Poltergeist
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Hace ya 33 años que llegó a nuestras pantallas de cine la película ‘Poltergeist‘, todo un clásico indiscutible del cine de terror y fantástico que, como viene siendo habitual en los tiempos que corren, también ha sido objeto de un remake que se estrenará en nuestro país el próximo 22 de mayo. Por lo tanto, estamos ante una oportunidad única para repasar una de las franquicias más famosas de la historia del cine de terror. Y comenzamos con la película que en el ya lejano 1982 dirigió Tobe Hooper bajo la estricta supervisión de Steven Spielberg, y que aterrorizó tanto a pequeños como a adultos, dando lugar a un nuevo icono infantil del género fantástico: Heather O’Rourke.

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Crítica de Poltergeist

Cuenta la leyenda que fue realmente Steven Spielberg, y no Tobe Hooper, el verdadero realizador de ‘Poltergeist’. Rumor que, pese a su obvia extraoficialidad, no deja de ser un hecho más que verídico si analizamos profundamente la película. Y es que sólo debemos comparar la filmografía de Spielberg con la de Hooper para verificar que, efectivamente, ‘Poltergeist’ es una cinta marcada prácticamente en cada minuto de metraje por el inconfundible sello del llamado ‘Rey Midas de Hollywood’, algo que se deja ver tanto en el planteamiento de la historia –no exenta de secuencias realmente inquietantes, pero con un tono claramente enfocado hacía todos los públicos–, como en los rasgos y características de los personajes –en donde la figura infantil se torna de vital importancia, como suele ser habitual en la carrera de Spielberg–. Pasando por aspectos puramente técnicos como son los depurados y bellos efectos visuales –muy propios del cine fantástico de Spielberg–; los precisos ángulos y elegantes tomas, algo muy usual en la obra del realizador; o la edición y montaje de la película, muy característicos del director de ‘Encuentros en la tercera fase’ (Close Encounters of the Third Kind, 1977). Todo ello resulta visiblemente opuesto al estilo de Tobe Hooper. Un estilo mucho más crudo y sucio de lo que Spielberg hubiera deseado para su producción, algo que ya pudimos comprobar en películas como ‘La casa de los horrores’ (The Funhouse, 1982), o sin ir más lejos, en su obra maestra, ‘La matanza de Texas’ (The Texas Chain Saw Massacre, 1974). En cualquier caso, el director acreditado del film es el propio Hooper, aunque por lo que respecta a un servidor, estamos ante una película con un toque totalmente Spielberiano, algo que se deja entrever fácilmente tanto en la elegancia de cada plano, como en la minuciosa planificación y acabado visual de cada secuencia, lo que convierte la cinta en un ejercicio, como mínimo, bastante más peculiar y especial de lo que podría haber sido si el mucho más contundente –y limitado– Hooper hubiera gozado de total libertad creativa durante la producción del film.

No obstante, ‘Poltergeist’ es una obra un tanto extraña, y ya no sólo por la polémica suscitada desde que se puso en entredicho su verdadera autoría; sino porque, en ciertos momentos, y pese a que el “aura” de Spielberg planea a lo largo y ancho de todo el metraje, es cierto que puntualmente se deja entrever ese estilo un tanto perturbador de Tobe Hooper, lo que quiere decir que éste luchó hasta el último momento por mantener en pantalla parte de su visión sobre la película. Esto se puede apreciar fácilmente en secuencias de contenido abiertamente visceral, como por ejemplo, la terrorífica aparición de los putrefactos cadáveres de la piscina, o el momento en el que uno de los parapsicólogos se despedaza el rostro frente a un espejo. Incluso en aquella escena que alude sin tapujos al erotismo femenino, y en la que el personaje interpretado por Jobeth Williams es sometido a un intento de abuso sexual por parte del ente que habita en la casa, mostrando sin temor un hermoso primer plano de la actriz en ropa interior. Todo ello, algo impropio del cine de Steven Spielberg.

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La historia de ‘Poltergeist’ comenzó cuando Spielberg, que llevaba años planeando filmar una película de fantasmas con cierto toque clásico pero adaptada a los tiempos modernos, comenzó a escribir un primer tratamiento de guion durante el rodaje de ‘En busca del arca perdida’ (Raiders of the Lost Ark, 1981), producida por su amigo Frank Marshall. Tras plantearle el argumento al propio Marshall, al cual le pareció una propuesta interesante, la compañía ‘Metro Goldwyn Mayer’ decidió hacerse con los derechos de la historia con la intención de financiar un futuro proyecto. Pero Spielberg no era el único realizador al que le cautivaba la idea de filmar una película de índole sobrenatural que incidiera en el factor parapsicológico y en el fenómeno poltergeist. Aquí es cuando entra en escena Tobe Hooper, amante confeso de lo paranormal, que también planeaba rodar una película de dicha temática. Tras varios años escribiendo su propio guion, Hooper cuenta que recibió una llamada de Spielberg a principios de los años 80 para proponerle dirigir una película sobre extraterrestres. Sin embargo Hooper rechazó la propuesta, afirmando que su mayor deseo era rodar una cinta de fantasmas y de contenido sobrenatural. Fue en este instante cuando ambos realizadores unieron esfuerzos para escribir conjuntamente –o eso afirma Hooper– en Londres el guion definitivo de ‘Poltergeist’, película que se encargaría de producir el mismo Spielberg junto a Frank Marshall, aunque no bajo su sello ‘Amblin Entertainment’, sino a través de la MGM. Sin embargo, la verdadera autoría del film está rodeada de polémica y de misterio. Una vez iniciado el rodaje de ‘Poltergeist’ en mayo de 1981, comenzaron a circular rumores asegurando que Steven Spielberg estaba dirigiendo la película y no Tobe Hooper, el cual, según se dice, se limitaba a recibir estrictas órdenes y directrices del mismo Spielberg para que la película fuera plenamente de su agrado. Eso cuando no hacía acto de presencia en el set para tomar las riendas del rodaje. Algo que, sospechosamente, contrasta con el hecho de que el director de ‘El diablo sobre ruedas’ (Duel, 1971) aparezca acreditado como responsable de la historia original de la película y como guionista (junto a Michael Grais y Mark Victor), y no Tobe Hooper, el cual se atribuye la historia principal de ‘Poltergeist’ asegurando además que, durante la filmación de ‘En busca del arca perdida’, escribió el libreto definitivo junto a Spielberg. Pero la realidad es bien distinta: en los créditos de la película no hay ni rastro de Hooper, ni como guionista, ni como autor de la historia del film.

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Esta polémica cuenta con varias versiones, afirmando una de ellas que un periodista accedió al plató de rodaje y se encontró al propio Steven Spielberg dirigiendo a todos y cada uno de los actores, mientras que de Tobe Hooper no había ni rastro. Se dice que el Sindicado de Directores de EEUU (DGA) ordenó una investigación para aclarar si era cierto lo que el periodista de Los Ángeles Times había presenciado en el set, hecho que no tardó en ser difundido a través de los medios de comunicación. Flaco favor le hicieron a Spielberg algunos miembros del reparto (como la actriz Zelda Rubinstein) y del equipo de producción al insinuar que, efectivamente, no sólo se encargó de producir y de escribir el guion del film, sino también de dirigirlo, de supervisar los efectos especiales de la película y de controlar al detalle cada aspecto del rodaje. Finalmente el realizador fue multado por la DGA con la cifra de 12.000 dólares por asumir de forma ilegal las funciones del director acreditado. En este caso, de Tobe Hooper.

spielberg-directorRealmente todo surgió a raíz de una norma establecida por la DGA, la cual prohibía a todo cineasta dirigir dos películas paralelamente, algo que también quedaba reflejado en una cláusula que se estipulaba en el contrato que Spielberg había firmado con la ‘Universal Pictures’ para dirigir ‘E.T. El extraterrestre’ (E.T. the Extra-Terrestrial, 1982). La intención del director siempre había sido filmar ‘Poltergeist’, pero por problemas de agenda no pudo hacerlo ya que en el momento de iniciar el rodaje de la película –el cual no se pudo aplazar por problemas de calendario–, Spielberg aún se encontraba inmerso en la post-producción de ‘E.T’. Y, legalmente, el realizador no podía desatender prematuramente la dirección de la película pese a que ya había sido rodada por completo, pues el proceso de post-producción sigue formando parte de la fase de realización. Por lo tanto, la solución era sencilla: buscar a un colega de profesión con tablas (algo que Hooper ya había demostrado tener gracias a ‘La matanza de Texas’) para encargarle la dirección del film, pero con la condición de que se dejara guiar por el verdadero creador e impulsor del proyecto, es decir, por Steven Spielberg. Todo lo demás ya es historia, desde ciertos comentarios de Frank Marshall afirmando que Spielberg fue el alma de la película –algo que no sentó nada bien a Hooper pese a la evidencia de los acontecimientos–, hasta las continuas intervenciones de Spielberg en el rodaje mientras Tobe Hooper se limitaba a observar al maestro y a seguir sus instrucciones y directrices, aunque algunas de sus ideas quedaran finalmente plasmadas en pantalla. Lo curioso del asunto es que todo esto puede llevarnos a la errónea conclusión de que ‘Poltergeist’ pudo ser una película afectada por los problemas de autoría y los conflictos artísticos entre realizadores/productores. Pues para nada, más bien todo lo contrario: estamos ante uno de esos clásicos imperecederos del cine de terror y/o fantástico más influyentes del género, y al que el paso del tiempo no ha afectado ni un ápice. Porque ‘Poltergeist’, una obra de culto que creó escuela y que en los años 80 fue capaz de aterrorizar tanto a pequeños como a adultos, sigue resultando tan impactante y eficaz como el primer día.

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Pero también es cierto que, desde una perspectiva más adulta, ‘Poltergeist’ se ha convertido en una película que, sin perder la exquisitez y la esencia que nos cautivó de jóvenes, en los tiempos actuales resulta imposible no observarla desde una mira un tanto más amplia. Esto hace que nos encontremos ante el buen producto de terror que siempre ha sido, pero esta vez de forma especialmente relativa, ya que a estas alturas es evidente que ‘Poltergeist’ es una producción invadida por un estilo de horror elegante y refinado para todos los públicos, algo que en su época no era tan sencillo de percibir como consecuencia de un espectador poco curtido y de una temática que aún no había sido tan explotada. Pero no nos engañemos: a pesar de que es una película excesivamente denostada por relegar sutilmente a un segundo plano el horror en detrimento de la idílica unidad familiar y de la más espectacular exhibición sobrenatural, precisamente es aquí donde radica el mayor logro de la cinta. Es decir, en su capacidad para ofrecernos algo totalmente innovador y fresco con respecto a las películas de índole fantasmagórica que, hasta la fecha, habían llegado a nuestras pantallas. Me refiero a propuestas donde el terror más clásico y la sugestión eran las piezas angulares sobre la que giraba todo el conjunto, como fue el caso de ‘La mansión de los horrores’ (House on Haunted Hill, William Castle, 1959), de ‘La mansión encantada’ (The Haunting, Robert Wise, 1963), o de la magnífica ‘Al final de la escalera’ (The Changeling, Peter Medak, 1980). Sin embargo, ‘Poltergeist’ es una película que pretendía ir un paso más allá para mostrarnos, siempre del modo más increíble e impactante posible, una sucesión de acontecimientos paranormales como nadie se había atrevido a relatar anteriormente en una pantalla de cine, y donde los increíbles efectos especiales de ‘Industrial Light and Magic’ –merecedores de su nominación a los Oscar, así como del galardón BAFTA a los ‘mejores efectos visuales especiales’– juegan un papel crucial en la trama junto a la sensacional banda sonora de Jerry Goldsmith, igualmente nominada a los premios Oscar de 1983.

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Sin olvidarnos de otros factores destacables, como ciertas reminiscencias sociopolíticas presentes en la trama a través de sutiles alusiones a la era Reagan; o ese mensaje sociocultural que alude al inconfeso protagonismo de la televisión como elemento peligrosamente indispensable en los hogares de cualquier familia de clase media, algo que ya comenzaba a dar sus primeras muestras a principios de los años 80. Curiosamente, es la televisión el origen de todos los males de la familia Freeling –en una metáfora sobre su extremo poder de dependencia–. O la intachable capacidad de Spielberg/Hooper para fusionar con vigor dos concepciones tan dispares como lo son el cine de terror y el cine familiar para todos los públicos. Por todo ello, ‘Poltergeist’ es una pieza bastante inclasificable, lo que la convierte en una obra genuinamente única no exenta incluso de pequeñas pinceladas de humor (que se reflejan en ese buen ambiente familiar del que ya hemos hablado, marca de la casa de Spielberg), logrando captar de este modo la simpatía del espectador hacía una familia modélica interpretada por los entonces desconocidos Craig T. Nelson y Jobeth Williams en el papel de Steve Freeling y su esposa, Diane Freeling respectivamente; y sus tres hijos, Dana, Robbie y Carol Anne Freeling, a los que dieron vida los jóvenes Dominique Dunne, Oliver Robins y la pequeña Heather O’Rourke. Malograda actriz a la que Spielberg otorgó el papel principal infantil tras haber considerado también a una pequeña Drew Barrymore. Sin olvidarnos de una pieza clave en el reparto, la de la actriz Zelda Rubinstein, que interpreta a uno de los mejores personajes del film, Tangina, la médium que ayuda a la familia Freeling a rescatar a la pequeña Carol Anne del más allá.

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En cualquier caso, y pese al tono un tanto edulcorado de la cinta, ello no quiere decir que esté exenta de ese factor que nos atemorizó siendo tan sólo unos críos. Porque ‘Poltergeist’ sigue resultando una propuesta terrorífica y, por momentos, una de las experiencias cinematográficas más inquietantes del género. Especialmente durante una maravillosa primera hora de un metraje que incide en los terrores infantiles que todos hemos experimentado alguna vez: un árbol cuyo tronco parece simular rostros humanos, una tormenta incesante, un oscuro armario frente a la cama, un payaso de juguete que parece observar a su dueño… todos ellos, elementos en los que Spielberg hizo especial hincapié al tratarse de miedos que el propio realizador sufrió a lo largo de su propia infancia. Durante estos dos primeros actos de película, seremos testigos de la evolución de una serie de fenómenos extraños a cada cual más sorprendente y estremecedor, hasta llegar a un punto en que, durante el último tercio de metraje, cierto exceso de pirotecnia termina por romper parte de ese interesante clímax tan bien construido hasta ese instante. Pero esa exhibición final también forma parte de la gracia de una película que ya es parte imprescindible de la historia del cine fantástico. Una cinta que dejó multitud de momentos icónicos para el género de terror, y que convirtió a la pequeña Heather O’Rourke en el nuevo rostro del cine de horror de la época. Porque ‘Poltergeist’, a pesar de sus defectos y de no ser el primer film en tratar el tema de los fenómenos paranormales, para el que escribe estas líneas se convirtió por derecho propio en la película definitiva del género. Un grandilocuente espectáculo sobrenatural que, durante más de tres décadas, nos ha metido el miedo en el cuerpo cada vez que nuestro televisor se estropeaba o la emisión se cortaba de forma inesperada. Y es que quizás haya alguien en el otro lado que intenta comunicarse con nosotros cada vez que nuestro televisor se desintoniza…

‘Poltergeist’ se filmó en California con un presupuesto estimado de 10.700.000 dólares, logrando una recaudación mundial de 123.600.000 millones de la misma moneda. Baraje más que suficiente para dar inicio a una de las trilogías de terror más accidentadas que se recuerdan.

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La maldición de ‘Poltergeist’

No podíamos concluir esta crítica de Poltergeist sin mencionar la supuesta maldición que rodeó a la trilogía iniciada por el film de 1982: muertes prematuras de actores y/o actrices, incidentes durante la filmación, o el estrepitoso fracaso de algunas entregas de la saga, son algunos de los motivos por los que los supersticiosos mantienen que la franquicia fue realmente asolada por una maldición de “los del más allá”. Leyenda urbana o no, lo cierto es que los tristes acontecimientos que tuvieron lugar durante el rodaje, o en plena post-producción de las tres películas, pueden incitar a ciertas sospechas atribuidas al hecho de que los esqueletos usados en la escena de la piscina de ‘Poltergeist’ fueran esqueletos reales, y no réplicas fabricadas por el departamento de efectos especiales. Algo que el encargado de dicho departamento, Craig Reardon, llegó a dejar entrever al afirmar que resultaba más barato utilizar verdaderos esqueletos cedidos para la ocasión, que fabricarlos desde cero. Lo más probable es que todo sea fruto de caprichosas casualidades. En cualquier caso, se trate de realidad o de ficción, lo cierto es que la lista de incidentes y desgracias es considerable:

  • El suceso maldito más recordado fue la triste muerte de la niña protagonista, Heather O’Rourke, antes de finalizar el rodaje de ‘Poltergeist 3’ (Poltergeist III, Gary Sherman, 1988). La pequeña murió a consecuencia de una estenosis intestinal (obstrucción en el aparato digestivo) tras una serie de encadenados diagnósticos erróneos antes de finalizar el rodaje de la tercera entrega. Motivo por el cual a Carol Anne apenas se le ve el rostro en los momentos finales del film, siendo además sustituida por una doble. O’Rourke falleció a los 12 años de edad, el 1 de febrero de 1988, tras sufrir un choque séptico y un paro cardíaco fulminante. Aunque fue operada de urgencia, nada se pudo hacer por su vida.

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  • La actriz Dominique Dunne, que interpretaba a la hermana mayor de Carol Anne, Dana, fue víctima de uno de los sucesos más tristes y polémicos de la historia de la justicia estadounidense. La actriz falleció por estrangulamiento de su ex-novio, John Thomas Sweeney, el 30 de octubre de 1982. Cinco meses después del estreno de ‘Poltergeist’. Dunne entró en un coma del que no se recuperó, siendo declarada fallecida tras sufrir muerte cerebral cinco días después del suceso. La joven era constantemente humillada y maltratada por su celoso y posesivo novio, pero el día que ella intentó poner fin a su relación con Thomas Sweeney, éste la estranguló por venganza. Thomas fue declarado culpable por un delito de homicidio voluntario. Fue sentenciado con una pena de seis años y medio de prisión, pero incomprensiblemente, sólo cumplió tres años en la cárcel.

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  • El actor de ascendencia judía Julian Beck, creador del legendario ‘Living Theatre’, y que interpretó al reverendo Kane en la estimable ‘Poltergeist 2. El otro lado(Poltergeist II: The Other Side, Brian Gibson, 1986), falleció en septiembre de 1985, en plena post-producción de la película, víctima de un cáncer de estómago. Como consecuencia de la enfermedad terminal que padecía durante el rodaje del film, Beck lucía un aspecto terriblemente cadavérico en el set, algo que llegó a favorecer a su tétrico personaje.

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  • Will Sampson, actor de origen indio que interpretó al místico chamán Taylor en la segunda entrega, falleció en Junio de 1987, un año después de estreno de ‘Poltergeist 2’, debido a una complicación durante el post-operatorio de una grave operación simultánea de corazón y pulmón.

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  • Varios incidentes tuvieron lugar durante el rodaje de la primera película: la escena en la que el payaso intenta estrangular a Robbie, el hermano de Carol Anne, casi termina en tragedia debido a un fallo mecánico en el juguete que estrangulaba al niño, que estuvo a punto de morir por asfixia. Por otra parte, se produjo un incendio en el set de rodaje, lo que provocó varios heridos por inhalación de humo. Así mismo, un cámara del equipo falleció en extrañas circunstancias a los pocos días de concluir el film.