.

En el reparto inevitablemente hay que llamar la atención sobre el genial personaje recreado por Julian Beck. Me refiero al espeluznante reverendo Henry Kane. En el momento de rodar sus escenas, Beck padecía cáncer. Este fue el motivo de su extrema delgadez y que el actor aprovechó para su performance. Su demoníaco reverendo es uno de los elementos más perturbadores e icónicos de la franquicia. También destaca un sensacional Craig T. Nelson que se luce dramáticamente en uno de los mejores (y más repulsivos) momentos del film. Ya saben… aquel en el que engulle una oruga que se encuentra en una botella de tequila para, posteriormente, ser poseído por el propio Kane. Esto da como resultado un recital interpretativo que termina con una inenarrable vomitona…

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de Poltergeist II: El otro lado, justo es decir que se logra equilibrar el resultado final del conjunto, aunque siempre sin alcanzar las cotas que logró el tándem Hooper/Spielberg. Esta secuela es una buena película de terror que hubiera funcionado mucho mejor como cinta independiente más que como secuela. En cualquier caso, nos encontramos ante una continuación más que decente y rescatable. Finalmente, la película contó un presupuesto de 19 millones de dólares para terminar recaudando, sólo en Estados Unidos, 41 millones de la misma moneda. Este nuevo éxito daría lugar a una tercera y ya muy decepcionante entrega. Aunque esto, ya es otra historia…

Tráiler de Poltergeist II: El otro lado